02
FEB
2026

La Presentación del Señor en el Templo: Cristo, Luz para alumbrar a las naciones.



La Presentación del Señor en el Templo: Cristo, Luz para alumbrar a las naciones.


La Presentación del Señor en el Templo, celebrada el 2 de febrero, es una de las fiestas más antiguas y profundas del calendario litúrgico. Conocida popularmente como la Fiesta de la Candelaria, esta solemnidad pone en el centro a Cristo, Luz para alumbrar a las naciones, y nos invita a renovar nuestra fe como pueblo que camina a la luz del Señor.

1. Fundamento bíblico y sentido teológico

El Evangelio según san Lucas (Lc 2,22-40) nos presenta a María y José cumpliendo fielmente la Ley de Moisés: la purificación de la madre y la presentación del primogénito al Señor. Jesús, el Hijo eterno del Padre, entra humildemente en el Templo. No viene a abolir la Ley, sino a darle plenitud.

En este gesto sencillo se revela un misterio grande: Dios se deja ofrecer, se pone en manos de su pueblo y se manifiesta no con poder, sino con obediencia y mansedumbre. Simeón, movido por el Espíritu Santo, reconoce en ese Niño la salvación esperada y proclama el cántico que la Iglesia reza cada noche: “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Ana, profetisa, confirma esta esperanza anunciando a todos que la redención ha llegado.

2. Cristo, luz que ilumina toda vida

La imagen de la luz atraviesa toda esta fiesta. No es una luz decorativa ni sentimental, sino una luz que revela, purifica y orienta. Cristo ilumina el sentido de la historia, aclara las decisiones del corazón y desenmascara todo lo que no conduce a la vida verdadera.

Celebrar la Candelaria es confesar que no caminamos a oscuras. En un mundo marcado por la confusión y el cansancio espiritual, la Iglesia proclama con firmeza que la verdadera luz no se apaga, porque es Cristo mismo.

3. La bendición de las velas: un signo lleno de fe

Uno de los gestos más característicos de esta fiesta es la bendición de las velas. Este rito no es una costumbre folclórica sin contenido, sino un sacramental profundamente pedagógico. La vela bendecida recuerda que Cristo es la luz y que nosotros, iluminados por Él, estamos llamados a ser luz para los demás.

Encender una vela en la liturgia o en el hogar cristiano es una profesión silenciosa de fe: afirmamos que confiamos nuestra vida a Cristo, que deseamos que su luz nos acompañe en la enfermedad, en la prueba, en la oración y en la esperanza. Por eso, tradicionalmente, estas velas se conservan en casa y se encienden en momentos importantes, como signo de confianza en la presencia de Dios.

4. María, mujer ofrecida y creyente

En la Candelaria contemplamos también a María, mujer fiel que ofrece a su Hijo y se ofrece con Él. Simeón le anuncia que una espada atravesará su alma. La luz que ella presenta al mundo será también causa de contradicción. María nos enseña que la fe auténtica no evade el sufrimiento, sino que lo atraviesa con esperanza y abandono en Dios.

5. Una fiesta para la vida cristiana de hoy

La Presentación del Señor no es solo un recuerdo del pasado. Es una llamada actual y exigente. Cada cristiano está invitado a presentar su vida al Señor, a dejarse iluminar por Cristo y a vivir con coherencia la fe recibida. Esta fiesta nos recuerda que no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios, y que la luz que hemos recibido no puede guardarse, sino compartirse.

Celebrar la Fiesta de la Candelaria es renovar el compromiso de caminar como hijos de la luz, con una fe sencilla, obediente y confiada. Es afirmar, con serenidad y firmeza, que Cristo sigue entrando en el templo de nuestra vida para llenarla de sentido, verdad y esperanza.

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.


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