06
JUN
2026

Día 6: San Bernardo y las llagas de Cristo Entrar por la herida del costado



JUNIO CON EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Día 6: San Bernardo y las llagas de Cristo

Entrar por la herida del costado

"Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua." (Juan 19,34)


Entre los grandes maestros espirituales de la Iglesia sobresale la figura de San Bernardo de Claraval, monje cisterciense, predicador extraordinario y uno de los santos que más profundamente contempló el amor de Cristo crucificado.

Su espiritualidad estaba centrada en la humanidad de Jesús, especialmente en sus sufrimientos, sus llagas y su Corazón abierto por amor.

San Bernardo enseñaba que las llagas del Salvador no son solamente recuerdos de la Pasión. Son puertas abiertas hacia el misterio de Dios, refugios donde el alma encuentra misericordia, paz y salvación.

Contemplar las llagas del Salvador

Cuando San Bernardo meditaba la Pasión del Señor, no veía únicamente dolor.

Veía amor.

Cada herida hablaba de una entrega total.

Cada gota de sangre anunciaba la misericordia divina.

Cada sufrimiento revelaba cuánto vale cada persona a los ojos de Dios.

Por eso invitaba a los cristianos a acercarse espiritualmente a las llagas de Cristo para descubrir allí el amor que salva.

No se trata de detenerse en el sufrimiento por sí mismo.

Se trata de contemplar el amor que se manifiesta a través del sufrimiento redentor.

Entrar por la herida del costado

Entre todas las llagas de Cristo, San Bernardo tenía una especial devoción al costado abierto.

En una de sus meditaciones más conocidas enseñaba que el creyente puede entrar espiritualmente por la herida del costado y encontrar allí refugio seguro.

Aquella abertura producida por la lanza se convierte en símbolo de una invitación permanente.

Cristo abre su Corazón para que nadie quede fuera de su amor.

En ese Corazón encuentran descanso los cansados.

Encuentran esperanza los desanimados.

Encuentran perdón los pecadores.

Encuentran fortaleza quienes luchan cada día por permanecer fieles.

Un refugio para los pecadores

San Bernardo comprendió que nadie puede salvarse por sus propias fuerzas.

Todos necesitamos la gracia de Dios.

Todos necesitamos la misericordia que brota del Corazón de Cristo.

Por eso enseñaba que el pecador no debe huir de Dios cuando reconoce sus faltas.

Debe correr hacia Él.

Las heridas de Cristo no son motivo de miedo.

Son motivo de confianza.

Son señales visibles de que el amor de Dios es más grande que nuestro pecado.

Cuanto más consciente es una persona de su fragilidad, más necesita refugiarse en el Corazón misericordioso del Señor.

El Corazón abierto sigue acogiendo

La herida del costado permanece abierta en el corazón de la Iglesia.

Cada confesionario es una prolongación de esa misericordia.

Cada Eucaristía es un encuentro con ese amor.

Cada acto de arrepentimiento sincero es una respuesta a la invitación del Señor.

Cristo sigue diciendo a cada persona:

"No tengas miedo de acercarte a mí."

Su Corazón continúa abierto.

Sus brazos continúan extendidos.

Su amor continúa esperando.


Hoy escuchamos esta consoladora invitación de Jesús:

"Mis llagas son refugio para los pecadores."

Ninguna herida humana es demasiado profunda para la misericordia de Dios.

Ningún pecado es más grande que su amor.

Ninguna vida está perdida cuando se acerca con humildad al Corazón de Cristo.

Las llagas del Señor son señales eternas de esperanza.

Propósito del día

Ofrecer un pequeño sacrificio, una renuncia voluntaria o una obra de caridad por la conversión de quienes se han alejado de Dios, especialmente familiares, amigos o personas que han perdido la fe.


Pensar que las llagas de Cristo son expresión suprema de su amor por la humanidad; sentir confianza en la misericordia que brota de su Corazón abierto; y actuar ofreciendo un sacrificio concreto por la conversión y el regreso de quienes viven alejados del Señor.

Oración

Sagrado Corazón de Jesús, abierto por amor en la Cruz, me refugio hoy en tus santas llagas. Allí encuentro perdón para mis pecados, fortaleza para mis debilidades y esperanza para mi camino. Te encomiendo especialmente a quienes viven alejados de Ti. Toca sus corazones con tu gracia y llévalos nuevamente a tu amistad. Haz que nunca dude de tu misericordia y que siempre encuentre en tu Corazón un refugio seguro. Amén.

Jaculatoria

Sagrado Corazón de Jesús, refugio de los pecadores, en Vos confío.

 

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


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