JUNIO CON EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Día 5: Los Padres de la Iglesia y el Corazón de Jesús
La espiritualidad del costado abierto
"Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua." (Juan 19,34)
Durante los primeros siglos del cristianismo, mucho antes de las revelaciones a Santa Margarita María de Alacoque, los grandes Padres de la Iglesia ya contemplaban con profunda admiración el misterio del Corazón abierto de Cristo.
Al meditar el Evangelio de San Juan, descubrieron en el costado atravesado del Salvador una fuente inagotable de gracia, amor y vida nueva.
Sus enseñanzas siguen iluminando a la Iglesia hasta nuestros días y nos ayudan a comprender que la devoción al Sagrado Corazón hunde sus raíces en la Sagrada Escritura, en la Tradición apostólica y en la reflexión de los santos.
El costado abierto: una puerta hacia el amor de Dios
Los Padres de la Iglesia contemplaban la escena del Calvario con ojos de fe.
Para ellos, el costado abierto de Cristo no era únicamente una herida física.
Era una puerta abierta hacia el misterio del amor divino.
De aquella herida brotaban la sangre y el agua, símbolos de los sacramentos que comunican la vida de Dios al mundo.
La Cruz se convertía así en el árbol de la vida.
El Corazón abierto se convertía en fuente de salvación.
Y la Iglesia nacía del amor redentor de Cristo.
Por eso, muchos cristianos de los primeros siglos desarrollaron una profunda espiritualidad centrada en contemplar las llagas del Señor y, especialmente, la herida de su costado.
San Agustín: entrar por la puerta del Corazón de Cristo
Entre los grandes maestros de la Iglesia destaca San Agustín de Hipona.
Al comentar el Evangelio de San Juan, enseñaba que el costado abierto de Cristo era la puerta por la cual los creyentes podían entrar al misterio de la salvación.
Escribió:
"La puerta de la vida fue abierta cuando el costado de Cristo fue abierto por la lanza."
San Agustín veía en aquella herida un refugio para los pecadores y una invitación permanente a acercarse a Dios.
Para él, el Corazón de Cristo era el lugar donde el alma inquieta encuentra finalmente descanso.
Aquella famosa frase suya parece resonar también desde el Corazón de Jesús:
"Nos hiciste para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti."
San Ambrosio: la fuente de los sacramentos
San Ambrosio de Milán enseñaba que del costado abierto del Señor nacían los sacramentos de la Iglesia.
Al contemplar la sangre y el agua, veía el Bautismo y la Eucaristía alimentando espiritualmente al Pueblo de Dios.
Para San Ambrosio, el Corazón abierto de Cristo es una fuente que nunca deja de manar.
Quien se acerca con fe encuentra perdón.
Quien se acerca con sed encuentra agua viva.
Quien se acerca con hambre encuentra el Pan de Vida.
Su enseñanza nos recuerda que toda la vida sacramental tiene su origen en el amor redentor de Cristo.
San Juan Crisóstomo: la Iglesia nacida del Corazón de Cristo
San Juan Crisóstomo desarrolló una hermosa comparación entre Adán y Cristo.
Así como Eva fue formada del costado de Adán, la Iglesia nació del costado abierto de Cristo.
Escribía que la sangre y el agua son signos visibles de la nueva creación realizada por el Salvador.
Para él, la Iglesia es una comunidad nacida del amor.
No es simplemente una institución humana.
Es el fruto del Corazón entregado de Jesucristo.
Por eso los cristianos deben vivir siempre unidos al Señor y alimentarse de los sacramentos que brotan de su costado abierto.
La fuente que nunca se agota
Los Padres de la Iglesia comprendieron que el amor de Cristo no terminó en el Calvario.
La herida permanece abierta como signo permanente de la misericordia divina.
Todavía hoy el Señor sigue invitando a cada persona a acercarse a esa fuente.
Allí encuentran consuelo los afligidos.
Allí encuentran fortaleza los débiles.
Allí encuentran perdón los pecadores.
Allí encuentran esperanza quienes han perdido el rumbo.
El Corazón de Jesús continúa siendo una fuente inagotable de gracia para la humanidad.
Mensaje del Sagrado Corazón
Hoy escuchamos esta invitación del Señor:
"Ven a beber de la fuente de mi amor."
Cristo conoce nuestra sed de felicidad, de paz y de sentido.
Muchas veces buscamos llenar el corazón con cosas pasajeras.
Sin embargo, sólo el amor de Dios puede saciar plenamente el corazón humano.
El Corazón de Jesús es esa fuente que nunca se seca.
Propósito del día
Leer pausadamente el capítulo 19 del Evangelio según San Juan, especialmente el relato de la Pasión y del costado abierto de Cristo, dedicando unos minutos a la oración y a la contemplación.
Pensar, Sentir y Actuar
Pensar que el costado abierto de Cristo es una fuente permanente de gracia para la Iglesia; sentir gratitud por el amor que brota del Corazón de Jesús y alimenta nuestra vida sacramental; y actuar dedicando tiempo a la lectura orante del Evangelio de San Juan para conocer más profundamente el amor del Señor.
Oración
Sagrado Corazón de Jesús, fuente de agua viva y de misericordia infinita, te doy gracias por el testimonio de los Padres de la Iglesia que nos enseñaron a contemplar tu amor. Haz que nunca me aparte de Ti. Aumenta mi amor por tu Palabra, fortalece mi vida sacramental y ayúdame a beber cada día de la fuente de tu gracia. Que encuentre siempre en tu Corazón la paz, la verdad y la esperanza que necesito para seguirte fielmente. Amén.
Jaculatoria
Sagrado Corazón de Jesús, fuente de amor eterno, atrae mi corazón hacia Ti.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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