Martes 21 de abril de 2026
Tercera Semana de Pascua
“Señor, danos siempre de ese pan” (Jn 6, 34)
La liturgia de hoy nos introduce en un momento fuerte de la vida de la Iglesia naciente y, al mismo tiempo, nos abre al misterio más grande de nuestra fe: Jesucristo, Pan de Vida. La Palabra de Dios no se queda en el pasado; ilumina nuestro presente y nos impulsa con esperanza hacia el futuro.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 7, 51–8, 1), contemplamos el testimonio de san Esteban, el primer mártir. Su muerte no es derrota, sino semilla. En medio de la persecución, Esteban entrega su vida con una confianza absoluta en Dios, repitiendo en su corazón lo que el salmista proclama: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu” (Sal 30). Esta entrega total revela una fe madura, firme, profundamente anclada en Cristo.
El Evangelio según san Juan (Jn 6, 30-35) nos presenta a Jesús como el verdadero Pan bajado del cielo. El pueblo pide signos, pero Jesús les ofrece algo mucho más grande: no un milagro pasajero, sino su propia Persona como alimento eterno. Él es el Pan que sacia el hambre más profunda del ser humano, el hambre de sentido, de amor, de vida eterna.
Aquí encontramos una verdad central: quien se alimenta de Cristo no vive de apariencias ni de superficialidades, sino de una relación viva que transforma el corazón.
Cristo, Pan de Vida: una respuesta para el mundo de hoy
Vivimos en una sociedad que busca constantemente saciar su hambre con bienes materiales, éxito, reconocimiento o placer. Sin embargo, todo eso, aunque legítimo en su justa medida, no logra llenar el corazón humano. Solo Cristo puede hacerlo.
El Magisterio de la Iglesia nos recuerda que la Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Lumen Gentium, 11). En ella, Cristo mismo se nos da como alimento, como fuerza para el camino, como luz en medio de nuestras luchas.
San Agustín decía: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Esa inquietud que experimentamos no es debilidad, sino una llamada: es el alma que busca el Pan verdadero.
El testimonio de los mártires: esperanza que no se apaga
La muerte de Esteban inaugura una etapa de persecución, pero también de expansión de la Iglesia. Lo que parecía un fracaso se convierte en misión. Así actúa Dios: transforma el dolor en gracia, la cruz en victoria, la muerte en vida.
Este mensaje es profundamente actual. En medio de dificultades personales, familiares o sociales, el cristiano no pierde la esperanza. Al contrario, descubre que Dios sigue actuando, incluso en las situaciones más oscuras.
La vida de fe no elimina las pruebas, pero nos da una certeza: no estamos solos, Cristo camina con nosotros.
San Anselmo: fe que busca comprender
Hoy la Iglesia celebra a San Anselmo de Canterbury, doctor de la Iglesia, quien nos dejó una enseñanza luminosa: “fides quaerens intellectum” (la fe que busca comprender).
San Anselmo nos enseña que la fe no es irracional, sino profundamente razonable; que creer no es renunciar a pensar, sino elevar el pensamiento hacia la verdad. En un mundo donde muchas veces se separa fe y razón, su testimonio nos invita a integrarlas.
Creer en Cristo, Pan de Vida, no es un acto ciego, sino una respuesta libre y consciente a un Dios que se revela y se entrega.
Tres mensajes de hoy
Propósito para hoy
Hoy haz un acto concreto de amor a la Eucaristía: participa con mayor conciencia en la Santa Misa o realiza una visita al Santísimo Sacramento. Habla con Jesús y dile con fe: “Señor, dame siempre de ese Pan”.
Pensar, sentir y actuar
Hoy estamos llamados a pensar en qué estamos buscando saciar nuestra vida, a sentir hambre verdadera de Dios y a actuar acercándonos con fe a Cristo Eucaristía, confiando plenamente en Él y viviendo con esperanza renovada, sabiendo que solo en Él encontramos la vida plena que no pasa.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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