JUNIO CON EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Día 3: El Corazón de Jesús en la Sagrada Escritura
La Biblia y el corazón misericordioso de Dios
"Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo." (Ezequiel 36,26)
"Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón." (Mateo 11,29)
"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo." (Juan 13,1)
La devoción al Sagrado Corazón de Jesús no nació de una revelación privada ni de una simple práctica piadosa. Sus raíces se encuentran profundamente arraigadas en la Sagrada Escritura.
Desde las primeras páginas del Antiguo Testamento hasta la plenitud de la revelación en Jesucristo, la Biblia nos muestra a un Dios que ama, perdona, busca, espera y acompaña a su pueblo con infinita misericordia.
Cuando contemplamos el Corazón de Jesús, contemplamos el corazón mismo del Evangelio. Descubrimos que toda la historia de la salvación es la historia de un Dios que ama apasionadamente a sus hijos y nunca se cansa de buscarlos.
Un corazón nuevo prometido por Dios
El profeta Ezequiel anuncia una de las promesas más hermosas de toda la Biblia:
"Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo" (Ez 36,26).
El pueblo de Israel había experimentado el pecado, el exilio y el sufrimiento. Sin embargo, Dios no abandona a sus hijos.
Promete renovar sus corazones.
Promete transformar la dureza en amor.
Promete sustituir el corazón de piedra por un corazón capaz de amar, creer y esperar.
Esta promesa encuentra su cumplimiento perfecto en Jesucristo.
El Corazón de Jesús es el corazón nuevo que Dios ofrece a la humanidad.
Quien se acerca a Cristo comienza un camino de transformación interior.
El corazón manso y humilde de Jesús
Entre todas las descripciones que Jesús hace de sí mismo, solamente una revela directamente cómo es su corazón:
"Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29).
No dice: aprended de mi poder.
No dice: aprended de mi sabiduría.
No dice: aprended de mis milagros.
Dice: aprended de mi corazón.
La mansedumbre de Jesús no es debilidad.
Es fortaleza serena.
Es la capacidad de responder al mal con el bien.
Es la paciencia que sabe esperar.
Es la caridad que perdona.
La humildad de Jesús tampoco es falta de dignidad.
Es la actitud de quien pone toda su confianza en el Padre y se entrega generosamente al servicio de los demás.
El mundo necesita hoy discípulos con un corazón semejante al de Cristo.
El amor llevado hasta el extremo
La noche de la Última Cena, San Juan escribe unas palabras que resumen toda la misión de Jesús:
"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13,1).
El amor de Cristo no conoce límites.
Ama a Pedro que lo negará.
Ama a Judas que lo traicionará.
Ama a los discípulos que huirán.
Ama a quienes lo crucifican.
Ama a cada persona de todos los tiempos.
El Sagrado Corazón representa precisamente ese amor llevado hasta el extremo de la Cruz.
Un amor que no exige ser merecido.
Un amor que perdona.
Un amor que salva.
Un amor que permanece fiel incluso cuando nosotros somos infieles.
El corazón misericordioso de Dios a lo largo de la Biblia
Toda la Escritura habla del amor misericordioso de Dios.
Lo vemos buscando a Adán después del pecado.
Lo vemos perdonando a David.
Lo vemos acogiendo al hijo pródigo.
Lo vemos curando a los enfermos.
Lo vemos consolando a los afligidos.
Lo vemos llorando ante la tumba de Lázaro.
Lo vemos muriendo en la Cruz por la salvación del mundo.
La Biblia entera es la historia de un Corazón que ama.
Por eso, quien lee la Palabra de Dios con fe descubre poco a poco los sentimientos del Corazón de Cristo.
El mensaje del Sagrado Corazón
A través de los siglos, el Señor continúa invitando a sus discípulos con las mismas palabras del Evangelio:
"Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón."
No basta admirar el Corazón de Jesús.
Es necesario imitarlo.
Cada cristiano está llamado a reflejar en su vida la mansedumbre, la paciencia, la misericordia y la humildad de Cristo.
La verdadera devoción al Sagrado Corazón transforma el corazón del creyente.
Practicar la mansedumbre
Vivimos en una sociedad marcada por la agresividad, la impaciencia y la confrontación.
La mansedumbre cristiana aparece entonces como un verdadero signo del Evangelio.
Ser manso significa responder con serenidad.
Escuchar antes de juzgar.
Perdonar antes de condenar.
Construir puentes en lugar de levantar barreras.
La mansedumbre nace de un corazón unido a Cristo.
Mientras más nos acercamos a su Corazón, más aprendemos a vivir como Él.
Pensar que toda la Sagrada Escritura revela el amor misericordioso de Dios manifestado plenamente en Jesucristo; sentir gratitud porque el Señor me ofrece un corazón nuevo capaz de amar como Él ama; y actuar esforzándome por practicar la mansedumbre, la paciencia y la humildad en mis relaciones cotidianas.
Oración
Sagrado Corazón de Jesús, manso y humilde, forma mi corazón según el tuyo. Arranca de mí todo orgullo, resentimiento, dureza e impaciencia. Concédeme la gracia de vivir con serenidad, bondad y misericordia. Que al leer tu Palabra descubra cada día más profundamente tu amor infinito. Haz que mis pensamientos, palabras y acciones reflejen la belleza de tu Corazón. Amén.
Jaculatoria
Sagrado Corazón de Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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