Sábado
21 de marzo de 2026
IV Semana de Cuaresma
En Dios está nuestra defensa: confiar en medio de la incomprensión
En este camino cuaresmal, la Palabra de Dios nos conduce hoy a una verdad profunda y exigente: quien vive en fidelidad a Dios experimenta, tarde o temprano, la incomprensión, la oposición e incluso el rechazo. Sin embargo, lejos de ser un camino de derrota, es un camino de esperanza, porque Dios nunca abandona a los que confían en Él.
El profeta Jeremías, en la primera lectura (Jer 11, 18-20), se presenta como figura del justo perseguido. Él descubre que hay una conspiración contra su vida. No ha hecho el mal; al contrario, ha sido fiel a la misión que Dios le ha confiado. Y sin embargo, es perseguido. En medio de esta prueba, su actitud es luminosa: no responde con violencia ni desesperación, sino que se abandona en las manos de Dios: “Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia… a ti he encomendado mi causa”.
Esta confianza no es ingenua, es profundamente teológica. Jeremías sabe que Dios ve el corazón, que la verdad no queda oculta para Él y que, al final, la justicia divina prevalece. Aquí encontramos una clave fundamental para nuestra vida: cuando somos incomprendidos, cuando nuestras buenas intenciones son malinterpretadas, cuando el bien que hacemos parece no dar fruto… estamos llamados a confiar, no a desesperar.
El salmo responsorial (Sal 7) recoge esta misma actitud: “En ti, Señor, me refugio”. No se trata de huir del mundo, sino de encontrar en Dios la roca firme desde donde afrontar la realidad. El creyente no se apoya en sus propias fuerzas, sino en la fidelidad de Dios. Esta confianza transforma el corazón: nos libera del resentimiento, nos guarda de la venganza y nos enseña a esperar con paciencia.
El Evangelio (Jn 7, 40-53) nos muestra a Jesús en medio de la división. Algunos lo reconocen como el profeta, otros como el Mesías, mientras que otros lo rechazan. La discusión crece, la confusión se instala, y el corazón de muchos se cierra. Incluso quienes tenían la misión de discernir la verdad —los fariseos y autoridades— se dejan llevar por prejuicios.
Aquí aparece una enseñanza muy actual: la verdad no siempre es acogida fácilmente. Jesús no es rechazado por falta de signos, sino por la dureza del corazón. La gente discute sobre Él, pero no se abre realmente a escucharlo. Y en medio de esa tensión, emerge la voz serena de Nicodemo, que invita a juzgar con justicia: escuchar antes de condenar.
Cristo, entonces, se nos revela como el Justo por excelencia, aquel que vive en total fidelidad al Padre y que, precisamente por eso, es rechazado. Pero su camino no termina en el rechazo: culmina en la cruz y en la resurrección. Por eso, toda experiencia de incomprensión, unida a Cristo, se convierte en camino de redención y de vida nueva.
Desde la luz del Magisterio, la Iglesia nos recuerda que el discípulo de Cristo está llamado a participar de su mismo destino. El Catecismo enseña que seguir a Cristo implica cargar la cruz de cada día (cf. CIC 618). No como un peso sin sentido, sino como una participación en el amor redentor de Cristo. Los Padres de la Iglesia, como san Agustín, afirmaban con claridad: “Si quieres vivir piadosamente, prepárate para la prueba”. Pero esta prueba no destruye; purifica, fortalece y configura el corazón con el de Cristo.
En nuestra vida cotidiana, esto se traduce en situaciones muy concretas: ser fieles en medio de ambientes adversos, sostener la verdad con caridad, perseverar en el bien aunque no seamos comprendidos, mantener la paz cuando otros siembran división. La Cuaresma es un tiempo privilegiado para purificar nuestras intenciones y fortalecer nuestra confianza en Dios.
Hoy más que nunca, necesitamos cristianos firmes, pero no duros; valientes, pero no agresivos; fieles, pero no cerrados. Cristianos que sepan permanecer en la verdad con caridad, y en la prueba con esperanza.
Tres mensajes de hoy:
Propósito para hoy:
Ante cualquier situación de incomprensión o dificultad, evitar reaccionar con enojo o defensa inmediata. Hacer un momento de silencio interior y decir con fe: “Señor, en ti confío; tú conoces mi corazón”. Actuar con serenidad, justicia y caridad.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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