Día 20: La familia que evangeliza con su ejemplo
"Ustedes son la luz del mundo" (Mt 5,14).
La misión de anunciar el Evangelio no pertenece únicamente a sacerdotes, religiosos o catequistas. Toda familia cristiana está llamada a ser evangelizadora. Desde el día de su bautismo, cada miembro de la Iglesia recibe la responsabilidad y la alegría de compartir la fe con los demás. Y el primer lugar donde esta misión se realiza es precisamente el hogar.
La familia evangeliza, ante todo, mediante su ejemplo. Las palabras son importantes, pero el testimonio tiene una fuerza incomparable. Los hijos aprenden a rezar viendo rezar a sus padres. Aprenden a amar observando el amor de sus padres. Descubren el valor del perdón cuando contemplan la reconciliación dentro del hogar. La fe se transmite principalmente a través de la vida.
Jesús comparó a sus discípulos con la luz del mundo. La luz no hace ruido ni llama la atención sobre sí misma; simplemente ilumina. Así también una familia cristiana evangeliza cuando vive con coherencia los valores del Evangelio en medio de la vida cotidiana.
Un hogar donde existe respeto, diálogo, oración, servicio, alegría y amor se convierte en un signo visible de la presencia de Dios. Muchas personas pueden acercarse a Cristo al contemplar el testimonio de una familia unida y creyente.
La evangelización comienza en las pequeñas cosas de cada día: una oración antes de las comidas, la participación dominical en la Santa Misa, el rezo del Rosario, la lectura de la Palabra de Dios, las obras de caridad, el perdón ofrecido oportunamente y el amor vivido con sencillez.
La Sagrada Familia de Nazaret es el modelo perfecto de esta misión evangelizadora. Aunque llevó una vida oculta y sencilla, se convirtió en una luz para toda la humanidad. María, José y Jesús nos enseñan que la santidad florece en la vida ordinaria cuando Dios ocupa el centro del hogar.
El mundo necesita familias que anuncien el Evangelio no solo con palabras, sino también con su forma de vivir. Familias que defiendan la dignidad humana, promuevan la paz, eduquen en la fe y transmitan esperanza a quienes las rodean.
La Eucaristía fortalece esta misión. Cada vez que participamos en la Santa Misa recibimos a Cristo para llevarlo después a nuestros hogares, trabajos, escuelas y comunidades. La familia que se alimenta de la Eucaristía se convierte en una verdadera luz para el mundo.
En una sociedad marcada muchas veces por la indiferencia religiosa, las familias cristianas están llamadas a ser testigos valientes del amor de Dios. No se trata de realizar grandes obras extraordinarias, sino de vivir cada día con fidelidad el Evangelio.
Que en este vigésimo día del Mes de la Familia renovemos nuestra vocación de ser luz para los demás. Que nuestros hogares sean verdaderas escuelas de fe y pequeños santuarios donde Cristo sea conocido, amado y anunciado.
El valor humano de hoy: El testimonio
El testimonio es la coherencia entre lo que creemos, decimos y hacemos. Las acciones hablan con frecuencia más fuerte que las palabras.
El valor evangélico de hoy: La evangelización
Evangelizar es anunciar a Cristo con la palabra y con la vida, ayudando a otros a descubrir el amor de Dios y la alegría del Evangelio.
San Pablo VI enseñó que el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros; y si escucha a los maestros es porque también son testigos.
Pensemos hoy qué testimonio ofrecemos dentro y fuera de nuestra familia. Sintamos gratitud por quienes nos transmitieron la fe con su ejemplo. Actuemos realizando un gesto concreto que refleje el amor de Cristo hacia quienes nos rodean.
Propósito del día
Compartir en familia una experiencia de fe y comprometerse a realizar juntos una acción evangelizadora o una obra de caridad durante la semana.
Oración
Señor Jesús, haz de nuestras familias verdaderos instrumentos de evangelización. Que nuestro ejemplo refleje tu amor y que nuestras palabras siempre conduzcan a los demás hacia Ti. Ayúdanos a vivir con coherencia nuestra fe y a ser luz en medio del mundo. Que quienes nos encuentren descubran en nuestras familias la alegría de seguirte. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, convierte nuestras familias en luz del Evangelio para el mundo.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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