Día 8: La Eucaristía, corazón de la familia cristiana
"Yo soy el Pan de Vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás" (Jn 6,35).
Toda familia necesita un corazón que le dé vida. Así como el corazón humano impulsa la sangre a cada parte del cuerpo, la Eucaristía está llamada a ser el corazón espiritual de la familia cristiana, la fuente de donde brotan la unidad, la fortaleza, la esperanza y el amor que sostienen el hogar.
Jesús quiso quedarse para siempre con nosotros bajo las especies del pan y del vino. En la Última Cena instituyó la Eucaristía como memorial de su entrega total y como alimento para nuestro camino. No quiso que sus discípulos caminaran solos. Por eso permanece realmente presente en cada Sagrario del mundo, esperando a sus hijos y alimentándolos con su propia vida.
Cuando una familia coloca la Eucaristía en el centro de su existencia, descubre una fuente inagotable de gracia. Allí encuentra luz para tomar decisiones, fortaleza para superar dificultades, consuelo en las pruebas y alimento para crecer en el amor. La presencia real de Cristo en la Eucaristía transforma poco a poco el corazón de quienes se acercan a Él con fe.
La Santa Misa dominical ocupa un lugar privilegiado en la vida familiar. No es una obligación pesada ni una costumbre social. Es un encuentro de amor con Jesucristo vivo y resucitado. Es el momento en que toda la comunidad cristiana se reúne alrededor de la mesa de la Palabra y de la mesa de la Eucaristía para recibir al Señor que fortalece y santifica a su pueblo.
Los niños que ven a sus padres prepararse con alegría para la Misa aprenden que Dios ocupa el primer lugar. Los jóvenes descubren que la fe no es una teoría, sino una relación viva con Cristo. Los esposos encuentran fuerza para renovar su amor y los abuelos transmiten a las nuevas generaciones el tesoro de la fe recibida.
La Eucaristía también enseña a vivir la comunión. Quien recibe el Cuerpo de Cristo está llamado a construir unidad, a superar divisiones y a vivir reconciliado con los demás. No puede existir verdadera comunión con Cristo sin un sincero esfuerzo por vivir en comunión dentro de la familia.
En una sociedad marcada por el individualismo y la prisa, la participación dominical en la Santa Misa se convierte en un acto de amor y de fidelidad. Es una manera concreta de decirle a Dios: "Tú eres el centro de nuestra vida". La familia que se reúne alrededor del altar descubre que no camina sola, sino acompañada por Aquel que es el Pan de Vida.
Que en este octavo día del Mes de la Familia renovemos nuestro amor por Jesús Eucaristía. Que cada hogar encuentre en la Santa Misa dominical el momento más importante de la semana y que nuestras familias crezcan siempre unidas alrededor del altar del Señor.
El valor humano de hoy: La fidelidad
La fidelidad nos ayuda a permanecer firmes en los compromisos asumidos, especialmente en los momentos difíciles. Una familia fiel a Dios encuentra en Él la fuerza para perseverar en el amor y en la esperanza.
El valor evangélico de hoy: La comunión
La comunión es la unión profunda con Dios y con los hermanos. La Eucaristía fortalece esta comunión y nos convierte en una sola familia reunida alrededor de Cristo.
El Concilio Vaticano II enseña que la Eucaristía es "fuente y culmen de toda la vida cristiana" y que de ella brotan todas las gracias necesarias para la santificación de los fieles y de las familias.
Pensemos hoy qué lugar ocupa la Eucaristía en nuestra vida familiar. Sintamos gratitud porque Jesús quiso quedarse con nosotros en el Sacramento del Altar. Actuemos preparando con amor nuestra participación en la Santa Misa dominical para encontrarnos con Cristo y renovar nuestra fe.
Propósito del día
Preparar en familia la participación en la próxima Santa Misa dominical, leyendo previamente las lecturas, organizando el horario y disponiendo el corazón para encontrarse con Jesús Eucaristía.
Oración
Señor Jesús Eucaristía, Pan Vivo bajado del cielo, gracias por permanecer siempre con nosotros. Haz que nuestras familias descubran en Ti la fuente de su unidad, de su fortaleza y de su alegría. Que nunca nos alejemos de la Santa Misa y que encontremos siempre en tu presencia eucarística la gracia para vivir como verdaderos discípulos tuyos. Permanece en nuestros hogares y haz de nuestras familias reflejos vivos de tu amor. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, presente en la Eucaristía, sé siempre el corazón de nuestras familias.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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