JUNIO CON EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Día 2: El Corazón traspasado en la Cruz
El nacimiento de la Iglesia desde el costado abierto de Cristo
"Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua." (Juan 19,34)
Ayer contemplábamos el amor infinito de Cristo manifestado en su Sagrado Corazón. Hoy damos un paso más y dirigimos nuestra mirada hacia el Calvario, donde ese amor alcanza su máxima expresión.
Desde la Cruz, Jesús no solamente entrega su vida por nuestra salvación; también abre para siempre las puertas de la misericordia. Su Corazón es atravesado por una lanza y de él brotan sangre y agua, signos de la gracia que alimentará a la Iglesia hasta el fin de los tiempos.
La devoción al Sagrado Corazón nos invita a contemplar este misterio con fe y gratitud. Allí comprendemos cuánto nos ama Dios y cuánto desea acercarnos a Él.
El Corazón abierto del Redentor
El Evangelio de San Juan relata un hecho que marcaría para siempre la espiritualidad cristiana.
Después de la muerte de Jesús, un soldado romano atravesó su costado con una lanza. San Juan, testigo ocular de aquel acontecimiento, no lo narra como un simple detalle histórico. Para él, aquel momento tenía un profundo significado espiritual.
Del costado abierto del Salvador brotaron sangre y agua.
La sangre representa el sacrificio redentor de Cristo que se perpetúa sacramentalmente en la Eucaristía.
El agua simboliza el Bautismo que nos hace hijos de Dios y miembros de la Iglesia.
Por eso, los Santos Padres enseñaron que la Iglesia nació espiritualmente del costado abierto de Cristo.
Así como Eva fue formada del costado de Adán, la nueva Eva, que es la Iglesia, nace del costado del nuevo Adán, Jesucristo.
El nacimiento de la Iglesia
Los primeros cristianos contemplaban con profunda emoción este misterio.
San Agustín enseñaba que la Iglesia fue formada del costado de Cristo dormido en la Cruz.
San Juan Crisóstomo afirmaba que del costado abierto nacieron los sacramentos que dan vida al Pueblo de Dios.
La Iglesia no nace de una idea humana, ni de un proyecto político, ni de una organización social.
La Iglesia nace del amor de Cristo.
Nace de un Corazón que se entrega totalmente.
Nace de una herida abierta por amor.
Por eso, cada bautizado puede decir con verdad: he nacido espiritualmente del Corazón de Jesús.
San Juan Evangelista: el discípulo del Corazón de Cristo
Entre todos los apóstoles, fue San Juan Evangelista quien tuvo la gracia singular de reclinar su cabeza sobre el pecho de Jesús durante la Última Cena.
Escuchó los latidos del Maestro.
Contempló la profundidad de su amor.
Permaneció fiel junto a la Cruz cuando muchos habían huido.
Y fue precisamente él quien presenció el momento en que la lanza atravesó el costado del Salvador.
San Juan se convirtió así en el gran testigo del Corazón de Jesús.
Toda su enseñanza sobre el amor tiene su origen en aquella experiencia.
Cuando escribe: "Dios es amor" (1 Jn 4,8), habla desde la experiencia de haber conocido el Corazón del Señor.
También nosotros estamos llamados a acercarnos espiritualmente al pecho de Cristo para escuchar nuevamente el mensaje que transforma la vida: Dios nos ama.
El mensaje del Sagrado Corazón
Siglos después, Jesús recordó esta verdad a través de las revelaciones concedidas a Santa Margarita María de Alacoque.
Entre las inspiraciones que recibió resuena este mensaje lleno de esperanza:
"Mi Corazón permanecerá abierto para todos."
Estas palabras son un consuelo para la humanidad.
Abierto para los santos y para los pecadores.
Abierto para los fuertes y para los débiles.
Abierto para quienes buscan a Dios y para quienes desean regresar después de haberse alejado.
Nadie queda excluido del amor de Cristo.
Su Corazón sigue abierto porque su misericordia no tiene límites.
Una invitación a la reconciliación
Al contemplar el Corazón traspasado de Jesús, descubrimos cuánto desea reconciliarnos con el Padre.
Por eso, una de las formas más hermosas de responder a este amor es acercarnos al sacramento de la Reconciliación.
La confesión no es un tribunal de condena.
Es un encuentro con la misericordia.
Es regresar al Corazón abierto del Buen Pastor.
Es experimentar personalmente el perdón que brota de la Cruz.
Cada vez que recibimos la absolución sacramental, la sangre redentora de Cristo limpia nuestras heridas y renueva nuestra amistad con Dios.
Pensar que la Iglesia ha nacido del amor inmenso de Cristo manifestado en la Cruz; sentir gratitud porque el Corazón de Jesús permanece abierto para recibirme siempre con misericordia; y actuar acercándome al sacramento de la Reconciliación para experimentar personalmente el abrazo sanador del Señor.
Oración
Sagrado Corazón de Jesús, abierto por amor en la Cruz, gracias por haber entregado tu vida para salvarme. Gracias porque de tu costado nacieron los sacramentos que alimentan mi fe y sostienen a tu Iglesia. Haz que nunca me aleje de Ti. Concédeme la gracia de una sincera conversión y la valentía para acercarme al sacramento de la Reconciliación. Que encuentre siempre en tu Corazón misericordioso el perdón, la paz y la esperanza. Amén.
Jaculatoria
Sagrado Corazón de Jesús, abierto por amor, en Vos confío.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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