01
JUL
2026

Artículo N.º 35 Dei Verbum – Capítulo VI La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia



Serie: Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy

Conocer, custodiar, vivir y defender la fe católica

Artículo N.º 35

Dei Verbum – Capítulo VI

La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia

«La Palabra de Dios: alimento permanente del Pueblo de Dios»

«No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (Mt 4,4)

Después de recorrer los grandes temas de la Constitución Dogmática Dei Verbum —la Revelación divina, su transmisión en la Iglesia, la inspiración de la Sagrada Escritura y la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento— llegamos a su culminación pastoral: la presencia viva de la Palabra de Dios en la vida cotidiana de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II nos recuerda que la Biblia no es un libro reservado a los especialistas ni un documento del pasado. Es la voz viva de Dios que continúa resonando hoy en la Iglesia, llamando a cada persona a la conversión, fortaleciendo la fe, iluminando el discernimiento y alimentando la esperanza.

En un mundo marcado por el ruido, la prisa y la desinformación, el cristiano necesita volver continuamente a la Palabra de Dios para escuchar la voz del Buen Pastor que guía con amor a su pueblo.

Durante siglos la Iglesia custodió con inmenso amor las Sagradas Escrituras. Sin embargo, en muchos lugares los fieles tenían un acceso limitado a la lectura personal de la Biblia, ya fuera por falta de traducciones adecuadas, escasa formación o circunstancias históricas.

Los Padres conciliares quisieron impulsar un auténtico renacimiento bíblico, convencidos de que la renovación espiritual de la Iglesia debía comenzar por un renovado encuentro con la Palabra de Dios.

Por ello, Dei Verbum exhorta a que la Biblia ocupe el lugar que le corresponde en:

  • la liturgia;
  • la predicación;
  • la catequesis;
  • la teología;
  • la vida espiritual;
  • la familia;
  • la evangelización.

La Iglesia vive cuando escucha a su Señor.

La Sagrada Escritura: diálogo permanente entre Dios y su pueblo

La Biblia no es simplemente una colección de libros inspirados.

Es el lugar privilegiado donde Dios continúa hablando a su Iglesia.

Cada página de la Escritura contiene una invitación a entrar en comunión con Cristo.

Cuando el creyente abre la Biblia con espíritu de fe, no está únicamente leyendo un texto antiguo: está encontrándose con el Dios vivo.

Como enseña Dei Verbum:

«En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos.»

Esta afirmación resume admirablemente toda la espiritualidad bíblica.

La doble mesa: Palabra y Eucaristía

Uno de los aportes más importantes del Concilio consiste en recordar que la Iglesia alimenta a sus hijos desde dos mesas inseparables:

  • la mesa de la Palabra;
  • la mesa de la Eucaristía.

Ambas pertenecen a una misma celebración.

Primero Cristo nos habla.

Después Cristo se nos entrega.

Escuchamos la Palabra para reconocerlo.

Recibimos la Eucaristía para vivir lo que hemos escuchado.

Por eso la Iglesia nunca separa ambas realidades.

San Jerónimo afirmaba:

«Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.»

Y podríamos añadir:

Quien escucha verdaderamente la Palabra termina necesariamente caminando hacia la Eucaristía.

La importancia de la lectura frecuente de la Biblia

El Concilio exhorta insistentemente a todos los fieles a acercarse con frecuencia a la Sagrada Escritura.

No como un simple ejercicio intelectual.

Sino como oración.

Como encuentro.

Como diálogo.

Como escuela de santidad.

La lectura diaria del Evangelio va transformando poco a poco la inteligencia, la voluntad y el corazón.

Aprendemos a pensar como Cristo.

A juzgar como Cristo.

A amar como Cristo.

A servir como Cristo.

La Lectio Divina

Entre las prácticas más recomendadas por la Tradición de la Iglesia ocupa un lugar privilegiado la Lectio Divina.

Esta antigua forma de oración comprende normalmente cuatro pasos:

1. Lectura

¿Qué dice el texto?

Se escucha atentamente la Palabra.

2. Meditación

¿Qué me dice Dios mediante este pasaje?

La Palabra interpela la vida.

3. Oración

¿Qué le respondo al Señor?

El creyente dialoga con Dios.

4. Contemplación

¿Cómo transforma esta Palabra mi existencia?

El corazón descansa en Dios y se dispone a vivir el Evangelio.

Así la Escritura deja de ser únicamente un texto para convertirse en vida.

La responsabilidad de los pastores

El Concilio dirige una exhortación muy especial a quienes tienen la misión de anunciar el Evangelio.

Los obispos, sacerdotes, diáconos y catequistas deben ser los primeros discípulos de la Palabra.

La predicación pierde fuerza cuando nace únicamente del estudio.

