04
JUL
2026

«Dios hace nuevas todas las cosas»



SÁBADO 4 DE JULIO DE 2026
XIII Semana del Tiempo Ordinario
Memoria de Santa Isabel de Portugal

«Dios hace nuevas todas las cosas»

Lecturas del día:

  • Primera lectura: Amós 9, 11-15
  • Salmo Responsorial: Salmo 84 (85): «Escucharé las palabras del Señor.»
  • Evangelio: Mateo 9, 14-17

Dios nunca abandona la obra de sus manos

La Palabra de Dios que la Iglesia nos propone en este sábado está llena de esperanza. Después de varios días en los que el profeta Amós anunció el juicio sobre la infidelidad del pueblo, hoy contemplamos un cambio extraordinario. Dios pronuncia la última palabra, y esa palabra no es castigo, sino restauración; no es destrucción, sino reconstrucción; no es desesperanza, sino futuro.

Esta es una de las grandes constantes de toda la Sagrada Escritura: Dios corrige para salvar, purifica para renovar y permite la prueba para conducir a una vida nueva.

El Señor jamás deja a sus hijos prisioneros del pasado. Siempre abre caminos nuevos.

Esta misma dinámica aparece en el Evangelio cuando Jesús habla del vino nuevo y de los odres nuevos. El Reino que Él inaugura no consiste en reparar superficialmente lo antiguo, sino en transformar profundamente el corazón humano mediante la gracia.

Toda la liturgia de hoy puede resumirse en una sola afirmación:

Dios está haciendo algo nuevo en tu vida.

Primera lectura

«Levantaré la choza caída de David»

El capítulo final del libro de Amós constituye uno de los textos más esperanzadores del Antiguo Testamento.

Después de denunciar durante nueve capítulos la injusticia social, la idolatría, la corrupción religiosa y el olvido de los pobres, el Señor sorprende al pueblo con una promesa maravillosa:

"Levantaré la choza caída de David."

La "choza" representa el reino aparentemente destruido.

Todo parecía perdido.

Pero Dios promete reconstruir.

No solamente restaurará el reino.

También restaurará la tierra, las cosechas, la paz, la alegría y la bendición.

El profeta utiliza imágenes llenas de belleza:

  • los montes destilarán vino,
  • las colinas manarán leche,
  • el sembrador alcanzará al segador,
  • el pueblo volverá a plantar viñas,
  • construirán ciudades,
  • disfrutarán del fruto de su trabajo.

Es la imagen bíblica del retorno a la comunión con Dios.

Una profecía cumplida en Cristo

Los Padres de la Iglesia vieron en esta profecía mucho más que la restauración política de Israel.

San Agustín enseña que la casa de David alcanza su plenitud en Jesucristo, el Mesías esperado.

Él es el verdadero descendiente de David.

En Él se reconstruye definitivamente el Pueblo de Dios.

Por eso esta profecía alcanza su cumplimiento en la Iglesia.

Cristo reúne a hombres y mujeres de todas las naciones para formar una sola familia.

Como enseñará posteriormente el Concilio Vaticano II, la Iglesia es el Pueblo de Dios convocado por Cristo para conducir a toda la humanidad hacia la comunión definitiva con el Padre.

El Salmo

«Escucharé las palabras del Señor»

El Salmo 84 responde perfectamente a la primera lectura.

Después del sufrimiento aparece la esperanza.

Después del pecado florece la misericordia.

El salmista contempla un mundo nuevo donde:

  • la misericordia y la verdad se encuentran,
  • la justicia y la paz se besan,
  • la fidelidad brota de la tierra,
  • la justicia mira desde el cielo.

No es simplemente poesía.

Es la descripción del Reino de Dios inaugurado por Jesucristo.

Cuando Cristo reina en un corazón, comienzan a reconciliarse todas las dimensiones de la persona.

La paz deja de ser una ilusión.

La justicia deja de ser una teoría.

La verdad deja de ser un discurso.

Todo empieza a convertirse en vida.

Por eso el salmista afirma:

«Escucharé las palabras del Señor.»

La esperanza nace cuando dejamos hablar a Dios.

Muchas veces escuchamos demasiadas voces:

  • el miedo,
  • la ansiedad,
  • las noticias negativas,
  • el pesimismo,
  • la crítica constante.

Pero pocas veces hacemos silencio para escuchar al Señor.

Y solamente su voz puede devolver la paz al corazón.

El Evangelio

«Vino nuevo en odres nuevos»

El Evangelio presenta una escena muy sencilla.

Los discípulos de Juan preguntan por qué los discípulos de Jesús no ayunan.

La respuesta del Señor cambia completamente la perspectiva.

Mientras el esposo está presente, la fiesta tiene prioridad.

Jesús se presenta como el Esposo anunciado por los profetas.

Con Él comienza el tiempo nuevo de la salvación.

