Serie:
“Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy”
Artículo N.º 25
Lumen Gentium – Capítulo VI
Los Religiosos
“Signo vivo del Reino de Dios en medio del mundo”
“Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que tienes, dalo a los pobres... luego ven y sígueme.”
(Mateo 19,21)
Después de presentar la vocación universal a la santidad, Lumen Gentium dedica su sexto capítulo a una vocación particular que ha enriquecido la vida de la Iglesia desde los primeros siglos: la vida religiosa.
A lo largo de la historia, innumerables hombres y mujeres han dejado bienes, proyectos personales e incluso legítimas aspiraciones humanas para seguir más de cerca a Jesucristo.
Monjes, monjas, religiosos, religiosas, contemplativos, misioneros, educadores, hospitalarios y tantas otras formas de vida consagrada han sido un testimonio permanente de que Dios merece ser amado sobre todas las cosas.
Este capítulo no presenta a los religiosos como cristianos de una categoría superior, sino como un signo visible del Reino de Dios que ya actúa en medio de la historia.
La vida consagrada nació muy tempranamente en la Iglesia.
Inspirados por el Evangelio, hombres y mujeres comenzaron a retirarse al desierto para dedicarse totalmente a Dios.
Con el paso de los siglos surgieron numerosas formas de vida religiosa:
El Concilio Vaticano II quiso recordar la importancia de esta vocación dentro del Pueblo de Dios y reafirmar su valor permanente para la vida de la Iglesia.
¿Qué es la vida religiosa?
La vida religiosa es una forma estable de seguir a Cristo mediante la profesión pública de los consejos evangélicos.
Los religiosos buscan reproducir de manera más visible el estilo de vida de Jesús.
No constituyen una estructura intermedia entre el clero y los laicos.
Son fieles cristianos que, movidos por una llamada particular, se consagran totalmente a Dios.
Su vida se convierte en un signo profético para toda la Iglesia.
Los consejos evangélicos
La vida religiosa se fundamenta especialmente en los consejos evangélicos vividos mediante votos o compromisos sagrados.
La pobreza
El religioso renuncia libremente a la posesión personal de bienes para confiar plenamente en Dios.
La pobreza evangélica proclama que la verdadera riqueza es Cristo.
En un mundo marcado por el materialismo, la pobreza religiosa recuerda que los bienes temporales son medios y no fines absolutos.
La castidad consagrada
Por amor al Reino de los Cielos, el religioso entrega totalmente su corazón a Dios.
La castidad consagrada anticipa la realidad futura anunciada por Cristo, donde Dios será todo en todos.
Es un testimonio de amor indiviso al Señor.
La obediencia
El religioso busca conformar su voluntad con la voluntad de Dios.
La obediencia evangélica no es servilismo.
Es una respuesta libre y amorosa que imita la obediencia de Cristo al Padre.
Los religiosos como signo escatológico
Una enseñanza central de este capítulo es que la vida religiosa anuncia la realidad futura del Reino.
Los religiosos recuerdan constantemente a la Iglesia que nuestra patria definitiva está en el cielo.
Su existencia proclama que:
Por eso la vida consagrada posee una dimensión profundamente profética.
Diversidad de carismas
El Espíritu Santo ha enriquecido a la Iglesia con una extraordinaria variedad de carismas.
Cada instituto religioso refleja un aspecto particular del Evangelio.
Algunos destacan:
Todos contribuyen a la edificación del Cuerpo de Cristo.
La vida contemplativa
Entre los grandes tesoros de la Iglesia ocupa un lugar especial la vida contemplativa.
Monjes y monjas dedican gran parte de su existencia:
Aunque muchas veces permanecen ocultos, realizan una misión inmensa para toda la Iglesia.
Como enseñaba Santa Teresa de Jesús, la oración sostiene la misión evangelizadora.
La vida religiosa apostólica
Muchos religiosos sirven activamente en:
Su entrega permite que el Evangelio llegue a lugares donde otros no pueden llegar.
La vida religiosa y la santidad
El Concilio recuerda que los consejos evangélicos constituyen un camino privilegiado hacia la perfección de la caridad.
Sin embargo, la santidad no pertenece exclusivamente a los religiosos.
La vida consagrada es un signo que ayuda a toda la Iglesia a recordar su llamada universal a la santidad.
Los religiosos señalan el camino, pero toda la Iglesia está llamada a caminar hacia Cristo.
Testimonio para el mundo actual
En una cultura frecuentemente marcada por:
la vida religiosa continúa proclamando que Dios basta.
La alegría de los consagrados demuestra que la entrega total a Cristo no empobrece la vida humana, sino que la plenifica.
Voz del Magisterio
El Catecismo enseña:
“El estado religioso manifiesta en la Iglesia la forma de vida que el Hijo de Dios escogió al venir al mundo.”
(CEC 916)
Asimismo, San Juan Pablo II afirmó que la vida consagrada ocupa un lugar central en la misión evangelizadora de la Iglesia.
Por su parte, Benedicto XVI enseñó que los religiosos son signos visibles de la primacía de Dios en la vida humana.
Aplicación espiritual
Este capítulo nos invita a reflexionar:
La vida religiosa nos recuerda constantemente que sólo Dios puede llenar plenamente el corazón humano.
Defensa de la fe
Error frecuente
“Los religiosos se apartan del mundo y no aportan nada a la sociedad.”
Respuesta católica
La Iglesia enseña que la vida consagrada constituye un inmenso servicio espiritual y apostólico. Mediante la oración, la educación, la evangelización, la atención a los pobres y el testimonio de los consejos evangélicos, los religiosos enriquecen profundamente a la Iglesia y a la sociedad.
Propósito para hoy
Rezaré por las vocaciones religiosas y agradeceré a Dios por todos los hombres y mujeres que han consagrado completamente su vida al servicio del Reino.
Oración final
Señor Jesucristo, que llamas a algunos de tus hijos a seguirte más de cerca por el camino de los consejos evangélicos, bendice a todos los religiosos y religiosas del mundo. Fortalece su fidelidad, aumenta su alegría y haz que sean siempre signos vivos de tu Reino. Suscita abundantes vocaciones para que nunca falten en tu Iglesia hombres y mujeres entregados totalmente a tu servicio. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui
Vicario parroquial.
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