07
JUL
2024

Vivir nuestra misión profética con fe y humildad.

Vivir nuestra misión profética con fe y humildad.


Vivamos la Eucaristía: Décimo Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario


En este mes dedicado a la devoción a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia nos invita a profundizar en nuestra vida sacramental, especialmente en la participación frecuente de la Eucaristía y la confesión. La liturgia de este décimo cuarto domingo del tiempo ordinario nos ofrece una reflexión profunda sobre la misión profética, la humildad y la fe, basándonos en las lecturas del libro del profeta Ezequiel, de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios, y del Santo Evangelio según san Marcos.


Ezequiel 2, 2-5: En esta lectura, Ezequiel es llamado a ser profeta para un pueblo rebelde. La misión de Ezequiel es desafiante, pero Dios le asegura que su tarea es anunciar la verdad, independientemente de si la gente escucha o no. Esta enseñanza nos recuerda la importancia de ser fieles a la misión que Dios nos encomienda, confiando en Su fuerza y no en nuestra propia capacidad.


2 Corintios 12, 7-10: San Pablo comparte una experiencia personal de sufrimiento, describiendo un "aguijón en la carne" que lo mantiene humilde. Pide a Dios que lo libere de este sufrimiento, pero Dios le responde: "Te basta mi gracia; mi poder se perfecciona en la debilidad". San Pablo aprende a gloriarse en sus debilidades porque a través de ellas, el poder de Cristo se manifiesta. Esta enseñanza subraya la necesidad de aceptar nuestras limitaciones y confiar en la gracia de Dios.


Marcos 6, 1-6: En el Evangelio, Jesús regresa a Nazaret y se enfrenta a la incredulidad de su propia gente. A pesar de sus enseñanzas y milagros, es rechazado por aquellos que lo conocieron desde su infancia. Jesús se asombra de su falta de fe. Esta lectura nos confronta con nuestra propia fe y disposición para reconocer a Cristo en nuestras vidas diarias.


Reflexión a la Luz del Magisterio de la Iglesia


El Magisterio de la Iglesia nos enseña que la misión profética es una vocación compartida por todos los bautizados. La Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II afirma que el laicado participa en el oficio profético de Cristo al difundir su mensaje, no solo con palabras, sino también con el testimonio de vida cristiana. Además, la Iglesia nos recuerda la importancia de la humildad y la aceptación de nuestras debilidades como medios para experimentar la gracia de Dios. En la Encíclica Redemptor Hominis, San Juan Pablo II nos habla del valor redentor del sufrimiento cuando es unido a los sufrimientos de Cristo.


Reflexionemos sobre nuestra vocación profética y cómo podemos ser testigos de Cristo en nuestras vidas cotidianas, aun frente a la resistencia o incredulidad.


Cultivemos un profundo sentido de humildad y confianza en la gracia de Dios, especialmente en los momentos de dificultad y sufrimiento.


Comprometámonos a vivir cada Eucaristía con fervor, recibiendo la comunión con frecuencia y acompañándonos con la gracia del sacramento de la confesión. Esto nos ayudará a fortalecer nuestra fe y a cumplir con nuestra misión de ser testigos de Cristo en el mundo.


Que la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo nos fortalezca y nos guíe en nuestro caminar cristiano. Amén.




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