Crecer en la gracia y la verdad: ciudadanos del cielo y constructores de esperanza
Martes
2 de junio de 2026
Santos Marcelino y Pedro, mártires
Semana IX del Tiempo Ordinario
Introducción
Continuamos caminando en el mes de junio, mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús y, en Panamá, mes de la familia. La Palabra de Dios de este día nos invita a vivir con una mirada puesta en el cielo y los pies firmemente apoyados sobre la tierra. Mientras esperamos la plenitud del Reino de Dios, estamos llamados a crecer en santidad, cumplir responsablemente nuestros deberes y dar testimonio valiente de nuestra fe.
Las lecturas de hoy nos presentan tres grandes enseñanzas: la esperanza cristiana en los cielos nuevos y la tierra nueva, la confianza en Dios como refugio permanente y la sabiduría de Jesús para armonizar nuestras responsabilidades temporales con nuestra pertenencia absoluta a Dios.
La memoria de los santos mártires Marcelino y Pedro ilumina aún más este mensaje. Ellos vivieron en tiempos difíciles, permanecieron fieles a Cristo y entregaron su vida por el Evangelio. Su ejemplo nos recuerda que la esperanza cristiana nunca es una ilusión, sino una certeza fundada en la victoria de Jesucristo.
"Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva"
En la segunda carta de san Pedro (3,13-15.17-18), el Apóstol dirige la mirada de la Iglesia hacia el futuro prometido por Dios:
"Nosotros esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva, en los que habite la justicia."
Esta afirmación contiene una de las mayores fuentes de esperanza de toda la Escritura.
El cristiano no vive encerrado en las dificultades del presente. La fe le permite mirar más allá de las crisis, las guerras, las divisiones y los sufrimientos. Dios está conduciendo la historia hacia su plenitud.
San Pedro exhorta a los creyentes a no dejarse arrastrar por el error ni por la confusión de quienes se apartan de la verdad. En cambio, invita a crecer constantemente en la gracia y en el conocimiento de Jesucristo.
La esperanza cristiana no consiste en esperar pasivamente que las cosas cambien. Significa colaborar activamente con la obra de Dios, sembrando hoy las semillas del Reino que un día alcanzará su plenitud.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que toda la creación está llamada a ser renovada en Cristo y que la historia humana encuentra su sentido definitivo en Él.
Por eso el creyente no se deja vencer por el pesimismo. Aunque existan dificultades, sabe que Dios tiene la última palabra.
"Tú eres, Señor, nuestro refugio"
El Salmo 89 nos ofrece una oración llena de confianza:
"Tú eres, Señor, nuestro refugio."
A lo largo de la historia, los hombres han buscado seguridad en muchas cosas: riquezas, poder, prestigio, conocimientos o influencias. Sin embargo, todo eso es pasajero.
Solo Dios permanece para siempre.
El salmista contempla la fragilidad humana y reconoce que la verdadera estabilidad se encuentra únicamente en el Señor.
En un mundo caracterizado por cambios rápidos e incertidumbres, esta verdad resulta especialmente actual.
Las familias necesitan redescubrir a Dios como fundamento sólido de sus hogares.
Los jóvenes necesitan descubrir que Cristo es la roca firme sobre la cual construir sus sueños.
Los adultos necesitan recordar que el éxito auténtico no depende únicamente de los logros materiales, sino de la fidelidad al plan de Dios.
Cuando el corazón se apoya en el Señor, incluso las pruebas más difíciles pueden transformarse en oportunidades de crecimiento espiritual.
"Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"
En el Evangelio según san Marcos (12,13-17), algunos fariseos y partidarios de Herodes intentan tender una trampa a Jesús.
Le preguntan si es lícito pagar impuestos al César.
Si respondía que sí, podía ser acusado de favorecer al poder romano. Si respondía que no, podía ser denunciado como rebelde.
Jesús, con sabiduría divina, pide una moneda y pregunta:
"¿De quién es esta imagen y esta inscripción?"
Ellos responden:
"Del César."
Entonces Jesús pronuncia una de las frases más profundas de toda la historia:
"Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios."
Jesús no separa la fe de la vida cotidiana. Tampoco confunde las responsabilidades civiles con la adoración que pertenece únicamente a Dios.
El cristiano está llamado a ser un buen ciudadano, cumplir sus deberes, respetar las leyes justas y contribuir al bien común.
Pero también debe recordar que existe algo que pertenece exclusivamente a Dios: el corazón humano.
La moneda llevaba la imagen del emperador. El ser humano lleva impresa la imagen de Dios.
Por eso nuestra inteligencia, nuestra libertad, nuestros talentos y toda nuestra existencia deben orientarse hacia Él.
San Agustín enseñaba que el corazón humano permanece inquieto hasta descansar en Dios.
La gran pregunta del Evangelio es esta: ¿a quién pertenece realmente mi corazón?
El testimonio de los santos Marcelino y Pedro
Hoy recordamos a los santos Marcelino y Pedro, mártires de los primeros siglos del cristianismo.
Marcelino era sacerdote y Pedro era exorcista. Durante la persecución del emperador Diocleciano permanecieron fieles a Cristo hasta derramar su sangre.
Su martirio impresionó profundamente a la Iglesia antigua. Incluso el emperador Constantino mandó construir una basílica sobre su tumba.
Estos santos comprendieron perfectamente el mensaje del Evangelio de hoy.
Cumplieron sus responsabilidades terrenas, pero cuando llegó el momento decisivo eligieron pertenecer completamente a Dios.
Su testimonio nos recuerda que la fidelidad al Evangelio vale más que cualquier ventaja temporal.
La sangre de los mártires continúa siendo semilla de nuevos cristianos y fuente permanente de esperanza para la Iglesia.
Una palabra para las familias en el mes de junio
Al iniciar este mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús y a la familia, las lecturas de hoy nos ofrecen una hermosa orientación.
Las familias cristianas están llamadas a vivir con una mirada puesta en el cielo y otra en las responsabilidades cotidianas.
Educar a los hijos, trabajar honestamente, servir a la comunidad, cuidar a los más vulnerables y vivir la fe en el hogar son formas concretas de construir hoy esa "tierra nueva" anunciada por san Pedro.
Cada hogar puede convertirse en un pequeño reflejo del Reino de Dios cuando Cristo ocupa el centro de la vida familiar.
Tres mensajes de hoy
1.
La esperanza cristiana mira siempre hacia adelante.
Dios prepara unos cielos nuevos y una tierra nueva. Ninguna dificultad presente
tiene la última palabra.
2.
Dios sigue siendo nuestro refugio seguro.
Cuando todo cambia, el Señor permanece fiel y sostiene a quienes confían en Él.
3.
Nuestra vida pertenece a Dios.
Podemos cumplir nuestras responsabilidades terrenas, pero nuestro corazón debe
permanecer siempre orientado hacia el Señor.
Propósito para hoy
Dedicar unos minutos de oración ante una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y preguntarle sinceramente: "Señor, ¿hay alguna área de mi vida que todavía no te he entregado completamente?" Luego hacer un acto concreto de confianza y entrega a su amor.
Pensar que Dios conduce la historia hacia una plenitud de justicia y paz; sentir una profunda confianza porque el Señor es nuestro refugio permanente y jamás abandona a sus hijos; y actuar viviendo con responsabilidad nuestras obligaciones diarias, pero entregando cada vez más nuestro corazón a Cristo, para que toda nuestra vida refleje la esperanza del Evangelio y contribuya a construir desde ahora los cielos nuevos y la tierra nueva que Él nos promete.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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