Honrarás a tu padre y a tu madre es un mandamiento muy importante que lleva consigo esta promesa: te irá bien y vivirás largo tiempo en la tierra. Ef 6, 2-3.
Lunes XI del Tiempo Ordinario
En la liturgia de hoy, nos encontramos con dos pasajes bíblicos que, aunque separados por siglos y contextos, convergen en enseñarnos sobre la justicia, la integridad y el amor al prójimo desde la perspectiva cristiana. Los textos de 1 Reyes 21, 1-16 y Mateo 5, 38-42 nos desafían a reflexionar sobre nuestras acciones y motivaciones a la luz de la doctrina de la Iglesia Católica.
El pecado de Ajab y Jezabel (1 Reyes 21, 1-16)
El Primer Libro de los Reyes nos relata la historia de Nabot y su viña. El rey Ajab, deseando la viña de Nabot, se enfrenta a su negativa de venderla, ya que esta era una herencia familiar sagrada. Jezabel, la esposa de Ajab, urde un plan perverso para obtener la viña: acusa falsamente a Nabot de blasfemia y lo condena a muerte. Esta narrativa nos muestra un grave abuso de poder y una violación flagrante de la justicia.
El magisterio de la Iglesia enseña que la justicia es una virtud cardinal, esencial para la vida en comunidad y la relación con Dios. En el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), se define la justicia como "la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido" (CIC 1807). La historia de Nabot ilustra la corrupción y el pecado cuando la justicia es manipulada para servir intereses egoístas, recordándonos la necesidad de defender siempre la verdad y los derechos de los demás, especialmente de los más vulnerables.
El llamado a la no violencia y la misericordia (Mateo 5, 38-42)
En el Evangelio según San Mateo, Jesús nos presenta una enseñanza radical sobre la no violencia y la misericordia. Él nos insta a rechazar la ley del talión, "ojo por ojo y diente por diente", y en su lugar, a ofrecer la otra mejilla, a dar más allá de lo solicitado y a amar a nuestros enemigos.
Esta enseñanza se alinea profundamente con la doctrina social de la Iglesia, que aboga por la dignidad de toda persona humana y la promoción de la paz. El Papa Francisco, en su encíclica Fratelli Tutti, refuerza este llamado a la fraternidad y al rechazo de la venganza y la violencia, subrayando que el verdadero poder reside en el servicio y el perdón.
La respuesta de Jesús no es una señal de debilidad, sino una manifestación del amor transformador que desafía a cambiar el corazón del opresor. Este amor radical es central en la vida cristiana, como se enseña en el CIC: "El mandamiento de la caridad se prolonga en la justicia y en la solidaridad humanas" (CIC 1932).
Integrando las enseñanzas en nuestra vida diaria
La lectura de estos textos nos invita a examinar nuestras propias vidas y acciones. ¿Cómo actuamos cuando nos enfrentamos a la injusticia? ¿Buscamos venganza o buscamos la paz y la reconciliación? La Iglesia nos llama a ser instrumentos de justicia y paz, siguiendo el ejemplo de Cristo.
Al reflexionar sobre 1 Reyes 21, 1-16 y Mateo 5, 38-42, recordemos que somos llamados a vivir una vida de integridad, justicia y amor, enraizados en la enseñanza de Cristo y guiados por el Espíritu Santo. Que estos principios nos inspiren a construir una sociedad más justa y compasiva, siendo testigos del amor de Dios en el mundo.
Oración final
Señor, ayúdanos a ser justos en nuestras acciones y a actuar con amor y misericordia, siguiendo el ejemplo de tu Hijo Jesús. Que tu Espíritu nos guíe en la defensa de los oprimidos y en la promoción de la paz. Amén.
Tus palabras, Señor, son una antorcha para mis pasos y una luz en mi sendero. Sal 118,105.

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