SERIE DE PENTECOSTÉS 2026
EL ESPÍRITU SANTO: EL GRAN DESCONOCIDO
ARTÍCULO NRO. 9
Los carismas en la Iglesia
18 de mayo de 2026
“Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu.” (1 Corintios 12,4)
El Espíritu Santo no actúa de manera uniforme ni repetitiva. Su presencia en la Iglesia es profundamente rica, creativa y viva. Él distribuye diversos carismas y dones espirituales para el bien común, para la edificación de la Iglesia y para la misión evangelizadora.
Muchas veces pensamos que los carismas son solamente fenómenos extraordinarios o manifestaciones llamativas. Pero la Iglesia enseña algo mucho más profundo: los carismas son gracias especiales dadas por el Espíritu Santo para servir, construir comunidad y anunciar el Evangelio.
Cada bautizado recibe dones. Nadie está vacío ante Dios. El problema no es la ausencia de dones, sino muchas veces el desconocimiento, el miedo o la falta de disponibilidad para ponerlos al servicio de los demás.
Hoy la Iglesia necesita redescubrir que el Espíritu Santo continúa suscitando:
Los carismas no son para la vanidad personal. Son para el servicio del Reino de Dios.
San Pablo dedica amplias enseñanzas a los carismas en la Primera Carta a los Corintios:
“A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común.” (1 Corintios 12,7)
Qué importante es esta expresión: “para el bien común”.
El Espíritu Santo distribuye los dones pensando en la misión de toda la Iglesia.
San Pablo menciona diversos carismas:
Pero
insiste constantemente en algo fundamental:
todos los carismas deben vivirse en la caridad.
Por eso el famoso himno al amor de 1 Corintios 13 aparece precisamente entre los capítulos dedicados a los carismas. Sin amor, incluso los dones más extraordinarios pierden su verdadero sentido.
La Iglesia es comparada con un cuerpo:
“Ustedes son el Cuerpo de Cristo.” (1 Corintios 12,27)
Cada miembro tiene una función distinta, pero todos son importantes. Nadie posee todos los dones y nadie carece completamente de ellos.
El Espíritu Santo crea diversidad, pero también unidad.
Escuchemos la sabiduría de la Iglesia
El Concilio Vaticano II enseña:
“El
Espíritu Santo distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier
condición.”
(Lumen Gentium, 12)
Papa Francisco ha recordado que los carismas auténticos siempre conducen a la comunión eclesial y nunca al orgullo o a la división.
Asimismo, San Juan Pablo II enseñaba que los movimientos, ministerios y nuevas comunidades son frutos de la acción constante del Espíritu Santo en la Iglesia contemporánea.
San Felipe Neri mostraba con su alegría, cercanía y creatividad pastoral cómo el Espíritu Santo puede suscitar formas diversas y hermosas de evangelización.
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma:
“Los carismas están ordenados a la gracia santificante y al bien común de la Iglesia.” (CIC 2003)
El Espíritu Santo actúa hoy
El Espíritu Santo sigue suscitando carismas en la Iglesia actual.
Cuando
un catequista enseña con amor y paciencia, el Espíritu Santo actúa.
Cuando un coro ayuda a orar profundamente a la comunidad, el Espíritu Santo
actúa.
Cuando un joven evangeliza con alegría en redes sociales o en su ambiente
cotidiano, el Espíritu Santo actúa.
Cuando una persona acompaña a enfermos, pobres o migrantes con verdadera
caridad, el Espíritu Santo actúa.
La Iglesia necesita descubrir y acompañar los dones que Dios ha sembrado en cada persona.
No todos están llamados a lo mismo, pero todos están llamados a servir.
El peligro aparece cuando:
Los verdaderos carismas:
El Espíritu Santo sigue renovando hoy a la Iglesia con creatividad y esperanza.
Para meditar
•
El Espíritu Santo distribuye dones diversos para el bien de toda la Iglesia.
• Cada bautizado tiene algo valioso que ofrecer al Reino de Dios.
• Los carismas auténticos siempre conducen a la caridad y a la comunión.
Compromiso espiritual del día
Hoy pediré al Espíritu Santo descubrir cómo puedo servir mejor a Dios y a los demás con los dones recibidos.
Oración final
Ven,
Espíritu Santo.
Despierta en tu Iglesia los carismas necesarios para evangelizar el mundo de
hoy.
Haznos humildes servidores del Reino y ayúdanos a poner nuestros dones al
servicio de los demás.
Que nunca busquemos nuestra propia gloria, sino la gloria de Cristo y el bien
de tu Iglesia.
Amén.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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