JUNIO CON EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Día 30: Consagración al Sagrado Corazón de Jesús
Vivir para siempre en el Corazón de Cristo
"Permanezcan en mi amor." (Juan 15,9)
Después de treinta días contemplando el misterio del Sagrado Corazón de Jesús, el Señor nos invita a dar un paso decisivo: consagrarle toda nuestra vida.
La consagración no es simplemente una oración que se recita una vez.
Es una respuesta libre y amorosa al amor infinito de Cristo.
Es entregarle nuestro pasado con sus heridas, nuestro presente con sus luchas y nuestro futuro con toda su esperanza.
Quien se consagra al Sagrado Corazón decide vivir bajo el señorío de Jesucristo, confiando plenamente en su misericordia y procurando hacer de su vida un reflejo de su amor.
¿Qué significa consagrarse?
Consagrarse significa pertenecer enteramente a Cristo.
Es reconocer que Él es el Señor de nuestra existencia.
Es permitir que su Corazón transforme nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras acciones.
No perdemos nuestra libertad.
Al contrario.
Descubrimos la verdadera libertad de los hijos de Dios.
Porque sólo quien vive unido al Corazón de Jesús encuentra la plenitud del amor, de la verdad y de la paz.
Un Corazón que quiere reinar
En las revelaciones a Santa Margarita María de Alacoque, el Señor manifestó su deseo de reinar en los corazones, en las familias y en toda la sociedad.
Su reinado no se impone por la fuerza.
Es un reinado de amor.
De misericordia.
De servicio.
De verdad.
Donde Cristo reina, florecen la paz, la reconciliación, la justicia y la esperanza.
Por eso la consagración al Sagrado Corazón es una decisión de dejar que Jesucristo ocupe el primer lugar en nuestra vida.
Consagrar la familia
La Iglesia recomienda especialmente la consagración de los hogares al Sagrado Corazón.
Cuando una familia coloca a Cristo en el centro de su vida, aprende a orar unida, a perdonarse, a dialogar y a afrontar las dificultades con esperanza.
La imagen del Sagrado Corazón colocada en un lugar digno del hogar recuerda diariamente que Jesús permanece presente y desea bendecir a quienes viven bajo su mirada amorosa.
La familia consagrada se convierte en una pequeña Iglesia doméstica donde el Evangelio se vive con alegría.
Una misión que continúa
Estos treinta días no representan el final de un camino.
Son apenas el comienzo.
Ahora corresponde llevar al mundo todo lo que hemos aprendido.
Ser testigos de la misericordia.
Constructores de paz.
Apóstoles de la esperanza.
Evangelizadores con alegría.
Hombres y mujeres con un corazón semejante al de Cristo.
La mejor manera de honrar al Sagrado Corazón es vivir cada día según el Evangelio.
Una promesa para quienes confían
Jesús sigue repitiendo hoy las palabras que consolaron a tantos santos:
"Mi Corazón será tu refugio, tu fortaleza y tu paz."
Quien permanece unido a Él nunca camina solo.
Su amor sostiene en las pruebas.
Su gracia fortalece en la debilidad.
Su presencia acompaña hasta la vida eterna.
Hoy escuchamos esta invitación del Señor:
"Entrégame tu corazón y Yo lo haré semejante al mío."
Ésta es la meta de toda la vida cristiana.
No solamente admirar el Corazón de Jesús.
Sino vivir con su mismo amor.
Propósito del día
Realizar personalmente, o en familia, un acto de consagración al Sagrado Corazón de Jesús y renovar el compromiso de vivir diariamente según el Evangelio.
Pensar que Jesucristo desea reinar en mi corazón; sentir una profunda gratitud por su amor fiel e infinito; y actuar renovando cada día mi consagración mediante la oración, la Eucaristía, la caridad y el servicio a los hermanos.
Oración de Consagración
Sagrado Corazón de Jesús, hoy me consagro enteramente a Ti. Recibe mi vida, mi familia, mi trabajo, mis alegrías, mis sufrimientos, mis proyectos y mis esperanzas. Reina en mi corazón para que piense como Tú, ame como Tú, perdone como Tú y sirva como Tú. Haz de mí un instrumento de tu paz, de tu misericordia y de tu Evangelio. Que nunca me aparte de tu amor y que, viviendo unido a Ti, alcance un día la alegría eterna del Cielo. Amén.
Jaculatoria
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío; a Vos me consagro para siempre.
Pbro. Alfredo Uzcátegui
Vicario parroquial
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