20
ABR
2026

Permanecer en la verdad que alimenta: fe firme en medio de la prueba



Permanecer en la verdad que alimenta: fe firme en medio de la prueba

En este tiempo pascual, la Iglesia nos sigue conduciendo por un camino de luz, donde la Resurrección de Cristo no es un recuerdo lejano, sino una fuerza viva que transforma nuestra existencia. La Palabra de Dios de hoy nos invita a mirar con profundidad dos realidades esenciales de la vida cristiana: la fidelidad en medio de la persecución y la búsqueda del verdadero alimento que da vida eterna.

El libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 6, 8-15) nos presenta la figura de Esteban, lleno de gracia y poder. Su testimonio no pasa desapercibido: su vida coherente provoca admiración, pero también rechazo. Como en tiempos de Cristo, la verdad incomoda a quienes viven en la mentira. Esteban es acusado falsamente, pero su rostro resplandece como el de un ángel. Es la imagen del cristiano auténtico: aquel que, aun en medio de la injusticia, refleja la paz y la presencia de Dios.

Aquí encontramos una enseñanza profunda de la Tradición de la Iglesia: el discípulo de Cristo no busca el conflicto, pero tampoco huye de la verdad. Como enseñaban los Padres de la Iglesia, especialmente san Agustín, la verdad no necesita imponerse por la fuerza, porque su luz se impone por sí misma en el corazón de quien está abierto a Dios.

El Salmo 118 proclama: “Dichoso el que cumple la voluntad del Señor”. Esta dicha no es superficial ni pasajera. Es la alegría de quien ha encontrado sentido en su vida, incluso en medio de las pruebas. La fidelidad a la voluntad de Dios es el camino seguro hacia la verdadera libertad.

En el Evangelio según san Juan (Jn 6, 22-29), Jesús va al corazón del hombre. La multitud lo busca, pero Él desenmascara sus intenciones: no lo buscan por fe, sino por interés. Han comido pan material, pero no han comprendido el signo. Jesús los invita a ir más allá: “Trabajen no por el alimento que perece, sino por el que permanece para la vida eterna”.

Estas palabras tienen una fuerza profundamente actual. Vivimos en una cultura que nos empuja constantemente a buscar lo inmediato, lo material, lo pasajero. Sin embargo, el Señor nos recuerda que hay un alimento que no se corrompe: su Palabra, su presencia, su gracia, y de manera eminente, la Eucaristía.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (CEC 1324). Allí encontramos el verdadero alimento que sostiene el alma, que nos fortalece para vivir en la verdad, como Esteban, y que nos da la gracia para perseverar en medio de las dificultades.

Jesús responde con claridad cuando le preguntan qué deben hacer: “La obra de Dios es que crean en el que Él ha enviado”. La fe no es solo una idea o un sentimiento: es una adhesión total a Cristo, que transforma nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar.

Hoy más que nunca, estamos llamados a redescubrir la centralidad de la fe en nuestra vida. No una fe superficial, sino una fe encarnada, comprometida, valiente. Una fe que se alimenta en la oración, en la Palabra y en los sacramentos. Una fe que se traduce en obras concretas de amor.

Tres mensajes de hoy

  1. La fidelidad a la verdad tiene un costo, pero es el camino seguro hacia la santidad.
  2. No todo lo que buscamos alimenta el alma; solo Cristo sacia plenamente el corazón humano.
  3. La fe en Jesucristo es la obra fundamental que da sentido y dirección a toda nuestra vida.

Propósito para hoy

Examinar con sinceridad qué estoy buscando en mi vida: ¿lo pasajero o lo eterno? Hoy haré un momento de oración ante el Señor, pidiéndole una fe más profunda, y procuraré acercarme —si es posible— a la Eucaristía o, al menos, vivir una comunión espiritual consciente y fervorosa.

Que la Santísima Virgen María, mujer fiel y creyente, nos enseñe a permanecer firmes en la verdad, a buscar siempre a su Hijo y a alimentarnos de Él, que es el Pan de Vida.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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