24
JUN
2026

Artículo N.º 29 Dei Verbum Introducción general a la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación



Serie:

“Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy”


Artículo N.º 29

Dei Verbum

Introducción general a la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación

“Dios habla a su pueblo”

“Muchas veces y de muchos modos habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo.” (Hebreos 1,1-2)


Después de contemplar el misterio de la Iglesia en Lumen Gentium, el Concilio Vaticano II nos conduce ahora hacia la fuente misma de la fe cristiana: la Palabra de Dios.

La Constitución Dogmática Dei Verbum es uno de los documentos más hermosos y profundos del Concilio. En ella la Iglesia nos recuerda una verdad fundamental:

Dios no ha permanecido en silencio. Dios ha querido darse a conocer y entrar en diálogo con la humanidad.

Toda la historia de la salvación es la historia de un Dios que habla, llama, guía, corrige, consuela y salva.

La Revelación no consiste simplemente en un conjunto de doctrinas o normas morales. Es, ante todo, el encuentro de Dios con el hombre.


Durante los siglos XIX y XX surgieron numerosas corrientes filosóficas y teológicas que cuestionaban la inspiración divina de la Sagrada Escritura, la historicidad de los Evangelios y la autoridad de la Tradición apostólica.

Al mismo tiempo, muchos católicos tenían un acceso limitado a la Biblia.

El Concilio Vaticano II quiso responder a estos desafíos presentando una enseñanza clara y profundamente bíblica sobre la Revelación divina.

La Constitución Dei Verbum fue promulgada por San Pablo VI el 18 de noviembre de 1965 y se convirtió en uno de los textos más influyentes de todo el Concilio.

¿Qué significa “Dei Verbum”?

El título proviene de las primeras palabras latinas del documento:

Dei Verbum

es decir,

“La Palabra de Dios”.

Esta expresión no se refiere solamente a la Biblia.

La Palabra definitiva de Dios es Jesucristo mismo.

Cristo es la Revelación perfecta del Padre.

Toda la Escritura y toda la Tradición encuentran en Él su cumplimiento.

Dios toma la iniciativa

Una de las enseñanzas centrales del documento es que la Revelación nace de la iniciativa amorosa de Dios.

No es el hombre quien descubre a Dios por sus propias fuerzas.

Es Dios quien sale al encuentro del hombre.

El Concilio afirma que Dios quiso manifestarse para invitarnos a participar de su propia vida divina.

Por amor se revela.

Por amor habla.

Por amor llama a la comunión con Él.

La Revelación alcanza su plenitud en Cristo

A lo largo de la historia de Israel, Dios habló mediante:

  • los patriarcas,
  • Moisés,
  • los profetas,
  • los acontecimientos de la historia de la salvación.

Sin embargo, todas esas manifestaciones preparaban la Revelación definitiva.

Esa Revelación es Jesucristo.

Él no sólo transmite un mensaje.

Él mismo es el Mensaje.

Quien ve a Cristo ve al Padre.

Quien escucha a Cristo escucha la voz de Dios.

Por eso después de Cristo no habrá una nueva Revelación pública.

En Él Dios ha dicho su Palabra definitiva.

Escritura y Tradición

Uno de los aportes más importantes de Dei Verbum consiste en explicar la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición.

Algunas personas piensan erróneamente que la fe católica se basa en dos fuentes separadas.

El Concilio enseña algo más profundo.

La Escritura y la Tradición proceden de una misma fuente divina y forman un único depósito sagrado de la Palabra de Dios.

La Tradición apostólica transmitió la fe antes incluso de que existiera el Nuevo Testamento escrito.

La Escritura, por su parte, conserva inspiradamente esa misma fe.

Ambas realidades son inseparables.

El Magisterio al servicio de la Palabra

El Concilio enseña también que el Magisterio de la Iglesia no está por encima de la Palabra de Dios.

Su misión consiste en custodiarla, interpretarla auténticamente y transmitirla fielmente.

Por ello existe una armonía profunda entre:

  • Sagrada Escritura,
  • Tradición Apostólica,
  • Magisterio de la Iglesia.

Estos tres elementos no pueden separarse sin dañar la integridad de la fe.

La importancia de la Biblia

Uno de los grandes frutos de Dei Verbum fue impulsar una mayor familiaridad de los fieles con la Sagrada Escritura.

El Concilio exhorta a todos los cristianos a leer frecuentemente la Biblia.

La Iglesia no teme la lectura de la Escritura.

Al contrario.

La recomienda y la promueve.

La Palabra de Dios alimenta:

  • la oración,
  • la predicación,
  • la catequesis,
  • la teología,
  • la vida espiritual.

La Palabra que transforma la vida

La Revelación no es simplemente información religiosa.

Es una invitación a la conversión.

Cada vez que Dios habla, espera una respuesta.

La fe es precisamente esa respuesta libre y confiada del hombre a la Palabra divina.

