18
JUN
2026

La fuerza de la oración que transforma el mundo



Jueves 18 de junio de 2026

San Calógero

Semana 11 del Tiempo Ordinario

La fuerza de la oración que transforma el mundo

Lecturas:

  • Eclesiástico (Sirácida) 48, 1-15
  • Salmo 96: “Que se alegren los justos”
  • Evangelio: Mateo 6, 7-15

Dios sigue suscitando profetas y hombres de oración

La Palabra de Dios que la Iglesia nos propone en este día nos presenta dos grandes figuras espirituales que siguen iluminando nuestro camino cristiano: el profeta Elías y Jesucristo, Maestro de la oración.

El libro del Eclesiástico realiza un hermoso elogio de Elías, uno de los profetas más importantes del Antiguo Testamento. Su vida estuvo marcada por una fe inquebrantable, una profunda intimidad con Dios y un ardiente celo por la fidelidad del pueblo.

El autor sagrado recuerda cómo Dios realizó maravillas por medio de él: cerró los cielos, hizo descender fuego, resucitó muertos y defendió la verdadera fe en tiempos de idolatría.

Sin embargo, la grandeza de Elías no radicó únicamente en los milagros que realizó, sino en su capacidad de escuchar la voz de Dios y obedecerla incluso en los momentos más difíciles.

La Iglesia ha visto siempre en Elías una figura que anticipa la misión de Juan Bautista y, en cierto sentido, la misión de todos los discípulos de Cristo llamados a dar testimonio de la verdad en medio del mundo.

También hoy necesitamos muchos "Elías": hombres y mujeres que no tengan miedo de vivir su fe con coherencia, que sepan escuchar a Dios en medio del ruido de nuestra época y que transmitan esperanza a quienes se sienten desanimados.

Jesús nos enseña a orar

En el Evangelio encontramos una de las enseñanzas más importantes de toda la vida cristiana: el Padrenuestro.

Los discípulos observaban cómo Jesús oraba. Descubrieron que la fuente de su fortaleza, de su paz y de su misión estaba en su relación íntima con el Padre. Por eso quisieron aprender a orar como Él.

Jesús comienza enseñando algo fundamental: la oración no consiste en multiplicar palabras.

«Cuando oren, no hablen mucho como los paganos».

Dios no necesita discursos largos para saber lo que necesitamos. Él conoce nuestro corazón antes incluso de que pronunciemos una sola palabra.

La verdadera oración nace de la confianza.

Orar no es informar a Dios de nuestros problemas; es poner nuestra vida en sus manos.

Orar no es convencer a Dios para que nos escuche; es abrir nuestro corazón para escuchar lo que Él quiere decirnos.

Orar no es repetir fórmulas mecánicamente; es entrar en una relación viva de amor con nuestro Padre celestial.

El Padrenuestro: la escuela de la vida cristiana

Cada petición del Padrenuestro encierra una enseñanza para nuestra vida.

«Padre nuestro»

Jesús nos revela que Dios no es un ser lejano e indiferente. Es Padre.

Esta sola palabra cambia toda nuestra existencia. No estamos solos. No caminamos abandonados a nuestra suerte. Somos hijos amados de Dios.

«Santificado sea tu nombre»

La vida cristiana consiste en glorificar a Dios con nuestras palabras y nuestras obras.

Nuestra conducta debe reflejar la presencia de Dios en el mundo.

«Venga tu Reino»

Pedimos que el Reino de la justicia, de la paz, del amor y de la verdad siga creciendo en nuestros corazones, en nuestras familias y en la sociedad.

«Danos hoy nuestro pan de cada día»

Reconocemos que todo lo bueno proviene de Dios.

Pedimos el pan material para quienes sufren necesidad y el Pan espiritual que recibimos en la Eucaristía.

«Perdona nuestras ofensas»

Nadie puede vivir sin la misericordia de Dios.

Todos necesitamos ser perdonados.

«Como también nosotros perdonamos»

Aquí aparece uno de los mayores desafíos del Evangelio.

Quien experimenta el amor de Dios está llamado a convertirse en instrumento de reconciliación.

El cristiano no puede vivir alimentando resentimientos permanentes.

Perdonar no significa justificar el mal, sino impedir que el mal siga gobernando nuestro corazón.

La alegría de los justos

El Salmo proclama hoy:

«Que se alegren los justos».

La verdadera alegría no nace de las riquezas, del poder o del éxito humano.

La alegría auténtica nace de vivir en amistad con Dios.

El mundo actual ofrece muchas formas de entretenimiento, pero pocas fuentes de felicidad verdadera.

La Palabra de Dios nos recuerda que el corazón humano encuentra descanso únicamente cuando vive unido al Señor.

Por eso los santos fueron hombres y mujeres profundamente alegres incluso en medio de las dificultades.

Su alegría provenía de la certeza de que Dios nunca abandona a quienes confían en Él.

San Calógero: testigo de oración y servicio

Hoy recordamos a San Calógero, ermitaño venerado especialmente en Sicilia. La tradición lo presenta como un hombre de profunda penitencia, oración constante y servicio a los pobres y enfermos.

Su vida nos recuerda que la santidad no depende de ocupar grandes cargos ni de realizar acciones extraordinarias. La santidad florece allí donde una persona permite que Dios transforme su corazón.

San Calógero comprendió que la fuerza del cristiano nace del encuentro diario con el Señor.

Su testimonio sigue siendo actual para una sociedad que corre constantemente pero que muchas veces olvida detenerse para escuchar a Dios.

Una mirada de esperanza hacia el futuro

Vivimos tiempos de grandes cambios. Las nuevas tecnologías, los desafíos culturales y las incertidumbres sociales pueden generar preocupación en muchas personas.

Sin embargo, la Palabra de Dios nos ofrece una certeza: el futuro pertenece a quienes permanecen unidos al Señor.

Elías fue fiel en tiempos difíciles.

Jesús nos enseñó a confiar en el Padre.

Los santos encontraron fortaleza en la oración.

Nosotros estamos llamados a hacer lo mismo.

La Iglesia necesita hoy familias que oren juntas, jóvenes que descubran la belleza del Evangelio, sacerdotes santos, religiosos generosos y laicos comprometidos que lleven la luz de Cristo a todos los ambientes.

Dios sigue actuando.

Dios sigue llamando.

Dios sigue enviando.

Y sigue derramando su gracia sobre quienes se abren a su voluntad.

La oración humilde y perseverante puede transformar una persona, una familia, una parroquia y hasta una sociedad entera.

Por eso no tengamos miedo de rezar.

Quien ora nunca camina solo.

Quien ora descubre que Dios ya está preparando un futuro mejor.

Tres mensajes para recordar hoy

  1. La verdadera fuerza del creyente nace de su unión con Dios en la oración.
  2. El Padrenuestro es el modelo perfecto de toda vida cristiana.
  3. Dios sigue suscitando nuevos profetas y discípulos para llevar esperanza al mundo.

Propósito para hoy

Rezar lentamente el Padrenuestro tres veces durante el día, meditando cada una de sus peticiones y ofreciendo un perdón sincero a alguna persona que nos haya ofendido.

«Padre nuestro que estás en el cielo...»: en estas palabras encontramos la confianza, la esperanza y la certeza de que Dios guía nuestra historia y nos conduce hacia un futuro lleno de su amor.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.

 


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