28
MAR
2026

Día 38 El abandono confiado en la Providencia



Día 38

El abandono confiado en la Providencia

Llegando al final del camino cuaresmal, el Señor nos invita a dar un paso profundo: aprender a confiar plenamente en Él. El abandono en la Providencia no es debilidad, es la forma más alta de fe.

Jesús lo enseña con ternura: “No se inquieten por su vida… su Padre celestial sabe lo que necesitan” (Mt 6,25.32).

Vivimos muchas veces cargados de preocupaciones, buscando controlar todo, anticipar todo, asegurar todo. Pero el Evangelio nos recuerda una verdad liberadora: Dios cuida de nosotros.

El abandono confiado no significa irresponsabilidad, sino confianza activa: hacer lo que nos corresponde y dejar en manos de Dios lo que no podemos controlar.

Jesús señala los lirios del campo y las aves del cielo (cf. Mt 6,26-28): no viven en angustia, pero tampoco en pasividad. Viven sostenidos por la Providencia.

El Papa León XIV ha recordado que el cristiano está llamado a vivir con una confianza serena, sabiendo que Dios conduce la historia incluso en medio de la incertidumbre.

El abandono en Dios implica:
– soltar la ansiedad,
– confiar en sus tiempos,
– aceptar lo que no comprendemos,
– creer que todo puede ser ocasión de bien.

El salmista lo expresa con una imagen llena de paz:
En Dios descansa mi alma… de Él viene mi salvación” (Sal 62,2).

Y también: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 23,1).

Quien confía en Dios vive con una paz distinta: no porque todo sea fácil, sino porque sabe en quién ha puesto su vida.

El abandono confiado es un acto cotidiano:
– en las decisiones,
– en las dificultades,
– en el futuro incierto,
– en las preocupaciones que no podemos resolver.

Hoy el Señor nos pregunta con suavidad:
¿confías realmente en Mí?

La Cuaresma nos prepara para la Pascua, y la Pascua es la victoria de la vida… también sobre nuestros miedos.

Quien se abandona en Dios no pierde nada; lo gana todo.

Pensar, Sentir y Actuar

Pensemos que Dios cuida de nuestra vida (cf. Mt 6,32); sintamos confianza en su Providencia (cf. Sal 62,2); y actuemos hoy entregando a Dios una preocupación concreta.

Oración para vivir la Palabra hoy

Señor Jesús,
te entrego mis preocupaciones y mis miedos.

Enséñame a confiar en tu Providencia
y a descansar en tu amor.

Dame un corazón sereno,
capaz de abandonarse en Ti
en todo momento.

Que mi vida esté en tus manos
con plena confianza.

Amén.

 


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