La Revelación alcanza su fruto cuando transforma la existencia cotidiana.

No basta conocer la Palabra.

Es necesario vivirla.

Actualidad de Dei Verbum

En una cultura saturada de información, opiniones y mensajes contradictorios, Dei Verbum nos recuerda dónde encontrar la verdad que no cambia.

La Iglesia continúa proclamando que la Palabra de Dios permanece viva y eficaz.

Hoy más que nunca los cristianos necesitan:

  • leer la Biblia,
  • meditarla,
  • estudiarla,
  • rezarla,
  • vivirla.

Sólo así podremos permanecer firmes en medio de la confusión doctrinal de nuestro tiempo.


El Catecismo enseña:

“La Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo.”

(CEC 81)

Asimismo, San Juan Pablo II afirmó que la Iglesia vive de la Palabra de Dios y encuentra en ella la fuente permanente de su renovación.

Por su parte, Benedicto XVI recordó que el cristianismo no es la religión de un libro, sino de la Palabra viva de Dios hecha carne en Jesucristo.

Aplicación espiritual

Este capítulo introductorio nos invita a preguntarnos:

  • ¿Escucho verdaderamente la Palabra de Dios?
  • ¿Leo con frecuencia la Sagrada Escritura?
  • ¿Permito que Dios ilumine mis decisiones?
  • ¿Busco conocer mejor la fe de la Iglesia?
  • ¿Respondo con obediencia a la voz del Señor?

La Revelación no es un acontecimiento del pasado.

Dios sigue hablando hoy a quienes abren el corazón.

Defensa de la fe

Error frecuente

“La Biblia es la única fuente de la Revelación cristiana.”

Respuesta católica

La Iglesia enseña que la Palabra de Dios se transmite mediante la Sagrada Escritura y la Tradición Apostólica, íntimamente unidas y custodiadas por el Magisterio. Esta doctrina fue reafirmada claramente por Dei Verbum en plena continuidad con toda la Tradición católica.

Propósito para hoy

Leeré el prólogo de Dei Verbum y dedicaré al menos quince minutos a la lectura orante de un pasaje del Evangelio.

Oración final

Señor Dios, que has querido revelarte por amor a la humanidad, abre nuestro corazón para escuchar tu voz. Haz que amemos tu Palabra, la meditemos con fe y la pongamos en práctica cada día. Que la Sagrada Escritura ilumine nuestros pasos y nos conduzca siempre hacia Jesucristo, tu Palabra eterna y definitiva. Amén.

 

Introducción general a la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación

“Dios habla a su pueblo”

“Muchas veces y de muchos modos habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo.”

(Hebreos 1,1-2)


Después de contemplar el misterio de la Iglesia en Lumen Gentium, el Concilio Vaticano II nos conduce ahora hacia la fuente misma de la fe cristiana: la Palabra de Dios.

La Constitución Dogmática Dei Verbum es uno de los documentos más hermosos y profundos del Concilio. En ella la Iglesia nos recuerda una verdad fundamental:

Dios no ha permanecido en silencio. Dios ha querido darse a conocer y entrar en diálogo con la humanidad.

Toda la historia de la salvación es la historia de un Dios que habla, llama, guía, corrige, consuela y salva.

La Revelación no consiste simplemente en un conjunto de doctrinas o normas morales. Es, ante todo, el encuentro de Dios con el hombre.

Contexto histórico del documento

Durante los siglos XIX y XX surgieron numerosas corrientes filosóficas y teológicas que cuestionaban la inspiración divina de la Sagrada Escritura, la historicidad de los Evangelios y la autoridad de la Tradición apostólica.

Al mismo tiempo, muchos católicos tenían un acceso limitado a la Biblia.

El Concilio Vaticano II quiso responder a estos desafíos presentando una enseñanza clara y profundamente bíblica sobre la Revelación divina.

La Constitución Dei Verbum fue promulgada por San Pablo VI el 18 de noviembre de 1965 y se convirtió en uno de los textos más influyentes de todo el Concilio.

¿Qué significa “Dei Verbum”?

El título proviene de las primeras palabras latinas del documento:

Dei Verbum

es decir,

“La Palabra de Dios”.

Esta expresión no se refiere solamente a la Biblia.

La Palabra definitiva de Dios es Jesucristo mismo.

Cristo es la Revelación perfecta del Padre.

Toda la Escritura y toda la Tradición encuentran en Él su cumplimiento.

Dios toma la iniciativa

Una de las enseñanzas centrales del documento es que la Revelación nace de la iniciativa amorosa de Dios.

No es el hombre quien descubre a Dios por sus propias fuerzas.

Es Dios quien sale al encuentro del hombre.

El Concilio afirma que Dios quiso manifestarse para invitarnos a participar de su propia vida divina.

Por amor se revela.

Por amor habla.

Por amor llama a la comunión con Él.