Después utiliza dos imágenes inolvidables.

Nadie coloca un remiendo nuevo sobre un vestido viejo.

Nadie pone vino nuevo en odres viejos.

¿Por qué?

Porque terminarían rompiéndose.

El vino nuevo del Espíritu Santo

Los Padres de la Iglesia interpretan el vino nuevo como la gracia del Espíritu Santo.

Cristo no vino únicamente a corregir algunos comportamientos.

Vino a crear un hombre nuevo.

No basta cambiar algunas costumbres.

Es necesario renovar el corazón.

No basta cumplir normas externas.

Hace falta una conversión interior.

No basta aparentar religiosidad.

Hace falta una relación viva con Jesucristo.

El Papa Benedicto XVI enseñaba que el cristianismo no comienza con una idea ni con una norma moral, sino con el encuentro con una Persona que cambia la vida.

Ese encuentro produce un corazón nuevo.

Y solamente un corazón nuevo puede contener el vino nuevo del Evangelio.

¿Cuáles son hoy nuestros odres viejos?

El Evangelio nos invita a preguntarnos:

¿Qué necesita renovar Cristo en mi vida?

Quizá un resentimiento antiguo.

Quizá una rutina espiritual.

Quizá una fe superficial.

Quizá un pecado repetido.

Quizá una manera negativa de mirar el futuro.

Quizá el miedo al cambio.

Quizá el orgullo.

Quizá la falta de perdón.

El Señor no quiere simplemente reparar nuestras heridas.

Quiere transformarnos completamente.

Santa Isabel de Portugal

La mujer que convirtió los conflictos en caminos de paz

Hoy la Iglesia celebra a Santa Isabel de Portugal, reina, esposa, madre y extraordinaria constructora de paz.

Su vida fue un verdadero comentario viviente del Evangelio.

En medio de las tensiones políticas y familiares, nunca respondió con violencia.

Respondió con oración.

Con caridad.

Con reconciliación.

Con humildad.

Con una inmensa confianza en Dios.

La tradición recuerda el conocido milagro de las rosas: cuando llevaba pan escondido para repartir entre los pobres y fue interrogada por el rey, el pan se transformó milagrosamente en rosas.

Más allá del carácter piadoso de esta tradición, el mensaje permanece profundamente actual:

Quien vive para los demás siempre deja florecer la esperanza.

Santa Isabel comprendió que el verdadero vino nuevo del Evangelio es la caridad.

Ella renovó su tiempo no mediante el poder, sino mediante la santidad.

También hoy la Iglesia necesita hombres y mujeres capaces de construir puentes, sanar heridas y sembrar reconciliación.

Tres mensajes para vivir hoy

1. Dios siempre puede reconstruir lo que parece perdido

No existe fracaso definitivo para quien confía en el Señor.

Él puede levantar familias, vocaciones, comunidades, proyectos y corazones aparentemente destruidos.

Nunca es tarde para comenzar de nuevo.

2. Cristo quiere renovar nuestro corazón

No basta conservar costumbres religiosas.

El Señor desea que nuestra relación con Él sea viva, alegre, profunda y transformadora.

El Evangelio siempre nos invita a crecer.

3. La esperanza cristiana mira siempre hacia adelante

El cristiano no vive prisionero del pasado.

Mira el futuro con confianza porque sabe que Cristo Resucitado camina delante de su pueblo.

Donde otros ven ruinas, Dios ya está preparando una nueva cosecha.

Para nuestra vida parroquial

Toda parroquia necesita dejarse renovar continuamente por el Espíritu Santo.

No se trata de abandonar la riqueza de la Tradición de la Iglesia, sino de permitir que esa misma Tradición siga dando frutos nuevos en cada generación.

Una comunidad viva conserva íntegramente la fe apostólica y, al mismo tiempo, busca nuevos caminos para evangelizar, acoger, formar discípulos y servir a los más necesitados.

Cada bautizado está llamado a convertirse en un "odre nuevo", disponible para recibir la gracia y comunicarla con alegría a los demás.

Propósito para hoy

Dedicaré unos minutos de silencio para escuchar la voz del Señor en la oración y le pediré que renueve aquello que necesita ser transformado en mi vida. Además, realizaré un gesto concreto de reconciliación, paz o caridad siguiendo el ejemplo de Santa Isabel de Portugal.

Oración final

Señor Jesús, Tú eres el vino nuevo que alegra el corazón de la humanidad. Derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo para que renueves nuestra mente, nuestro corazón y nuestras obras. Levanta lo que está caído, fortalece nuestra esperanza y haz de nuestra comunidad un signo vivo de tu Reino. Que, siguiendo el ejemplo de Santa Isabel de Portugal, seamos instrumentos de paz, reconciliación y caridad, llevando tu amor a todos los que encontremos en nuestro camino. Amén.

 Pbro. Alfredo Uzcátegui.



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