Día 30
La purificación del lenguaje y de las palabras
El camino de la conversión alcanza también algo que muchas veces pasamos por alto: nuestras palabras. El lenguaje no es neutro; revela el corazón y tiene el poder de construir o destruir.
Jesús lo afirma con claridad:
“De la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12,34).
Lo que decimos nace de lo que llevamos dentro. Por eso, la Cuaresma no solo nos llama a cambiar acciones, sino también a purificar el corazón para que las palabras sean verdaderas, buenas y necesarias.
El apóstol Santiago advierte con fuerza:
“La lengua es un fuego… con ella bendecimos al Señor y con ella maldecimos a
los hombres” (Sant 3,6.9).
Esta contradicción es una llamada a la coherencia. No podemos vivir una fe auténtica si nuestras palabras hieren, dividen o destruyen.
Las palabras pueden sanar o herir
profundamente.
– una palabra de aliento puede levantar a alguien,
– una palabra dura puede dejar una herida duradera,
– una palabra injusta puede destruir la reputación de una persona.
San Pablo exhorta:
“Ninguna palabra mala salga de su boca; que solo salgan palabras buenas,
oportunas, que edifiquen” (Ef 4,29).
Este es el criterio cristiano: hablar para edificar.
El Papa León XIV recuerda que la conversión implica una renovación integral de la persona, que incluye la manera de comunicarse y de relacionarse con los demás . El lenguaje forma parte esencial de esa transformación.
La purificación del lenguaje implica:
– evitar la murmuración y la crítica destructiva,
– renunciar a la mentira y a la exageración,
– hablar con verdad y caridad,
– aprender a guardar silencio cuando es necesario.
El silencio también es parte del lenguaje purificado. No todo debe ser dicho. A veces, callar es una forma de amar.
Jesús nos advierte:
“De toda palabra ociosa darán cuenta los hombres en el día del juicio”
(Mt 12,36).
Esto no busca generar miedo, sino conciencia. Cada palabra tiene peso, tiene valor, tiene consecuencias.
La Cuaresma es un tiempo privilegiado
para revisar nuestra manera de hablar.
– ¿Mis palabras construyen o destruyen?
– ¿Soy instrumento de paz o de conflicto?
– ¿Mi lenguaje refleja el Evangelio?
La conversión auténtica se nota también en la forma de hablar.
Pensar, Sentir y Actuar
Pensemos que nuestras palabras reflejan el corazón (cf. Mt 12,34); sintamos el deseo de hablar con verdad y caridad (cf. Ef 4,29); y actuemos hoy cuidando conscientemente nuestras palabras y evitando todo lo que no edifica.
Oración para vivir la Palabra hoy
Señor Jesús,
purifica mis palabras.
Líbrame de hablar sin pensar,
de herir con mi lengua
y de sembrar división.
Dame un corazón limpio
para que mis palabras
sean reflejo de tu amor.
Que todo lo que diga
edifique, consuele y acerque a los demás a Ti.
Amén.
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