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MAR
2026

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor Bendito el que viene en nombre del Señor: la esperanza entra en nuestra historia



Domingo 29 de marzo de 2026

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Bendito el que viene en nombre del Señor: la esperanza entra en nuestra historia

El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, corazón del año litúrgico, donde la Iglesia contempla el misterio central de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Hoy la liturgia nos introduce en un contraste profundo: comenzamos con la alegría de la entrada triunfal en Jerusalén y escuchamos, poco después, el relato completo de la Pasión. Es el mismo pueblo que aclama y luego grita “¡Crucifícalo!”. Es el mismo corazón humano, capaz de amar y de traicionar.

La Palabra de Dios ilumina este misterio desde diversas perspectivas. El profeta Isaías (50, 4-7) nos presenta al Siervo sufriente: un hombre dócil, firme, que no se resiste al dolor ni retrocede ante la humillación. Este Siervo es figura de Cristo, que camina con decisión hacia la cruz, sostenido por la certeza de que Dios está con Él.

El Salmo 21 nos pone en los labios el clamor de Jesús en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. No es un grito de desesperación sin sentido, sino una oración profundamente confiada. En medio del sufrimiento, Jesús ora, se entrega, y nos enseña que incluso en la noche más oscura, Dios no abandona.

San Pablo, en la carta a los Filipenses (2, 6-11), nos revela el misterio de la humildad de Cristo: siendo de condición divina, se despojó, se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Pero este descenso no termina en derrota: “Por eso Dios lo exaltó”. La cruz no es el final, es el camino hacia la gloria.

Finalmente, el Evangelio de la Pasión según san Mateo (26, 14–27, 66) nos presenta el drama completo: la traición de Judas, la debilidad de Pedro, la injusticia de los poderosos, el sufrimiento del inocente, y el amor fiel de Jesús hasta el extremo. En este relato no solo contemplamos a Cristo, sino también nos vemos reflejados a nosotros mismos.

Este Domingo no es solo un recuerdo; es una invitación a entrar con Jesús en Jerusalén, es decir, a acompañarlo en su camino de entrega, a no quedarnos en una fe superficial de palmas y emociones pasajeras, sino a abrazar una fe madura que sabe permanecer en la prueba.

Hoy, más que nunca, la Iglesia nos recuerda que el verdadero triunfo no está en el aplauso del mundo, sino en la fidelidad a Dios. Cristo no vence con poder humano, sino con el amor que se entrega, que perdona y que salva.

Claves espirituales para vivir este día

– Aclamar a Cristo como Rey no solo con palabras, sino con la vida.
– Reconocer nuestras incoherencias: cuando decimos “Hosanna” pero vivimos lejos de Él.
– Aprender de Jesús la obediencia, la humildad y la confianza en el Padre.
– No huir del sufrimiento, sino unirlo a la cruz redentora de Cristo.
– Entrar con decisión en la Semana Santa como un verdadero camino de conversión.

Tres mensajes de hoy

  1. Jesús entra en tu vida como Rey humilde: no impone, invita. No domina, ama.
  2. La cruz no es fracaso, es camino de salvación: en el dolor ofrecido está la redención.
  3. Dios transforma la entrega en gloria: quien se dona por amor, no pierde, gana en eternidad.

Propósito para hoy

Hoy participaré con fe en la celebración del Domingo de Ramos y dedicaré un momento de silencio para contemplar la Pasión del Señor, pidiéndole la gracia de ser fiel en las pruebas y constante en el amor, especialmente en los momentos difíciles.

Este Domingo de Ramos nos sitúa ante una decisión profunda: quedarnos en la emoción pasajera o caminar con Cristo hasta la cruz. Quien camina con Él en la cruz, también participará de la alegría de la Resurrección. Hoy comienza el camino. No tengamos miedo de recorrerlo con esperanza.

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.


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