La paz que permanece y la misión que continúa
Martes
5 de mayo de 2026
Memoria de San José Benito Cottolengo
En este tiempo pascual, la Palabra de Dios nos sitúa en el corazón mismo de la vida cristiana: la misión que no se detiene y la paz que no se negocia. Hoy contemplamos, por un lado, la firmeza apostólica en medio de las pruebas y, por otro, el don precioso de Cristo Resucitado: su paz.
El libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 14, 19-28) nos presenta a Pablo y Bernabé atravesando momentos de gran dificultad. Pablo es apedreado, dado por muerto, y sin embargo se levanta y continúa su camino. No hay en él resentimiento, ni abandono, ni desesperanza. Hay fe. Hay claridad de misión. Hay amor a Cristo. Y esto es profundamente actual: la Iglesia no se edifica en la comodidad, sino en la fidelidad.
Los Padres de la Iglesia vieron en este pasaje una manifestación del misterio pascual vivido por los discípulos: morir y resucitar con Cristo cada día. San Juan Crisóstomo afirmaba que “las pruebas no destruyen al discípulo, lo purifican y lo fortalecen”. La misión auténtica siempre pasa por la cruz, pero nunca termina en ella.
El salmo 144 nos invita a una actitud fundamental: bendecir al Señor en todo momento. No solo cuando todo va bien, sino también cuando el camino se hace cuesta arriba. Bendecir es reconocer que Dios sigue actuando, incluso cuando no lo entendemos del todo. Es un acto de fe madura.
En el Evangelio según san Juan (Jn 14, 27-31a), Jesús nos deja un testamento espiritual de inmenso valor: “La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy como la da el mundo”. Aquí está la clave. La paz de Cristo no es ausencia de problemas, sino presencia de Dios. No es una emoción pasajera, sino una certeza profunda que sostiene el alma.
El Magisterio de la Iglesia, especialmente en el Catecismo (cf. CIC 2305), enseña que la paz es fruto del orden querido por Dios y de la justicia vivida en la caridad. Por eso, quien vive en Cristo puede tener paz incluso en medio de la tormenta. Esta paz no se improvisa: se cultiva en la oración, en los sacramentos, en la vida recta.
Jesús añade: “No se turbe su corazón ni se acobarde”. Es una exhortación directa a nuestra realidad. Hoy hay muchos corazones turbados: por la incertidumbre, por el sufrimiento, por las noticias del mundo, por las luchas personales. Pero el Señor no nos deja solos. Él ha vencido al mundo.
En este contexto, la figura de San José Benito Cottolengo ilumina de manera concreta esta Palabra. Este santo sacerdote italiano entendió que la paz de Cristo se hace visible cuando se transforma en caridad activa. Fundó la “Pequeña Casa de la Divina Providencia”, acogiendo a los más pobres, enfermos y abandonados, confiando radicalmente en Dios. No tenía grandes recursos, pero tenía una fe inquebrantable. Su vida es una prueba de que la paz de Cristo impulsa a servir sin miedo.
Desde una perspectiva pastoral, hoy se nos invita a revisar dos dimensiones esenciales de nuestra vida cristiana:
Primero, nuestra perseverancia en la fe. ¿Nos desanimamos fácilmente? ¿Abandonamos cuando llegan las dificultades? La misión no es para momentos fáciles, es para corazones decididos.
Segundo, la autenticidad de nuestra paz. ¿Vivimos inquietos, ansiosos, dominados por el miedo? ¿O hemos aprendido a descansar en Cristo? La paz verdadera no depende de lo que pasa fuera, sino de Quién habita dentro.
La Iglesia, en su Tradición, siempre ha sostenido que el cristiano está llamado a ser “artesano de paz” (cf. Mt 5,9), no desde una postura ingenua, sino desde una vida profundamente unida a Dios. En un mundo fragmentado, la paz cristiana es profética.
Hoy más que nunca, necesitamos testigos que, como Pablo, se levanten después de cada caída; y que, como Cottolengo, conviertan la fe en obras concretas de amor.
Tres mensajes de hoy:
Propósito para hoy:
Vivir un momento de dificultad o inquietud con fe consciente, repitiendo en el corazón: “Señor, en Ti confío”, y realizar un acto concreto de caridad hacia alguien que lo necesite, como signo de la paz de Cristo en mí.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared