Vino un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Él vino para dar testimonio de la luz y prepararle al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo. Jn 1,6-7; Lc 1,17.
Solemnidad de la Natividad de San Juan el Bautista
En esta solemne celebración de la Natividad de San Juan el Bautista, la liturgia nos ofrece una profunda reflexión sobre la misión profética y el cumplimiento de la voluntad de Dios en la historia de la salvación. Los textos bíblicos seleccionados para esta festividad—Isaías 49, 1-6, salmo 138, Hechos de los Apóstoles 13, 22-26 y el Evangelio según San Lucas 1, 57-66.80—nos invitan a contemplar la figura de San Juan como el precursor de Cristo y a reconocer la importancia de su nacimiento y misión en el plan divino.
Isaías 49, 1-6: El Siervo de Dios y la Luz para las Naciones
En este pasaje, el profeta Isaías describe al Siervo de Dios, llamado desde el seno materno para ser luz para las naciones y llevar la salvación hasta los confines de la tierra. Esta vocación prenatal resuena en la misión de Juan el Bautista, quien también fue llamado y consagrado desde el vientre de su madre, Isabel, para preparar el camino del Señor. La Iglesia enseña que esta prefiguración profética encuentra su cumplimiento en San Juan, quien con su predicación y bautismo de arrepentimiento, llama al pueblo a la conversión y anuncia la inminente llegada del Mesías.
El Salmo 138 nos invita a alabar a Dios por su omnisciencia y omnipresencia. Nos recuerda que Dios nos conoce profundamente, incluso antes de nacer, y que estamos maravillosamente hechos. Este salmo resuena con la realidad de San Juan el Bautista, cuya vida fue una obra maestra de Dios, planeada y ejecutada con un propósito divino específico.
Hechos de los Apóstoles 13, 22-26: El Testimonio de Juan el Bautista
San Pablo, en su discurso en la sinagoga de Antioquía de Pisidia, menciona a Juan el Bautista como el último de los profetas del Antiguo Testamento y el precursor inmediato de Jesús. Pablo subraya que Juan, consciente de su papel, siempre señaló a uno mayor que él, refiriéndose a Jesús. La humildad y el reconocimiento de su misión específica son elementos centrales de la enseñanza de Juan, quien entendió que su papel era disminuir para que Cristo creciera.
Evangelio según San Lucas 1, 57-66.80: El Nacimiento de Juan y su Misión
El relato del nacimiento de Juan el Bautista está lleno de signos y maravillas que reflejan la intervención divina. La obediencia de Zacarías y Isabel al nombre revelado por el ángel, y la reacción de asombro de sus vecinos, indican que Juan está destinado a una misión extraordinaria. La Iglesia ve en este nacimiento milagroso un signo de la gracia y el favor divino, preparando al pueblo para recibir al Salvador.
San Juan el Bautista nos recuerda que cada uno de nosotros tiene un llamado particular y único en el plan de Dios. Nuestra misión puede parecer humilde o insignificante, pero es vital para el cumplimiento de la voluntad divina en la historia.
El sentimiento predominante al contemplar la vida de San Juan el Bautista es la humildad. Reconociendo nuestra pequeñez ante la grandeza de Dios, estamos llamados a ser instrumentos fieles y dóciles en sus manos.
Siguiendo el ejemplo de San Juan el Bautista, estamos llamados a ser testigos valientes de la verdad y a preparar el camino del Señor en nuestras vidas y comunidades. Esto puede implicar actos concretos de servicio, justicia y evangelización, siempre buscando que nuestras acciones reflejen la luz de Cristo.
Que esta celebración de la Natividad de San Juan el Bautista nos inspire a renovar nuestro compromiso con nuestra vocación cristiana, con humildad y valentía, para ser verdaderos heraldos del Evangelio en el mundo de hoy.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos. Lc 1,76

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