Serie:
Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy
Artículo N.º 31
Dei Verbum – Capítulo II
La transmisión de la Revelación divina
«La Palabra de Dios vive en la Sagrada Escritura, en la Tradición y en la vida de la Iglesia»
«Manténganse firmes y conserven las tradiciones que aprendieron de nosotros, de viva voz o por carta.» (2 Tesalonicenses 2,15)
¿Cómo llegó hasta nosotros la fe que profesamos?
¿Cómo conocemos hoy las palabras de Jesucristo, las enseñanzas de los Apóstoles y el mensaje de salvación que Dios quiso entregar a toda la humanidad?
Estas preguntas encuentran una respuesta clara y luminosa en el segundo capítulo de Dei Verbum.
La Revelación de Dios no quedó encerrada en el pasado. Cristo confió a los Apóstoles el tesoro del Evangelio para que fuera transmitido fielmente a todas las generaciones. Desde entonces, la Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, custodia, anuncia e interpreta ese depósito sagrado de la fe.
Este capítulo nos ayuda a comprender que la Palabra de Dios llega hasta nosotros mediante la íntima unidad entre la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, tres realidades inseparables que sirven al mismo Evangelio.
Durante la historia del cristianismo surgieron diversas interpretaciones acerca de la manera en que Dios transmite su Revelación.
En el siglo XVI, la Reforma Protestante sostuvo el principio de la sola Scriptura, según el cual únicamente la Biblia constituiría la regla suficiente de la fe.
La Iglesia Católica, reafirmando la enseñanza constante de la Tradición apostólica y del Concilio de Trento, enseñó que la Revelación divina se transmite mediante la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, inseparablemente unidas.
Dei Verbum profundiza esta doctrina con un lenguaje renovado y una sólida fundamentación bíblica.
Cristo confió el Evangelio a los Apóstoles
Antes de ascender al cielo, Jesucristo encomendó a los Apóstoles una misión universal:
«Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la creación.»
(Mc 16,15)
Los Apóstoles transmitieron fielmente cuanto habían recibido del Señor.
Lo hicieron:
Antes de que existiera el Nuevo Testamento escrito, la Iglesia ya anunciaba el Evangelio y celebraba la Eucaristía.
Por eso la Tradición apostólica precede cronológicamente a la redacción de muchos libros bíblicos.
La Sagrada Tradición
Con frecuencia la palabra "tradición" se entiende como una simple costumbre humana.
Sin embargo, la Sagrada Tradición tiene un significado mucho más profundo.
Es la transmisión viva de la Palabra de Dios realizada por los Apóstoles y continuada por sus sucesores bajo la asistencia constante del Espíritu Santo.
La Tradición comprende:
No añade una nueva Revelación.
Conserva, explica y transmite fielmente la única Revelación recibida de Cristo.
La Sagrada Escritura
La Escritura contiene por inspiración divina la Palabra de Dios puesta por escrito.
Sus autores humanos escribieron bajo la inspiración del Espíritu Santo.
Todo cuanto Dios quiso comunicar para nuestra salvación quedó consignado fielmente en los libros sagrados.
La Iglesia venera la Sagrada Escritura porque reconoce en ella la voz misma de Dios dirigida a su Pueblo.
Escritura y Tradición: una misma fuente
Uno de los números más importantes de Dei Verbum afirma que la Escritura y la Tradición:
«brotan de la misma fuente divina.»
No son dos revelaciones distintas.
No se oponen.
No compiten entre sí.
Se iluminan mutuamente.
La Tradición ayuda a comprender correctamente la Escritura.
La Escritura confirma continuamente la autenticidad de la Tradición.
Ambas forman un único depósito sagrado de la Palabra de Dios.
El Magisterio al servicio de la Palabra
Cristo quiso que existiera una autoridad encargada de custodiar fielmente el depósito de la fe.
Esa misión corresponde al Magisterio de la Iglesia, ejercido por el Papa y los obispos en comunión con él.
Dei Verbum enseña una verdad decisiva:
El Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios.
Su misión consiste en:
De este modo, la Iglesia protege a los fieles frente a interpretaciones arbitrarias o doctrinas erróneas.
La acción permanente del Espíritu Santo
La transmisión de la Revelación no depende solamente del esfuerzo humano.
Es el Espíritu Santo quien guía continuamente a la Iglesia.
Él:
Gracias a su acción, la Iglesia permanece fiel al Evangelio a través de los siglos.
La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia
La Revelación continúa alimentando hoy la vida cristiana.
La Palabra de Dios está presente:
Cada generación recibe el mismo Evangelio y está llamada a transmitirlo íntegro a la siguiente.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
«La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios.» (CEC 97)
San Juan Pablo II recordó que la Iglesia no es propietaria de la Palabra de Dios, sino su humilde servidora.
Benedicto XVI afirmó que Escritura, Tradición y Magisterio forman una unidad inseparable querida por Cristo para custodiar la verdad del Evangelio.
Aplicación espiritual
Este capítulo nos invita a preguntarnos:
La Palabra de Dios no es un tesoro para guardar, sino un don para compartir.
Defensa de la fe
Error frecuente
«La Iglesia Católica pone la Tradición por encima de la Biblia.»
Respuesta católica
La Iglesia nunca ha enseñado eso. Dei Verbum afirma claramente que la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición proceden de una misma fuente divina y constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios. El Magisterio no está por encima de ellas, sino que las sirve, las custodia y las interpreta auténticamente bajo la guía del Espíritu Santo.
Propósito para hoy
Leeré los números 7 al 10 de Dei Verbum y daré gracias a Dios porque su Palabra ha llegado fielmente hasta nuestros días a través de la Iglesia.
Oración final
Señor Jesucristo, gracias por confiar a tu Iglesia el tesoro de tu Evangelio. Haz que amemos la Sagrada Escritura, valoremos la riqueza de la Tradición apostólica y permanezcamos siempre unidos al Magisterio que tú estableciste para custodiar la verdad. Que el Espíritu Santo nos conceda un corazón dócil para escuchar, vivir y transmitir fielmente tu Palabra, para gloria del Padre y salvación del mundo. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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