Día 24
El examen del uso del poder y la autoridad
La Cuaresma nos invita a mirar el corazón con sinceridad. Y uno de los aspectos más delicados de esa revisión interior es el uso del poder y de la autoridad. Todos, en mayor o menor medida, ejercemos alguna forma de influencia: en la familia, en el trabajo, en la Iglesia, en la sociedad. La pregunta es decisiva: ¿cómo estamos usando ese poder?
Jesús enseña con una
claridad que desarma toda lógica mundana:
“El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor” (Mt
20,26).
Aquí se revela el criterio del Evangelio: la autoridad no es dominio, sino servicio. No es imposición, sino entrega.
El problema surge cuando el poder se desvía de su finalidad. Cuando se utiliza para controlar, imponer, manipular o buscar beneficio propio, deja de ser autoridad legítima y se convierte en abuso.
Jesús advierte con firmeza:
“Los jefes de las naciones las dominan… No será así entre ustedes” (Mt
20,25-26).
El cristiano está llamado a vivir una autoridad distinta, que nace del amor y se expresa en el servicio concreto.
El Papa León XIV recuerda que el camino cuaresmal implica una conversión real que toca también las relaciones humanas y las responsabilidades que cada uno tiene . Esto incluye revisar cómo ejercemos el liderazgo y la autoridad.
San Pedro exhorta a
quienes tienen responsabilidad sobre otros:
“Apacentad el rebaño de Dios… no como dominadores, sino siendo modelos”
(1 Pe 5,2-3).
Este es el modelo cristiano: guiar con el ejemplo, acompañar con paciencia, corregir con caridad.
Jesús mismo lo vivió plenamente. En la Última Cena, el Maestro se arrodilla y lava los pies de sus discípulos (cf. Jn 13,1-15). Allí nos deja el gesto definitivo: el poder se convierte en servicio humilde.
La Cuaresma es un tiempo propicio
para purificar nuestras motivaciones.
– ¿Busco servir o ser servido?
– ¿Uso mi autoridad para edificar o para imponer?
– ¿Promuevo el bien de los demás o mis propios intereses?
El verdadero liderazgo cristiano no busca protagonismo; busca el bien del otro. No se impone; se ofrece. No aplasta; levanta.
Cuando la autoridad se vive desde el Evangelio, se convierte en instrumento de comunión, justicia y paz.
El Señor nos invita hoy a una conversión concreta: pasar del dominio al servicio, del egoísmo a la entrega, del poder al amor.
Pensemos que la verdadera autoridad es servicio (cf. Mt 20,26); sintamos el deseo de ejercer nuestras responsabilidades con humildad (cf. 1 Pe 5,3); y actuemos hoy realizando un gesto concreto de servicio desinteresado.
Oración para vivir la Palabra hoy
Señor Jesús,
Tú nos enseñaste a servir con amor.
Purifica mi corazón
de toda búsqueda de dominio.
Enséñame a ejercer la autoridad
con humildad, justicia y caridad.
Que mi vida sea servicio
y reflejo de tu amor
para los demás.
Amén.
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