La Revelación alcanza su plenitud en Cristo

A lo largo de la historia de Israel, Dios habló mediante:

  • los patriarcas,
  • Moisés,
  • los profetas,
  • los acontecimientos de la historia de la salvación.

Sin embargo, todas esas manifestaciones preparaban la Revelación definitiva.

Esa Revelación es Jesucristo.

Él no sólo transmite un mensaje.

Él mismo es el Mensaje.

Quien ve a Cristo ve al Padre.

Quien escucha a Cristo escucha la voz de Dios.

Por eso después de Cristo no habrá una nueva Revelación pública.

En Él Dios ha dicho su Palabra definitiva.

Escritura y Tradición

Uno de los aportes más importantes de Dei Verbum consiste en explicar la relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición.

Algunas personas piensan erróneamente que la fe católica se basa en dos fuentes separadas.

El Concilio enseña algo más profundo.

La Escritura y la Tradición proceden de una misma fuente divina y forman un único depósito sagrado de la Palabra de Dios.

La Tradición apostólica transmitió la fe antes incluso de que existiera el Nuevo Testamento escrito.

La Escritura, por su parte, conserva inspiradamente esa misma fe.

Ambas realidades son inseparables.

El Magisterio al servicio de la Palabra

El Concilio enseña también que el Magisterio de la Iglesia no está por encima de la Palabra de Dios.

Su misión consiste en custodiarla, interpretarla auténticamente y transmitirla fielmente.

Por ello existe una armonía profunda entre:

  • Sagrada Escritura,
  • Tradición Apostólica,
  • Magisterio de la Iglesia.

Estos tres elementos no pueden separarse sin dañar la integridad de la fe.

La importancia de la Biblia

Uno de los grandes frutos de Dei Verbum fue impulsar una mayor familiaridad de los fieles con la Sagrada Escritura.

El Concilio exhorta a todos los cristianos a leer frecuentemente la Biblia.

La Iglesia no teme la lectura de la Escritura.

Al contrario.

La recomienda y la promueve.

La Palabra de Dios alimenta:

  • la oración,
  • la predicación,
  • la catequesis,
  • la teología,
  • la vida espiritual.

La Palabra que transforma la vida

La Revelación no es simplemente información religiosa.

Es una invitación a la conversión.

Cada vez que Dios habla, espera una respuesta.

La fe es precisamente esa respuesta libre y confiada del hombre a la Palabra divina.

La Revelación alcanza su fruto cuando transforma la existencia cotidiana.

No basta conocer la Palabra.

Es necesario vivirla.

Actualidad de Dei Verbum

En una cultura saturada de información, opiniones y mensajes contradictorios, Dei Verbum nos recuerda dónde encontrar la verdad que no cambia.

La Iglesia continúa proclamando que la Palabra de Dios permanece viva y eficaz.

Hoy más que nunca los cristianos necesitan:

  • leer la Biblia,
  • meditarla,
  • estudiarla,
  • rezarla,
  • vivirla.

Sólo así podremos permanecer firmes en medio de la confusión doctrinal de nuestro tiempo.

Voz del Magisterio

El Catecismo enseña:

“La Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo.”

(CEC 81)

Asimismo, San Juan Pablo II afirmó que la Iglesia vive de la Palabra de Dios y encuentra en ella la fuente permanente de su renovación.

Por su parte, Benedicto XVI recordó que el cristianismo no es la religión de un libro, sino de la Palabra viva de Dios hecha carne en Jesucristo.

Aplicación espiritual

Este capítulo introductorio nos invita a preguntarnos:

  • ¿Escucho verdaderamente la Palabra de Dios?
  • ¿Leo con frecuencia la Sagrada Escritura?
  • ¿Permito que Dios ilumine mis decisiones?
  • ¿Busco conocer mejor la fe de la Iglesia?
  • ¿Respondo con obediencia a la voz del Señor?

La Revelación no es un acontecimiento del pasado.

Dios sigue hablando hoy a quienes abren el corazón.

Defensa de la fe

Error frecuente

“La Biblia es la única fuente de la Revelación cristiana.”

Respuesta católica

La Iglesia enseña que la Palabra de Dios se transmite mediante la Sagrada Escritura y la Tradición Apostólica, íntimamente unidas y custodiadas por el Magisterio. Esta doctrina fue reafirmada claramente por Dei Verbum en plena continuidad con toda la Tradición católica.

Propósito para hoy

Leeré el prólogo de Dei Verbum y dedicaré al menos quince minutos a la lectura orante de un pasaje del Evangelio.

Oración final

Señor Dios, que has querido revelarte por amor a la humanidad, abre nuestro corazón para escuchar tu voz. Haz que amemos tu Palabra, la meditemos con fe y la pongamos en práctica cada día. Que la Sagrada Escritura ilumine nuestros pasos y nos conduzca siempre hacia Jesucristo, tu Palabra eterna y definitiva. Amén.

 

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


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