Serie:
Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy
Artículo N.º 33
Dei Verbum – Capítulo IV
El Antiguo Testamento
«Dios preparó con amor la venida de Cristo»
«Estas Escrituras son las que dan testimonio de mí.» (Juan 5,39)
Con frecuencia algunos cristianos leen únicamente el Nuevo Testamento y consideran que el Antiguo Testamento pertenece solamente al pueblo de Israel o que ha perdido su importancia después de la venida de Jesucristo.
Sin embargo, la Iglesia enseña algo muy distinto.
El Antiguo Testamento forma parte inseparable de la única Palabra de Dios. En sus páginas descubrimos el comienzo de la historia de la salvación, el desarrollo de la Alianza, la formación del Pueblo elegido y las promesas que alcanzan su plenitud en Jesucristo.
El cuarto capítulo de Dei Verbum nos invita a contemplar el Antiguo Testamento con los ojos de la fe, descubriendo que Dios preparó cuidadosamente, durante siglos, la llegada del Salvador. Nada fue casual; todo obedecía a un admirable designio de amor.
Desde los primeros siglos hubo quienes rechazaban el Antiguo Testamento, considerando que el Dios allí revelado era distinto del Padre de Jesucristo. Entre ellos destacó la herejía de Marción, condenada por la Iglesia.
En tiempos más recientes surgieron interpretaciones que reducían el Antiguo Testamento a un conjunto de relatos antiguos sin valor para los cristianos.
Frente a estas posturas, el Concilio Vaticano II reafirma que ambos Testamentos forman una única historia de salvación. El Antiguo prepara el Nuevo, y el Nuevo revela plenamente el sentido del Antiguo.
El Antiguo Testamento forma parte del plan de Dios
Dei Verbum enseña que Dios escogió libremente al pueblo de Israel para preparar la salvación de toda la humanidad.
A través de ese pueblo:
Todo cuanto encontramos en el Antiguo Testamento posee un profundo sentido pedagógico y salvífico.
Una historia guiada por la Providencia
El Antiguo Testamento narra una larga historia de fidelidad divina.
Aun cuando el pueblo fue infiel muchas veces, Dios nunca abandonó su promesa.
Llamó a:
Cada acontecimiento preparaba silenciosamente la llegada de Cristo.
Los profetas anuncian al Salvador
Uno de los grandes tesoros del Antiguo Testamento son las profecías mesiánicas.
Los profetas anunciaron:
Siglos antes del nacimiento de Jesús, Dios iba revelando los rasgos del Redentor prometido.
Cuando contemplamos el cumplimiento de estas profecías en Cristo comprendemos la admirable unidad de toda la Escritura.
Cristo da pleno sentido al Antiguo Testamento
El Nuevo Testamento no elimina el Antiguo.
Lo lleva a su plenitud.
Jesús mismo explicó a los discípulos de Emaús que todas las Escrituras hablaban de Él.
En Cristo encuentran su cumplimiento:
Todo converge hacia el misterio pascual del Señor.
Como enseñaban los Padres de la Iglesia:
«El Nuevo Testamento está oculto en el Antiguo, y el Antiguo queda plenamente manifestado en el Nuevo.»
El valor permanente del Antiguo Testamento
Aunque la Antigua Alianza encuentra su plenitud en Cristo, sus libros conservan un valor permanente para la Iglesia.
En ellos aprendemos:
Los Salmos siguen siendo hoy la oración oficial de la Iglesia.
Los libros sapienciales continúan iluminando la vida moral.
Los profetas siguen llamando a la justicia, a la misericordia y a la fidelidad.
Unidad de ambos Testamentos
Dei Verbum insiste en una verdad fundamental:
Existe una profunda unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento porque ambos tienen un mismo autor: Dios.
No son dos historias distintas.
Es una sola historia de salvación.
El Antiguo prepara.
El Nuevo cumple.
El Antiguo anuncia.
El Nuevo realiza.
El Antiguo espera.
El Nuevo manifiesta.
Todo conduce hacia Jesucristo.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
«Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios. Sus libros conservan un valor permanente.» (CEC 121)
San Agustín de Hipona expresaba esta verdad con una frase célebre:
«El Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo se hace patente en el Nuevo.»
Benedicto XVI recordó que sólo leyendo ambos Testamentos en su unidad se comprende plenamente el misterio de Cristo.
Este capítulo nos anima a redescubrir la riqueza espiritual del Antiguo Testamento.
Podemos preguntarnos:
La historia de Israel nos enseña que Dios nunca abandona a quienes ponen en Él su confianza.
Defensa de la fe
Error frecuente
«El Antiguo Testamento ya no tiene valor para los cristianos.»
Respuesta católica
La Iglesia enseña que el Antiguo Testamento es auténtica Palabra de Dios y conserva un valor permanente. Sus libros preparan la venida de Cristo, revelan el plan de la salvación y siguen alimentando la fe, la oración y la vida espiritual del Pueblo de Dios. Sólo a la luz de Cristo alcanzan su pleno significado, pero nunca pierden su valor inspirado.
Propósito para hoy
Leeré uno de los Salmos y un pasaje de un profeta, procurando descubrir cómo ambos preparan el anuncio del Evangelio y fortalecen mi esperanza en las promesas de Dios.
Oración final
Padre santo, te damos gracias porque preparaste con infinita sabiduría la venida de tu Hijo a través de la historia del pueblo de Israel. Haz que sepamos leer el Antiguo Testamento con los ojos de la fe, descubriendo en cada una de sus páginas el anuncio de Jesucristo, Salvador del mundo. Que tu Palabra fortalezca nuestra esperanza, aumente nuestro amor por las Sagradas Escrituras y nos impulse a vivir con fidelidad la Nueva Alianza sellada en la sangre de tu Hijo. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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