14 de febrero: San Valentín y la verdad del amor cristiano
Cada 14 de febrero el mundo habla de amor. Se intercambian flores, mensajes, cenas especiales y gestos románticos. Sin embargo, desde la mirada de la Iglesia, esta fecha solo alcanza su verdadera profundidad cuando se la libera de lo superficial y se la reconduce a su raíz cristiana.
San Valentín no fue un símbolo romántico en el sentido moderno. Fue un mártir. Un hombre que dio la vida por Cristo en tiempos de persecución y que, según la tradición, acompañó y bendijo a parejas cristianas cuando el matrimonio mismo era un acto de fe y valentía. Su testimonio nos recuerda que el amor auténtico no es cómodo ni frágil: es fiel, es valiente y está dispuesto al sacrificio.
Por eso, para una pareja cristiana, el 14 de febrero no es simplemente una celebración sentimental, sino una ocasión providencial para recordar que el amor verdadero nace de la fidelidad a Dios y se sostiene en la entrega generosa.
El amor como vocación y camino de santidad
La Sagrada Escritura nos enseña que Dios es amor. Esto significa que el amor humano está llamado a reflejar el amor mismo de Dios. No se trata solo de una emoción intensa o de una atracción espontánea. El amor cristiano es decisión, compromiso y perseverancia.
En el matrimonio, el amor se convierte en vocación. Es una alianza que implica cuerpo, corazón y espíritu. Es un camino concreto hacia la santidad. Por eso conviene preguntarse con honestidad: ¿nuestro amor nos acerca más a Cristo? ¿Nos ayuda a crecer en virtud, en paciencia, en capacidad de perdón? ¿Somos mejores cristianos gracias a la persona que Dios ha puesto a nuestro lado?
Cuando el amor se vive así, deja de ser un sentimiento que depende del estado de ánimo y se transforma en una misión compartida.
Más allá de lo comercial: la profundidad del amor cotidiano
La cultura actual tiende a reducir el amor a gestos espectaculares o a expresiones externas. Pero el amor cristiano no se mide por el costo de un regalo ni por la apariencia de una celebración. Se mide por la donación cotidiana.
Se
mide por la paciencia cuando el otro está cansado.
Por el perdón cuando surgen heridas.
Por la fidelidad en las pequeñas cosas.
Por la capacidad de escuchar sin juzgar.
Por la perseverancia cuando llegan las pruebas.
Muchos de los actos más grandes de amor no se publican ni se exhiben. Se viven en el silencio de una casa, en la constancia de cada día, en la decisión firme de permanecer unidos incluso cuando las emociones fluctúan.
A los matrimonios que desean vivir el amor más allá de lo comercial, el mensaje es claro y exigente: no tengan miedo de la profundidad. Cuiden lo esencial. Recen juntos. Dialoguen con sinceridad. Participen de la Eucaristía. Renueven el sacramento que los une. No permitan que la rutina apague la ternura ni que el orgullo cierre la puerta al perdón.
Sugerencias de regalos desde la fe
Regalar también puede ser un acto espiritual si expresa intención, compromiso y visión de futuro. Algunas propuestas sencillas y profundas:
–
Una Biblia con una dedicatoria personal y una cita subrayada que acompañe su
historia.
– Un rosario para rezarlo juntos, pidiendo por la fidelidad y la perseverancia.
– Un cuadro o imagen de la Sagrada Familia para consagrar el hogar.
– Un libro de formación matrimonial o espiritual que puedan leer y comentar.
– Una carta escrita a mano donde se renueven las promesas y se pidan perdón
mutuamente.
– Ofrecer una Misa por la pareja como gesto de gratitud y protección.
– Planificar una visita al Santísimo o una jornada de retiro en pareja.
No se trata de descartar los detalles materiales, sino de darles sentido. Incluso una cena sencilla puede convertirse en un momento sagrado si antes se ora juntos y se agradece a Dios por el don del otro.
Cómo celebrar este día desde el amor y la fe
El 14 de febrero puede vivirse de manera concreta y profunda:
Comenzar
el día con una oración juntos.
Renovar interiormente las promesas matrimoniales.
Compartir un momento de diálogo sincero sobre sueños y desafíos.
Pedir perdón por las faltas cometidas durante el año.
Participar en la Eucaristía y poner el amor en el altar.
La celebración cristiana no excluye la alegría ni la ternura. Al contrario, las purifica y las fortalece. Cuando el amor se apoya en Cristo, incluso las pruebas se transforman en ocasión de madurez y gracia.
En este 14 de febrero, la Iglesia no propone una celebración vacía, sino una renovación interior. El amor no se compra: se cultiva. No se improvisa: se construye. No se impone: se ofrece.
Y cuando está arraigado en Dios, el amor humano se convierte en reflejo del amor eterno.
Oración por las parejas de enamorados
Señor
Jesús,
Tú que eres el Amor verdadero,
mira con bondad a las parejas de enamorados.
Purifica
sus sentimientos,
hazlos crecer en respeto, fidelidad y generosidad.
Que aprendan a mirarse con tus ojos
y a tratarse con la delicadeza con que Tú amas a tu Iglesia.
Guárdalos
de la superficialidad y del egoísmo.
Enséñales que el amor auténtico se construye con paciencia,
se fortalece en el sacrificio
y se sostiene en la gracia.
Que,
si es tu voluntad, lleguen al matrimonio
con un corazón maduro y firme,
dispuestos a amarse en la alegría y en la prueba,
todos los días de su vida.
Amén.
Pbro.Alfredo José Uzcátegui M.
Vicario parroquial.
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