SERIE: CONOCIENDO CADA DÍA A LA VIRGEN MARÍA
Día 31: María, Madre que nos lleva al cielo
“Desde ahora me felicitarán todas las generaciones” (Lucas 1,48)
María, signo de esperanza eterna
Al concluir este mes dedicado a la Santísima Virgen María, la contemplamos glorificada junto a Dios, participando plenamente de la victoria de Cristo.
María ya vive aquello que toda la Iglesia espera alcanzar:
Ella es signo luminoso de esperanza para todos los creyentes.
La Asunción: promesa para la humanidad
La Iglesia enseña que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo.
En ella contemplamos la dignidad y el destino eterno al que Dios llama a sus hijos.
La vida humana no termina en el sufrimiento, en la muerte o en las dificultades pasajeras. Dios nos creó para la eternidad.
María nos recuerda que el cielo existe y que vale la pena caminar hacia él.
Una Madre que sigue acompañando
Aunque glorificada en el cielo, María continúa cercana a sus hijos:
Ella no deja solos a quienes peregrinan en esta vida.
La Santísima Virgen María sigue siendo Madre amorosa que guía el camino de la Iglesia hacia la casa del Padre.
Mirar hacia el cielo sin olvidar la tierra
María enseña a vivir con los pies en la tierra y el corazón orientado hacia Dios.
Quien vive pensando solo en lo pasajero termina vacío. Pero quien vive mirando hacia la eternidad aprende a valorar verdaderamente:
María ayuda a vivir con esperanza y sentido profundo.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
“La Inmaculada Virgen, preservada inmune de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida terrestre, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo” (CEC 966).
María es imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a la plenitud futura.
La luz de San Luis María Grignion de Montfort
San Luis María Grignion de Montfort afirma:
“Por María comenzó la salvación del mundo y por María debe ser consumada.”
Montfort enseña que María acompaña maternalmente el camino del cristiano hasta conducirlo plenamente hacia Cristo y hacia la gloria eterna.
Oración
Santísima
Virgen María,
Madre gloriosa y esperanza nuestra,
acompáñame en mi peregrinar hacia el cielo.
Ayúdame a vivir buscando siempre a Dios,
sin dejarme atrapar por lo superficial y pasajero.
Enséñame a caminar con fe,
a perseverar en el amor
y a mantener viva la esperanza eterna.
Llévame siempre hacia Jesús.
Amén.
Hoy es un día para preguntarse:
¿Estoy viviendo solamente para esta tierra o también pensando en la eternidad?
María
nos enseña que la vida encuentra su verdadero sentido
cuando se vive caminando hacia Dios.
Y
quien pone su corazón en el cielo…
aprende también a vivir mejor en la tierra.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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