El Señor es mi luz y i salvación, ¿ a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿ quién me hará temblar? Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen. Sal. 26,1-2
Domingo X del Tiempo Ordinario.
En el décimo domingo del Tiempo Ordinario, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre tres lecturas significativas que nos guían en la comprensión de la relación entre Dios y la humanidad, la fe y la misión apostólica. A través de los pasajes del libro del Génesis, la segunda carta de san Pablo a los Corintios y el Evangelio según san Marcos, encontramos enseñanzas profundas que enriquecen nuestra fe.
La Enseñanza Central del Libro del Génesis (Génesis 3, 9-15.20)
El pasaje del Génesis nos lleva al relato del pecado original, donde Adán y Eva, tras desobedecer a Dios, se esconden de Su presencia. Dios llama a Adán: "¿Dónde estás?" Esta pregunta no solo revela la condición del hombre tras el pecado, sino también el deseo de Dios de restaurar la relación quebrantada. En este contexto, se anuncia la primera promesa de redención: la enemistad entre la serpiente y la mujer, y entre su descendencia. Este protoevangelio, o primer anuncio del Evangelio, señala a María y a Jesús como los nuevos Eva y Adán, que vencerán al pecado y a la muerte.
El Magisterio de la Iglesia enseña que este pasaje subraya la necesidad de reconocer nuestra fragilidad humana y nuestra dependencia de la misericordia divina. María, en su obediencia y humildad, contrasta con la desobediencia de Eva, y Jesús, con su sacrificio, redime la caída de Adán.
La Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (2 Corintios 4, 13-5, 1)
San Pablo nos habla de la fe como un don que nos impulsa a proclamar el Evangelio, a pesar de las adversidades. "Creí, por eso hablé", afirma, señalando que la fe auténtica debe manifestarse en obras y en la proclamación del mensaje de Cristo. Pablo nos anima a no perder el ánimo, recordándonos que "aunque nuestro hombre exterior se va desmoronando, nuestro interior se renueva día a día". Este proceso de renovación es una preparación para la vida eterna.
La Iglesia Católica ve en este pasaje una invitación a vivir con esperanza y perseverancia. Aunque enfrentamos sufrimientos y desafíos en nuestra vida terrenal, estamos llamados a mantener nuestra mirada en la gloria eterna que nos espera. La fe, alimentada por la Eucaristía y los sacramentos, nos fortalece y nos renueva constantemente.
El Santo Evangelio según San Marcos (Marcos 3, 20-35)
En el Evangelio, Jesús enfrenta la incomprensión de sus propios familiares y de los escribas, quienes incluso lo acusan de estar poseído por satanás. Jesús responde con una parábola que subraya la irracionalidad de sus acusaciones y afirma la necesidad de unidad en el reino de Dios. "Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede mantenerse en pie".
La "Locura" de Cristo: Una Revelación del Amor DivinoEl Evangelio de San Marcos 3,20-35 nos presenta una escena en la que la familia de Jesús y algunos escribas lo acusan de estar "fuera de sí" o de estar poseído por un espíritu impuro. Esta acusación refleja la incomprensión y el rechazo que Jesús enfrentó durante su ministerio. A la luz del magisterio de la Iglesia, esta "locura" de Cristo puede ser entendida como una manifestación radical del amor divino. Jesús desafió las normas sociales y religiosas de su tiempo, revelando un amor que trasciende las expectativas humanas. Su dedicación total a la voluntad del Padre y su compromiso con la salvación de la humanidad fueron vistos como incomprensibles e incluso escandalosos por algunos de sus contemporáneos.
El Papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus Caritas Est, (Dios es Amor) nos recuerda que el amor de Dios se revela plenamente en la "locura" de la cruz, un acto supremo de amor que parece insensato desde una perspectiva mundana, pero que es la fuente de nuestra salvación. Jesús redefine la familia, no basada en lazos de sangre,redefine los lazos familiares en el contexto de la fe, en la obediencia a la voluntad de Dios: "El que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Marcos 3,35)
Esto nos llama a reconocer que la verdadera familia de Jesús está formada por aquellos que escuchan y obedecen la palabra de Dios.
Reflexión a la Luz del Magisterio de la Iglesia
El Magisterio de la Iglesia nos invita a ver en estas lecturas una llamada a la conversión y a la misión. La redención prometida en Génesis se realiza plenamente en Cristo, quien nos capacita para vivir una vida de fe activa y esperanzada, como nos exhorta San Pablo. Y en el Evangelio, se nos recuerda que nuestra identidad como cristianos se basa en nuestra relación con Dios y en nuestra obediencia a Su voluntad.
En este domingo, reflexionemos sobre cómo estamos viviendo nuestra fe y cómo podemos ser más auténticos discípulos de Cristo. A través de la oración, los sacramentos y el servicio a los demás, respondamos al llamado de Dios con generosidad y fidelidad, siendo verdaderos miembros de la familia de Jesús.
Que María, nuestra Madre, interceda por nosotros para que, como ella, podamos decir siempre "sí" a la voluntad de Dios y vivir en comunión con Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Ya va a ser arrojado el príncipe de este mundo. Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor. Jn 12, 31-32.

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