25
JUN
2026

Artículo N.º 30 Dei Verbum – Capítulo I La Revelación divina



Serie:

Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy

Artículo N.º 30

Dei Verbum – Capítulo I

La Revelación divina

«Dios se revela para invitarnos a la comunión con Él»

«Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha dado a conocer.» (Juan 1,18)

Toda persona lleva en lo más profundo de su corazón una pregunta que nunca deja de resonar: ¿Quién es Dios?

A lo largo de la historia, los hombres han intentado responder a esta pregunta mediante la filosofía, la ciencia, la observación de la naturaleza y la reflexión personal. Sin embargo, aunque la razón humana puede descubrir muchas huellas del Creador, por sí sola no puede penetrar plenamente en el misterio de Dios.

Por eso, Dios mismo tomó la iniciativa.

Movido únicamente por su amor infinito, quiso salir al encuentro de la humanidad y darse a conocer. No lo hizo para satisfacer nuestra curiosidad, sino para ofrecernos una relación de amistad, conducirnos a la verdad y hacernos partícipes de su propia vida.

Esta es la gran enseñanza del primer capítulo de Dei Verbum: la Revelación es un acto de amor por el cual Dios se comunica personalmente al hombre para invitarlo a la comunión con Él.

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia ha defendido que Dios realmente se ha revelado en la historia. Frente a quienes afirmaban que Dios era inaccesible o que la fe era únicamente fruto de sentimientos religiosos, el Magisterio proclamó siempre que la Revelación tiene un origen divino.

En el siglo XX surgieron nuevas corrientes que reducían la Revelación a una experiencia subjetiva o a simples acontecimientos históricos sin intervención sobrenatural.

El Concilio Vaticano II respondió con claridad afirmando que la Revelación es una iniciativa libre de Dios, realizada progresivamente en la historia y culminada definitivamente en Jesucristo.

¿Qué entendemos por Revelación?

La palabra "revelación" significa literalmente quitar el velo, manifestar lo que estaba oculto.

Pero en el sentido cristiano, la Revelación no consiste únicamente en comunicar verdades.

Es mucho más.

Dios no sólo transmite enseñanzas.

Se entrega Él mismo.

El Padre desea que el hombre lo conozca, lo ame y participe de su vida divina.

Como afirma Dei Verbum:

«Quiso Dios, en su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad.»

Esta afirmación resume todo el plan de la salvación.

Dios habla en la historia

La Revelación no ocurrió de una sola vez.

Dios fue preparando progresivamente a su pueblo.

Se manifestó:

  • a nuestros primeros padres;
  • a Noé después del diluvio;
  • a Abraham mediante la alianza;
  • a Moisés en el Sinaí;
  • por medio de los profetas;
  • y finalmente por Jesucristo.

Toda la historia de Israel fue una preparación para recibir al Salvador.

Nada fue improvisado.

Todo respondía al plan amoroso del Padre.

Jesucristo, plenitud de la Revelación

El centro del primer capítulo de Dei Verbum es una afirmación fundamental:

Jesucristo es la Revelación plena y definitiva de Dios.

Él no es simplemente un profeta más.

No es únicamente un maestro extraordinario.

Es el Hijo eterno del Padre hecho hombre.

En Cristo:

  • Dios habla definitivamente;
  • Dios se deja ver;
  • Dios se deja conocer;
  • Dios se entrega totalmente.

Por eso enseña la Carta a los Hebreos:

«En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo.»

Después de Cristo ya no habrá otra Revelación pública.

Todo lo necesario para nuestra salvación ha sido plenamente revelado en Él.

La Revelación pide una respuesta

Dios no obliga al hombre.

La Revelación exige una respuesta libre.

Esa respuesta es la fe.

Creer no significa aceptar ciegamente unas ideas.

Significa confiar en Dios porque sabemos que Él nunca engaña.

La fe implica:

  • escuchar;
  • acoger;
  • obedecer;
  • vivir según la Palabra recibida.

La Virgen María constituye el modelo perfecto de esta respuesta cuando pronuncia su «sí» en la Anunciación.

Revelación y salvación

Dios no se revela para aumentar nuestros conocimientos.

Se revela para salvarnos.

Cada palabra pronunciada por Dios tiene una finalidad salvífica.

Toda la Revelación conduce al encuentro con Jesucristo.

Quien conoce verdaderamente a Cristo encuentra el camino hacia el Padre y recibe la vida eterna.

La Revelación continúa iluminando la Iglesia

Aunque la Revelación pública concluyó con Cristo y los Apóstoles, su riqueza continúa siendo transmitida por la Iglesia.

La Palabra de Dios permanece viva.

Cada generación vuelve a descubrir su profundidad.

Cada creyente puede escuchar hoy la misma voz del Señor mediante:

  • la Sagrada Escritura;
  • la Tradición Apostólica;
  • la predicación de la Iglesia;
  • la liturgia;
  • la oración.

Así, la Revelación sigue alimentando la vida del Pueblo de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:

«Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre.» (CEC 50)

San Juan Pablo II recordaba que la Revelación alcanza su plenitud en la Persona de Jesucristo, en quien Dios pronuncia su Palabra definitiva para la humanidad.

Benedicto XVI enseñó que la Revelación no consiste en una teoría, sino en el encuentro con una Persona viva que da sentido a toda la existencia.

Aplicación espiritual

Este capítulo nos invita a revisar nuestra relación con Dios.

Podemos preguntarnos:

  • ¿Escucho diariamente la voz de Dios en la Sagrada Escritura?
  • ¿Busco conocer mejor a Jesucristo?
  • ¿Respondo con fe a lo que Dios me pide?
  • ¿Confío verdaderamente en su Palabra?
  • ¿Permito que Él transforme mi vida?

La Revelación sólo produce fruto cuando se convierte en vida.

Defensa de la fe

Error frecuente

"Todas las religiones contienen la misma revelación de Dios."

Respuesta católica

La Iglesia reconoce que en otras religiones pueden encontrarse destellos de verdad. Sin embargo, enseña que la Revelación plena y definitiva de Dios se encuentra únicamente en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Él es el único Mediador entre Dios y los hombres y la plenitud de la Revelación divina.

Propósito para hoy

Dedicaré un tiempo de silencio para leer lentamente el prólogo del Evangelio según san Juan (Jn 1,1-18), dando gracias porque Dios ha querido revelarse y permitirme conocerlo en Jesucristo.

Oración final

Señor Dios, Padre bueno, gracias porque no has permanecido oculto, sino que has querido revelarte por amor. Gracias por hablarnos a través de los profetas y, sobre todo, por enviarnos a tu Hijo, Jesucristo, Palabra eterna hecha carne. Abre nuestro corazón para escuchar tu voz, fortalecer nuestra fe y vivir siempre en comunión contigo. Que tu Palabra ilumine nuestros pensamientos, nuestras decisiones y toda nuestra vida, para que un día podamos contemplarte cara a cara en la gloria eterna. Amén.

 

Pbro. Alfredo Uzcátegui

Vicario parroquial.


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