Serie:
“Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy”
Artículo N.º 13
Sacrosanctum Concilium – Capítulo III
Los demás sacramentos y los sacramentales
“Cristo continúa santificando a su pueblo”
“Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones; bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” (Mateo 28,19)
Cuando pensamos en la liturgia, la mayoría de las veces dirigimos nuestra atención hacia la Santa Misa y la Eucaristía. Sin embargo, la acción santificadora de Cristo no se limita al altar eucarístico.
El Señor acompaña toda nuestra existencia mediante los sacramentos y los sacramentales.
Desde el nacimiento hasta la muerte, la Iglesia administra los tesoros de la gracia que Cristo le ha confiado.
Por medio de ellos, el Señor fortalece nuestra fe, sana nuestras heridas, nos alimenta espiritualmente, consagra nuestras vocaciones y nos prepara para la vida eterna.
Por eso, después de presentar el misterio de la Eucaristía, el Concilio dedica el Capítulo III de Sacrosanctum Concilium a los demás sacramentos y a los sacramentales.
A mediados del siglo XX, muchos fieles recibían los sacramentos con fe, pero en ocasiones sin comprender plenamente su significado profundo.
Los Padres Conciliares observaron la necesidad de fortalecer la catequesis sacramental para ayudar a los cristianos a descubrir la riqueza espiritual de los signos instituidos por Cristo.
El Concilio deseaba que los fieles comprendieran mejor que los sacramentos no son simples ceremonias religiosas, sino encuentros reales con Jesucristo que actúa en su Iglesia.
¿Qué son los sacramentos?
Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia para comunicar la vida divina.
Son acciones de Cristo mismo.
Cuando se celebra un sacramento:
Por ello los sacramentos son el medio ordinario por el cual Dios comunica su gracia al hombre.
Los siete sacramentos
La Iglesia reconoce siete sacramentos instituidos por Nuestro Señor Jesucristo.
Sacramentos de iniciación cristiana
Bautismo
Nos libera del pecado original.
Nos hace hijos de Dios.
Nos incorpora a la Iglesia.
Confirmación
Fortalece los dones recibidos en el Bautismo.
Nos hace testigos más firmes de Cristo.
Eucaristía
Alimenta nuestra vida espiritual con el mismo Cristo.
Sacramentos de curación
Penitencia o Reconciliación
Nos devuelve la gracia perdida por el pecado.
Nos reconcilia con Dios y con la Iglesia.
Unción de los Enfermos
Fortalece espiritualmente al enfermo y lo une al misterio redentor de Cristo.
Sacramentos al servicio de la comunión
Orden Sagrado
Consagra a quienes son llamados al ministerio apostólico.
Matrimonio
Santifica la unión entre un hombre y una mujer bautizados.
Los convierte en signo del amor de Cristo por su Iglesia.
Cristo actúa en cada sacramento
Uno de los principios fundamentales de este capítulo es que Cristo continúa presente y actuante en todos los sacramentos.
Los ministros son instrumentos.
La acción principal pertenece al Señor.
Por ello los sacramentos producen la gracia que significan.
No dependen de la santidad personal del ministro.
Su eficacia proviene de Cristo.
Esta verdad ofrece seguridad y confianza al Pueblo de Dios.
La dimensión comunitaria de los sacramentos
El Concilio recuerda que los sacramentos no son actos privados.
Aunque benefician personalmente a quien los recibe, siempre fortalecen a toda la Iglesia.
Cada Bautismo enriquece al Pueblo de Dios.
Cada Confirmación fortalece la misión evangelizadora.
Cada Matrimonio fortalece a la familia cristiana.
Cada Ordenación enriquece el ministerio de la Iglesia.
Cada absolución sacramental fortalece la comunión eclesial.
Los sacramentos construyen el Cuerpo de Cristo.
¿Qué son los sacramentales?
Además de los sacramentos, la Iglesia posee una riqueza espiritual conocida como sacramentales.
Los sacramentales son signos sagrados instituidos por la Iglesia para preparar a los fieles a recibir mejor la gracia y santificar las diversas circunstancias de la vida.
No producen la gracia sacramental propia de los siete sacramentos, pero disponen el corazón para recibirla más abundantemente.
Ejemplos de sacramentales
Entre los sacramentales encontramos:
La Iglesia utiliza estos signos para recordar continuamente la presencia de Dios en la vida cotidiana.
La santificación de toda la vida
Una de las enseñanzas más hermosas de este capítulo es que toda la vida puede ser santificada.
Cristo no desea encontrarse con nosotros únicamente dentro del templo.
Quiere acompañarnos:
Los sacramentos y sacramentales extienden la acción santificadora de Cristo a todas las dimensiones de la existencia humana.
La importancia de la preparación
El Concilio insiste en la necesidad de preparar adecuadamente la recepción de los sacramentos.
No basta cumplir un requisito externo.
Es necesario:
Cuanto mejor preparados estemos, más abundantes serán los frutos espirituales.
Voz del Magisterio
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
“Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, finalmente, a dar culto a Dios.”
(CEC 1123)
Asimismo, San Juan Pablo II recordaba que los sacramentos acompañan toda la vida del cristiano y hacen visible la cercanía de Dios a su pueblo.
Este capítulo nos invita a redescubrir el valor inmenso de los sacramentos.
Podemos preguntarnos:
La vida sacramental no es un añadido opcional.
Es el camino ordinario querido por Cristo para conducirnos a la salvación.
Defensa de la fe
Error frecuente
“Todos los sacramentales tienen el mismo valor que los sacramentos.”
Respuesta católica
Los sacramentos fueron instituidos directamente por Cristo y comunican la gracia sacramental. Los sacramentales fueron instituidos por la Iglesia y preparan a los fieles para recibir mejor la gracia. Ambos son valiosos, pero poseen naturaleza y eficacia distintas.
Propósito para hoy
Daré gracias a Dios por los sacramentos que he recibido a lo largo de mi vida y rezaré para recibir siempre con mayor fe y preparación las gracias que Cristo me ofrece a través de ellos.
Oración final
Señor Jesucristo, que has querido permanecer cercano a tu pueblo mediante los sacramentos y sacramentales de tu Iglesia, aumenta en nosotros el amor por estos dones sagrados. Haz que recibamos con fe viva la gracia que nos ofreces y que toda nuestra vida sea transformada por tu presencia. Que caminemos fielmente por la senda de la santidad hasta llegar un día a la plenitud de tu Reino. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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