17
MAR
2026

Día 28 La purificación de la mirada



Día 28

La purificación de la mirada

El camino cuaresmal nos conduce hacia una transformación profunda: no solo cambiar acciones externas, sino purificar la manera en que miramos la vida, a los demás y a Dios. La mirada revela el estado del corazón.

Jesús lo enseña con una frase breve pero contundente:
La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado” (Mt 6,22).

La mirada no es solo física; es interior. Es la forma en que interpretamos, juzgamos y nos relacionamos con la realidad. Una mirada herida o desordenada puede llevarnos a la crítica constante, a la envidia, al juicio o a la superficialidad.

Por eso, la Cuaresma es tiempo de aprender a mirar como Dios mira.

El Señor le dice a Samuel:
El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón” (1 Sam 16,7).

Aquí se nos revela un criterio fundamental: Dios no se queda en lo externo. Y nosotros estamos llamados a hacer ese mismo camino de profundidad.

El Papa León XIV recuerda que la conversión implica una renovación interior que transforma también nuestra manera de percibir la realidad . Esto incluye purificar la mirada para reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano.

Muchas veces miramos sin ver verdaderamente. Nos detenemos en lo superficial, en lo inmediato, en lo que pasa rápidamente. Pero el discípulo de Cristo está llamado a una mirada contemplativa.

Jesús nos invita:
No juzguen según las apariencias; juzguen con justo juicio” (Jn 7,24).

Purificar la mirada significa:
– aprender a ver el bien en los demás,
– reconocer la dignidad de cada persona,
– evitar juicios apresurados,
– descubrir a Dios en lo sencillo.

También implica mirar la propia vida con verdad, sin engaños, pero con esperanza.

El salmista expresa este deseo:
Crea en mí, Señor, un corazón puro” (Sal 51,12).

Porque solo un corazón purificado puede tener una mirada limpia.

En la tradición de la Iglesia, los santos han cultivado esta mirada interior. Han aprendido a ver a Cristo en el prójimo, incluso en medio de la fragilidad humana.

La Cuaresma es un tiempo para educar la mirada: pasar de lo superficial a lo esencial, de la crítica a la compasión, de la oscuridad a la luz.

La pregunta que el Señor nos deja hoy es directa:
¿cómo estoy mirando a los demás y a mi propia vida?

Cuando la mirada se purifica, el corazón se ilumina.

Pensemos que una mirada limpia ilumina toda la vida (cf. Mt 6,22); sintamos el deseo de ver como Dios ve (cf. 1 Sam 16,7); y actuemos hoy evitando todo juicio y buscando reconocer el bien en los demás.

Oración para vivir la Palabra hoy

Señor Jesús,
purifica mi mirada.

Líbrame de juzgar
y de quedarme en lo superficial.

Enséñame a ver con tu amor,
a descubrir el bien en los demás
y a reconocer tu presencia en mi vida.

Dame un corazón limpio
para mirar con verdad
y caminar en tu luz.

Amén.

 


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