Adquiere verdadera autoridad cuando brota de una vida profundamente alimentada por la oración y la meditación de la Escritura.

El predicador no transmite simplemente conocimientos.

Comunica aquello que primero ha escuchado en el silencio del corazón.

La Biblia en la familia

La familia cristiana está llamada a convertirse en una pequeña escuela de la Palabra.

Cuando los padres leen el Evangelio junto con sus hijos:

  • enseñan la fe;
  • fortalecen la unidad familiar;
  • aprenden a discernir juntos;
  • descubren la presencia cotidiana de Dios.

La Biblia abierta sobre la mesa del hogar recuerda que Cristo continúa habitando entre quienes escuchan su voz.

La Palabra impulsa la misión

Toda evangelización auténtica nace de la escucha de la Palabra.

Los grandes santos misioneros primero permitieron que Dios transformara sus vidas antes de anunciar el Evangelio a los pueblos.

Hoy también la Iglesia necesita evangelizadores profundamente enamorados de la Sagrada Escritura.

No basta hablar de Cristo.

Es necesario haber escuchado antes su voz.

Sólo quien ha sido discípulo puede convertirse en verdadero misionero.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:

«La Iglesia recomienda insistentemente a todos los fieles la lectura asidua de la Escritura para que adquieran la ciencia suprema de Jesucristo.» (CEC 133)

San Jerónimo escribió:

«Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.»

San Gregorio Magno afirmaba:

«La Palabra de Dios crece con quien la lee.»

Benedicto XVI, en la exhortación apostólica Verbum Domini, insistió en que toda la pastoral debe estar profundamente impregnada por la Sagrada Escritura, de modo que la Iglesia sea siempre discípula antes de ser misionera.

Este capítulo nos invita a revisar sinceramente nuestra relación con la Biblia.

Preguntémonos:

  • ¿Tengo un tiempo diario para escuchar la Palabra de Dios?
  • ¿Preparo mi corazón antes de la proclamación del Evangelio en la Santa Misa?
  • ¿La Biblia ocupa un lugar digno en mi hogar?
  • ¿Permito que la Palabra ilumine mis decisiones?
  • ¿Comparto el Evangelio con mi familia y con quienes me rodean?

La santidad comienza cuando aprendemos a escuchar.

Y Dios nunca deja de hablar.

Defensa de la fe

Error frecuente

«La Biblia puede interpretarse únicamente según el criterio personal de cada creyente.»

Respuesta católica

El Concilio enseña que la Sagrada Escritura debe leerse con el mismo Espíritu con que fue escrita, dentro de la Tradición viva de la Iglesia y bajo la guía del Magisterio. La interpretación auténtica evita reduccionismos, subjetivismos y lecturas aisladas que puedan apartarse del sentido querido por Dios. Escritura, Tradición y Magisterio no compiten entre sí; forman una única realidad al servicio de la verdad revelada.

Tres mensajes de hoy

  1. La Sagrada Escritura es la voz viva de Dios que continúa alimentando a su Iglesia.
  2. La Palabra de Dios y la Eucaristía forman la doble mesa desde la cual Cristo fortalece a su Pueblo.
  3. Quien escucha, medita y vive diariamente el Evangelio se convierte en discípulo misionero y testigo creíble de Jesucristo.


Cada día el Señor desea encontrarse contigo a través de su Palabra. No permitas que las múltiples ocupaciones silencien esa voz que ilumina, corrige, consuela y fortalece. Abre el Evangelio con humildad, escucha a Cristo con un corazón disponible y deja que su Palabra transforme tu manera de pensar, de amar y de servir. Una Iglesia que escucha a Dios será siempre una Iglesia capaz de anunciar con alegría el Evangelio al mundo.

Propósito para hoy

Reservaré al menos quince minutos para leer y meditar el Evangelio del día, pediré al Espíritu Santo que ilumine mi inteligencia y compartiré una enseñanza de la Palabra de Dios con un miembro de mi familia o con una persona que necesite esperanza.

Oración final

Señor Jesucristo, Palabra eterna del Padre, gracias porque continúas hablándonos en la Sagrada Escritura. Haz que amemos tu Palabra con un corazón dócil, la escuchemos con fe, la meditemos con perseverancia y la pongamos en práctica con generosidad. Que nuestras familias encuentren en el Evangelio la luz para sus decisiones, el consuelo en las pruebas y la fuerza para caminar hacia la santidad. Envía tu Espíritu Santo para que comprendamos cada vez mejor las Escrituras y anunciemos con valentía la Buena Nueva a todos los pueblos. Que María, Madre de la Iglesia y oyente perfecta de la Palabra, nos enseñe a guardar todo en el corazón y a vivir siempre según tu voluntad. Amén.


Pbro. Alfredo Uzcátegui

Vicario parroquial

 


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