01
SEP
2024

Vivir según la Ley de Dios

Vivir según la Ley de Dios


Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco: Tú eres bueno y clemente, y rico en misericordia con quien te invoca. Sal 85, 3.5


Vigésimo segundo Domingo del Tiempo Ordinario: Vivir según la Ley de Dios


Este Vigésimo segundo Domingo del Tiempo Ordinario nos invita a reflexionar profundamente sobre la centralidad de la Ley de Dios en nuestra vida cristiana, a través de las lecturas del Libro del Deuteronomio, el Salmo 14, la Carta del Apóstol Santiago, y el Santo Evangelio según San Marcos. A la luz del Magisterio de la Iglesia y la doctrina católica, estas lecturas nos recuerdan la importancia de vivir una fe auténtica, no solo de palabras, sino con obras que reflejen nuestra verdadera devoción a Dios.


Deuteronomio 4, 1-2.6-8: En esta lectura, Moisés exhorta al pueblo de Israel a escuchar y poner en práctica los mandamientos de Dios, sin añadir ni quitar nada de ellos. Este mensaje resalta la integridad de la Ley de Dios, que no debe ser alterada, sino cumplida fielmente. La grandeza de Israel residirá en la observancia fiel de estos mandamientos, que les garantizarán sabiduría y entendimiento ante las naciones.


Salmo 14: El salmista nos describe a la persona justa que será acogida por el Señor, aquel que actúa con rectitud, habla con verdad, y vive sin mancha. Este salmo es una llamada a la coherencia de vida, donde la justicia y la honestidad se reflejan en las acciones diarias.


Carta de Santiago 1, 17-18.21-22.27: Santiago subraya que todo don perfecto viene de Dios y nos insta a ser "hacedores de la palabra y no solo oyentes". Este llamado a la acción es una advertencia contra una fe superficial, que no se traduce en obras. La verdadera religión, según Santiago, consiste en cuidar de los más vulnerables, como los huérfanos y las viudas, y en mantenernos incontaminados del mundo.


Evangelio según Marcos 7, 1-8.14-15.21-23: Jesús, en este pasaje, critica a los fariseos y escribas por su hipocresía al aferrarse a tradiciones humanas mientras descuidan los mandamientos de Dios. Jesús nos recuerda que la verdadera pureza proviene del corazón y que es desde el interior, de donde brotan los verdaderos males, que contaminan al ser humano.


A la Luz del Magisterio de la Iglesia


El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la Ley de Dios no es una imposición arbitraria, sino una guía amorosa para alcanzar la verdadera libertad y la felicidad plena (CIC 1962-1974). La observancia de esta Ley es un acto de amor a Dios y al prójimo, que se concreta en la vida diaria a través de nuestras decisiones y acciones. El Concilio Vaticano II también subraya la importancia de que los fieles vivan su fe no solo de manera externa, sino desde el corazón, con un amor sincero y comprometido (Gaudium et Spes, 10).


La verdadera pureza no se encuentra en rituales externos, sino en la transformación del corazón y en la vivencia de una fe que se expresa en el amor y la justicia.


Siente el llamado de Dios a examinar tu corazón y tus intenciones, para que tu vida refleje auténticamente Su amor y Su verdad.


Esta semana, toma un tiempo para reflexionar sobre la coherencia entre tus creencias y tus acciones. Haz un esfuerzo consciente por vivir la palabra de Dios en tu trato con los demás, especialmente en la caridad hacia los más necesitados. Conviértete en un hacedor de la palabra, llevando la enseñanza de Cristo a la vida diaria, desde el corazón hacia afuera. 


Que la gracia de Dios nos ayude a vivir una fe auténtica, que brille en medio del mundo como un testimonio del amor y la justicia de Dios.


Por su propia voluntad, el Padre nos engendró por medio del Evangelio, para que fuéramos, en cierto modo, primicias de sus creaturas. St 1,18


Vivir según la Ley de Dios

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