28
MAR
2026

Dios reúne lo disperso: esperanza que vence la división y el rechazo



Sábado 28 de marzo de 2026

Semana V de Cuaresma

Dios reúne lo disperso: esperanza que vence la división y el rechazo

En este sábado cercano ya a la Semana Santa, la Palabra de Dios nos introduce en un momento decisivo: Dios está preparando la unidad, la vida nueva… pero el corazón humano todavía lucha entre la fe y el rechazo.

El profeta Ezequiel nos presenta una promesa profundamente consoladora: Dios reunirá a su pueblo disperso, lo purificará y hará con él una alianza eterna. No se trata solo de volver a una tierra, sino de reconstruir una identidad: un solo pueblo, con un solo Pastor, viviendo en fidelidad. Esta promesa alcanza su plenitud en Cristo, el verdadero Rey que no domina, sino que salva.

El salmo prolonga esta esperanza con una imagen entrañable: el Señor es el Pastor que cuida, protege y guía. En medio de la dispersión, del cansancio o del pecado, Dios no abandona. Él busca, reúne, sana y conduce.

Pero el Evangelio nos presenta un contraste fuerte. Después del signo impresionante de la resurrección de Lázaro, muchos creen… pero otros endurecen el corazón. Los sumos sacerdotes y fariseos, en lugar de abrirse a la verdad, deciden eliminar a Jesús. Caifás, sin saberlo plenamente, pronuncia una profecía: “Conviene que uno muera por el pueblo”. Así, incluso en medio del rechazo, Dios va conduciendo la historia hacia la salvación.

Aquí se revela una gran enseñanza: Dios no se detiene ante la maldad humana. Él la asume y la transforma. La cruz, que parece derrota, será en realidad victoria. El odio no tendrá la última palabra: la tendrá el amor.

Hoy también nosotros estamos llamados a tomar posición. No podemos quedarnos neutrales ante Cristo. O abrimos el corazón a su luz, o nos cerramos por miedo, comodidad o intereses.

Este tiempo de Cuaresma es una oportunidad concreta para dejar que Dios nos reúna, nos sane y nos haga uno en Él.

Tres mensajes de hoy

1. Dios siempre busca reunir y sanar lo que está dividido
En un mundo fragmentado —familias heridas, comunidades divididas, corazones dispersos— Dios sigue actuando como Pastor. Él quiere reconstruir la unidad comenzando por nuestro interior.

2. El corazón cerrado impide reconocer a Dios, incluso ante los milagros
Los fariseos vieron signos claros, pero eligieron no creer. La fe no depende solo de las evidencias, sino de la disposición del corazón.

3. Dios transforma incluso el mal en camino de salvación
La decisión de matar a Jesús no frustró el plan de Dios: lo llevó a su plenitud. Nada está perdido cuando Dios está presente.

Propósito para hoy

Buscar la reconciliación concreta: dar un paso para sanar una relación herida, evitar una palabra que divide, o acercarse al sacramento de la confesión. Permitir que Dios me reúna y me haga instrumento de unidad.

Oración final

Señor Jesús,
Pastor bueno que no abandonas a tu pueblo,
reúne lo que está disperso en mi corazón.

Sana mis heridas,
rompe mis resistencias,
y enséñame a confiar en tu plan, incluso cuando no lo comprendo.

Que no cierre mi corazón a tu gracia,
sino que, con fe humilde, camine contigo hacia la vida nueva.

Amén.

 

Pbro. Alfredo José Uzcátegui.

Vicario parroquial.


1 comentario

Escrito por Jesús el 28/03/2026 a las 22:27

Amen

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