La esperanza que no muere: Dios es Dios de vivos
Miércoles
3 de junio de 2026
Santos Carlos Lwanga y compañeros mártires
Semana IX del Tiempo Ordinario
Lecturas:
2 Timoteo 1, 1-3.6-12
Salmo 122: “En ti, Señor, tengo fijos mis ojos”
Marcos 12, 18-27
Una fe que mira más allá
La Palabra de Dios que la Iglesia nos ofrece hoy nos invita a levantar la mirada y descubrir que nuestra vida tiene un horizonte mucho más grande que los problemas, sufrimientos y desafíos del presente. San Pablo escribe a Timoteo para animarlo a reavivar el don recibido de Dios, mientras Jesús responde a los saduceos enseñando una verdad fundamental de nuestra fe: la vida no termina con la muerte.
En este mismo día celebramos la memoria de los santos Carlos Lwanga y compañeros mártires, jóvenes cristianos africanos que prefirieron entregar su vida antes que renunciar a Jesucristo. Su testimonio ilumina las lecturas de hoy porque nos recuerda que quien cree verdaderamente en la resurrección vive con valentía, libertad y esperanza.
La Iglesia nos invita a contemplar hoy una fe viva, una esperanza firme y una mirada puesta en la eternidad.
San Pablo: reaviva el don que Dios ha puesto en ti
En la Segunda Carta a Timoteo encontramos a un apóstol anciano, prisionero y cercano al martirio. Humanamente podría parecer derrotado. Sin embargo, sus palabras están llenas de serenidad y esperanza.
San Pablo le dice a Timoteo:
"Reaviva el don de Dios que recibiste."
Esta exhortación sigue siendo actual para cada bautizado.
Muchas veces la rutina, las preocupaciones, las heridas o las decepciones pueden apagar el entusiasmo de la fe. Podemos llegar a vivir una vida cristiana fría, limitada a costumbres externas o prácticas mecánicas.
Pero Dios nunca deja de actuar en nosotros.
Cada bautizado ha recibido un tesoro inmenso:
San Pablo recuerda además que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, amor y prudencia.
El cristiano no está llamado a vivir dominado por el miedo.
En una sociedad marcada por la incertidumbre, la violencia, las divisiones y la desesperanza, el Señor sigue llamando hombres y mujeres capaces de confiar en Él y de caminar hacia adelante con valentía.
El Salmo: una mirada fija en Dios
El salmista proclama:
"En ti, Señor, tengo fijos mis ojos."
Esta expresión resume una actitud espiritual fundamental.
Vivimos rodeados de distracciones, noticias preocupantes, conflictos y preocupaciones cotidianas. Corremos el riesgo de fijar nuestros ojos únicamente en las dificultades.
La Palabra de Dios nos invita a mirar más alto.
Cuando Pedro caminó sobre las aguas permaneció firme mientras mantuvo su mirada puesta en Jesús. Cuando apartó la vista del Señor comenzó a hundirse.
Lo mismo ocurre con nosotros.
La esperanza cristiana nace cuando aprendemos a mirar nuestra vida desde Dios y no solamente desde nuestras limitaciones.
Quien mantiene sus ojos fijos en el Señor descubre que ninguna prueba tiene la última palabra.
Jesús y la resurrección: Dios es Dios de vivos
En el Evangelio encontramos a los saduceos, un grupo religioso que no creía en la resurrección.
Intentan poner a prueba a Jesús mediante una historia complicada sobre una mujer que tuvo varios esposos según la ley del levirato.
La intención era ridiculizar la creencia en la vida eterna.
Pero Jesús responde revelando una verdad profunda:
"No es Dios de muertos, sino de vivos."
Esta afirmación constituye uno de los pilares de la fe cristiana.
La muerte existe, pero no tiene la última palabra.
Cristo ha resucitado.
Por eso la vida humana no termina en el sepulcro.
La resurrección no es una simple prolongación de la vida presente ni una repetición de nuestras estructuras terrenas. Es una vida nueva, gloriosa y plena en comunión con Dios.
Jesús enseña que el cielo supera todo lo que nuestra imaginación puede concebir.
La esperanza cristiana no es una ilusión ni un consuelo psicológico.
Es una certeza fundada en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.
Santos Carlos Lwanga y compañeros: jóvenes que creyeron en la vida eterna
La memoria de hoy nos lleva hasta Uganda, en África, donde entre 1885 y 1887 un grupo de jóvenes cristianos fue perseguido por mantenerse fiel a Jesucristo.
Entre ellos destaca San Carlos Lwanga, catequista y líder espiritual de sus compañeros.
Eran jóvenes llenos de sueños, proyectos y deseos de vivir.
Sin embargo, cuando se les exigió renunciar a su fe, prefirieron entregar su vida antes que traicionar a Cristo.
Su fortaleza no nació del fanatismo.
Nació de una profunda convicción:
Jesús había vencido la muerte.
Ellos comprendieron que perder la vida por Cristo era, en realidad, ganarla para siempre.
Su martirio se convirtió en semilla fecunda para la Iglesia africana, que hoy es una de las comunidades católicas más dinámicas y florecientes del mundo.
Los mártires de Uganda siguen recordándonos que la fe auténtica transforma la historia y construye el futuro.
Una enseñanza para nuestro tiempo
La sociedad actual habla mucho del presente inmediato y poco de la eternidad.
Con frecuencia se busca la felicidad únicamente en el bienestar material, el éxito o el placer.
Sin embargo, el corazón humano sigue teniendo sed de algo más grande.
Las lecturas de hoy responden a esa búsqueda.
Nos recuerdan que:
Cuando vivimos con la mirada puesta en la vida eterna aprendemos a valorar mejor cada día, a amar más profundamente y a servir con mayor generosidad.
Tres mensajes de hoy
1.
Reaviva el don de Dios que has recibido.
No permitas que la rutina apague tu fe. El Espíritu Santo sigue actuando en tu
vida.
2.
Mantén tus ojos fijos en el Señor.
La esperanza crece cuando confiamos más en Dios que en nuestras propias
fuerzas.
3.
Dios es Dios de vivos.
La resurrección de Cristo nos asegura que el amor, la verdad y la vida tendrán
siempre la victoria final.
Pensemos hoy en los dones que Dios ha sembrado en nuestra vida y en las veces que el miedo o el desánimo nos han hecho olvidarlos; sintamos la alegría de pertenecer a Cristo resucitado, que nos promete una vida que no termina y que da sentido a cada esfuerzo presente; y actuemos renovando nuestra confianza en Dios, dando un testimonio valiente de nuestra fe y viviendo cada jornada con la certeza de que el Señor nos conduce hacia una plenitud que supera todo lo que podemos imaginar.
Propósito para hoy
Dedicar unos minutos a la oración agradeciendo a Dios el don de la fe y pedir la gracia de vivir este día con la mirada puesta en la vida eterna, realizando un acto concreto de valentía cristiana, esperanza o testimonio del Evangelio.
Que la intercesión de los santos Carlos Lwanga y compañeros mártires nos ayude a permanecer firmes en la fe, alegres en la esperanza y generosos en el amor, para que nuestra vida anuncie al mundo que Cristo ha resucitado y que, en Él, estamos llamados a vivir para siempre. Porque nuestro Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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