23
MAY
2024

Fiesta Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Jueves de la séptima semana del tiempo ordinario.

Fiesta Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Jueves de la séptima semana del tiempo ordinario.


Cristo , mediador de la nueva alianza, por el hecho de permanecer para siempre,posee un sacerdocio perpetuo. Hb. 7,24


Del libro del Profeta Isaías 52,13-53, 12, que se lee en la Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, ofrece dos enseñanzas centrales:


1. El Sacrificio Redentor de Cristo:

   En la Iglesia católica, Isaías 53 es visto como una profecía que anticipa el sacrificio de Jesucristo en la cruz. Los versículos 4-5 dicen: "Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores... Él fue traspasado por nuestras rebeliones y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados." Esta enseñanza resalta que Jesucristo, en su papel de Sumo y Eterno Sacerdote, se ofreció a sí mismo en sacrificio por la humanidad. Su sufrimiento y muerte no solo expían los pecados de la humanidad, sino que también restauran la relación entre Dios y los hombres. Este acto de entrega total es central en la doctrina católica, donde se celebra la Eucaristía como el sacrificio perpetuo y memorial de la pasión de Cristo.


2. La Exaltación y Glorificación de Cristo:

   Isaías 52,13 proclama: "He aquí que mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto." En la interpretación católica, esto prefigura la resurrección y ascensión de Jesucristo. Después de su sufrimiento y muerte, Cristo es exaltado por Dios Padre, lo que confirma su victoria sobre el pecado y la muerte. Esta exaltación también establece a Cristo como el mediador eterno entre Dios y la humanidad. En su glorificación, Jesucristo es el Sumo Sacerdote que intercede continuamente por los creyentes, ofreciendo su sacrificio redentor de una vez por todas, y permanece presente en la Eucaristía como fuente de gracia y vida espiritual para la Iglesia.


Estas enseñanzas destacan la naturaleza redentora del sacrificio de Cristo y su papel como Sumo y Eterno Sacerdote, que, a través de su muerte y glorificación, asegura la salvación y la continua mediación entre Dios y los hombres. La Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, celebra precisamente estos aspectos, reconociendo su sacrificio perfecto y su papel mediador eterno.


 Evangelio según San Lucas 22, 14-20.


1. La Institución de la Eucaristía:

   En Lucas 22,19-20, Jesús toma pan y vino, los bendice, y los da a sus discípulos, diciendo: "Esto es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en memoria de mí" y "Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros." Este acto establece la Eucaristía, el sacramento central de la fe católica. La Iglesia enseña que, en la Eucaristía, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, una transformación conocida como la transubstanciación. Esta institución de la Eucaristía es vista como la perpetuación del sacrificio de Cristo en la cruz, haciendo presente su entrega redentora en cada Misa. De este modo, los fieles participan del sacrificio de Cristo y reciben la gracia salvadora, renovando su unión con Dios y con la comunidad de creyentes.


2. El Sacerdocio de Cristo y su Mandato a la Iglesia:

   Jesús no solo instituye la Eucaristía, sino que también establece a sus discípulos como participantes en su sacerdocio, dándoles el mandato: "Haced esto en memoria de mí" (Lucas 22,19). Este mandato implica que los apóstoles, y sus sucesores, los sacerdotes, están llamados a celebrar la Eucaristía en la comunidad cristiana. La Iglesia católica ve en este acto la institución del sacerdocio ministerial, por el cual los sacerdotes actúan en persona Christi (en la persona de Cristo) al celebrar los sacramentos. Este sacerdocio es esencial para la vida sacramental de la Iglesia, permitiendo que los fieles accedan a las gracias divinas mediante los sacramentos, especialmente la Eucaristía, donde Cristo mismo se hace presente y actúa para la salvación de su pueblo.


El pasaje de Lucas 22, 14-20, a la luz de la doctrina católica, enseña sobre la institución de la Eucaristía como el sacrificio perpetuo de Cristo y la fundación del sacerdocio ministerial, por el cual los apóstoles y sus sucesores perpetúan este sacrificio y distribuyen la gracia divina a los fieles. La Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, celebra estos dos grandes misterios de la fe católica.


Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi Espíritu, para que haga brillar la justicia entre las naciones. Is 42,1 


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