23
MAY
2026

San Juan Bautista Rossi “Sígueme”: la esperanza de una Iglesia que continúa caminando con Cristo



Sábado 23 de mayo de 2026

San Juan Bautista Rossi

“Sígueme”: la esperanza de una Iglesia que continúa caminando con Cristo

La Iglesia continúa avanzando en el gozo del Tiempo Pascual. Hoy, la Palabra de Dios nos presenta una escena profundamente esperanzadora: san Pablo anuncia el Evangelio en medio de limitaciones humanas y persecuciones, mientras el Evangelio según san Juan nos recuerda que cada discípulo tiene un camino único delante de Dios. Todo esto se ilumina también con el testimonio de San Juan Bautista Rossi, sacerdote humilde y misericordioso que dedicó su vida al acompañamiento espiritual de los pobres, enfermos y abandonados.

La liturgia de este sábado nos invita a mirar el futuro con serenidad. Cristo Resucitado sigue guiando a su Iglesia. Aunque existan dificultades, cansancios, incomprensiones o incertidumbres, el Evangelio continúa anunciándose y el amor de Dios sigue transformando corazones.

San Pablo: prisionero, pero libre en Cristo

La primera lectura tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 28, 16-20.30-31) nos muestra a san Pablo llegando finalmente a Roma. Humanamente aparece como un hombre limitado: está preso, vigilado y sometido a cadenas. Sin embargo, espiritualmente se encuentra lleno de libertad interior.

San Pablo no pierde el tiempo lamentándose ni encerrándose en el miedo. Desde su situación concreta continúa evangelizando “con toda valentía y sin impedimento”. Qué impresionante es contemplar esta actitud. Las cadenas no pudieron detener el Evangelio.

Aquí encontramos una enseñanza muy actual para nuestro tiempo. Muchas personas viven hoy “encadenadas” por problemas familiares, enfermedades, angustias económicas, heridas emocionales, desilusiones o situaciones sociales difíciles. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que nadie puede aprisionar la esperanza cuando Cristo vive en el corazón.

San Juan Crisóstomo afirmaba que Pablo, aún preso, “era más libre que sus guardianes, porque su alma pertenecía completamente a Cristo”. La verdadera libertad nace de vivir unidos al Señor.

Hoy también nosotros estamos llamados a evangelizar desde nuestra realidad concreta. No necesitamos esperar condiciones perfectas para servir a Dios. Allí donde estamos, con nuestras luchas y fragilidades, podemos convertirnos en testigos de esperanza.

“¿Y qué será de éste?”: el peligro de compararnos

El Evangelio de hoy (Jn 21, 20-25) nos presenta un momento muy humano entre Pedro y Jesús. Pedro, después de recibir la misión pastoral y escuchar el anuncio de su futuro martirio, mira al discípulo amado y pregunta: “Señor, ¿y qué será de éste?”.

Jesús responde con firmeza y ternura: “Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme”.

Estas palabras tienen una enorme profundidad espiritual. Muchas veces perdemos la paz porque vivimos comparándonos con los demás: sus dones, sus éxitos, sus caminos, sus bendiciones o incluso sus sufrimientos. Pero Cristo recuerda a Pedro —y también a nosotros— que cada vocación es única.

Dios conduce a cada persona de manera distinta. Algunos sirven desde el silencio; otros desde la predicación. Algunos cargan cruces visibles; otros luchan batallas interiores que nadie conoce. Lo importante no es compararse, sino permanecer fieles al llamado personal que Dios hace a cada uno.

San Agustín decía que “Dios no pide a todos lo mismo, pero sí pide a todos el amor”. El Señor no nos preguntará si hicimos exactamente lo mismo que otros, sino si fuimos fieles a la misión que Él nos confió.

Cuánto bien hace recordar esto en un mundo dominado por la comparación, las apariencias y la competencia. El Evangelio libera el corazón de la ansiedad de “parecer” y lo conduce a la alegría de “seguir” a Cristo.

San Juan Bautista Rossi: un sacerdote de misericordia

La memoria de San Juan Bautista Rossi ilumina hermosamente esta jornada. Este santo sacerdote italiano del siglo XVIII dedicó su vida a atender espiritualmente a los pobres, enfermos, peregrinos y personas olvidadas de Roma.

No buscó prestigio ni grandes reconocimientos. Su grandeza estuvo en la cercanía, en la escucha y en la caridad concreta. Pasaba largas horas confesando, acompañando y llevando consuelo a quienes más sufrían.

En un tiempo marcado por muchas dificultades sociales, San Juan Bautista Rossi comprendió que el Evangelio debía tocar las heridas humanas reales. Su vida nos recuerda que la santidad no consiste solamente en hacer cosas extraordinarias, sino en amar extraordinariamente en lo cotidiano.

Hoy la Iglesia necesita nuevamente sacerdotes, religiosos y laicos con corazón compasivo. El mundo tiene sed de personas capaces de escuchar, acompañar y sembrar esperanza.

Una Iglesia que mira el futuro con esperanza

Las lecturas de hoy nos invitan a no quedarnos atrapados en el miedo ni en la nostalgia. Cristo Resucitado sigue conduciendo a su Iglesia.

A veces vemos noticias difíciles, conflictos sociales, crisis familiares o cansancio espiritual, y podemos pensar que el mal tiene la última palabra. Pero el libro de los Hechos termina precisamente mostrando que el Evangelio continúa expandiéndose. La historia no termina en la prisión de Pablo; termina en la proclamación valiente del Reino de Dios.

Eso mismo ocurre hoy. La Iglesia sigue anunciando a Cristo en medio de un mundo complejo. Y cada bautizado está llamado a convertirse en instrumento de esperanza.

La esperanza cristiana no es ingenuidad ni optimismo vacío. Es la certeza profunda de que Cristo ha vencido la muerte y permanece vivo acompañando a su pueblo.

Tres mensajes de hoy

1. Ninguna dificultad puede detener el Evangelio cuando Cristo vive en el corazón.

San Pablo evangelizó incluso desde la prisión. También nosotros podemos anunciar esperanza aun en medio de nuestras pruebas.

2. Dios tiene un camino único para cada persona.

Jesús invita a Pedro a dejar de compararse y simplemente seguirlo con fidelidad.

3. La santidad se construye en la cercanía y la misericordia.

San Juan Bautista Rossi nos enseña que escuchar, acompañar y servir son caminos concretos hacia el cielo.

Pensar, sentir y actuar

Pensemos hoy en cuántas veces perdemos la paz comparándonos con otros o dejándonos paralizar por las dificultades; sintamos la alegría de saber que Cristo Resucitado continúa guiando nuestra vida personal y la historia de la Iglesia; y actuemos llevando esperanza concreta a alguien que necesite escucha, consuelo, compañía o una palabra de fe.

Propósito para hoy

Dedicar unos minutos para acompañar, escuchar o animar a una persona que esté viviendo alguna dificultad, recordándole que Cristo nunca abandona a quienes ponen su confianza en Él.

Oración final

Señor Jesús Resucitado,
haznos discípulos fieles y valientes.
Que no nos dejemos vencer por el miedo,
ni por las comparaciones,
ni por el cansancio del camino.

Enséñanos a seguirte con alegría,
como san Pablo y San Juan Bautista Rossi,
sirviendo con amor y anunciando esperanza.

Que tu Iglesia siga siendo luz para el mundo
y refugio para los corazones heridos.
Amén.

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.


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