Jueves 23 de octubre de 2025 – Semana XXIX del Tiempo Ordinario
Vivir
en libertad: de esclavos del pecado a servidores de Cristo
Memoria de San Juan de Capistrano – Mes del Santo Rosario y de las Misiones
La Palabra de Dios hoy nos invita a mirar el corazón con sinceridad y reconocer en quién hemos puesto nuestra confianza. San Pablo, en la carta a los Romanos (6,19-23), nos recuerda que hay dos caminos: el de la esclavitud al pecado, que termina en la muerte, y el de la obediencia a Dios, que conduce a la santidad y a la vida eterna. “El salario del pecado es la muerte, pero el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Esta frase, tan profunda como luminosa, resume toda la historia de la salvación: lo que el hombre destruye con su pecado, Dios lo restaura con su amor. La libertad que Cristo nos regala no es un permiso para hacer lo que queramos, sino la capacidad de hacer el bien con alegría, de vivir según la verdad del Evangelio.
El Salmo 1 canta esa dicha interior del hombre que confía en el Señor: “Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da fruto en su tiempo y cuyas hojas no se marchitan.” Qué bella imagen para este mes misionero: el cristiano que se deja nutrir por la Palabra de Dios se convierte también en fuente de vida para los demás. No hay misión sin oración, ni fruto sin raíz. Por eso octubre, mes del Rosario y de las Misiones, nos recuerda que el discípulo misionero es aquel que reza, escucha, y luego sale a anunciar con obras la alegría del Evangelio.
En el Evangelio de hoy (Lc 12,39-48), Jesús nos enseña a vivir vigilantes, como administradores fieles que esperan el regreso de su Señor. “A quien mucho se le dio, mucho se le exigirá.” No se trata de miedo, sino de responsabilidad: el cristiano no puede dormirse en la rutina, ni vivir distraído, porque el amor exige atención. Todos tenemos talentos, dones, tiempo y oportunidades que Dios nos confía. Ser buenos administradores significa poner esos dones al servicio de los demás, no guardarlos por miedo o comodidad. La vigilancia evangélica no consiste solo en esperar el fin del mundo, sino en vivir cada día en presencia de Dios, haciendo el bien aquí y ahora.
San Juan de Capistrano, cuya memoria celebramos hoy, es un ejemplo luminoso de este espíritu vigilante y misionero. Nacido en Italia en 1386, fue abogado, juez, franciscano, predicador incansable y enviado papal. Defendió la fe con valentía, reformó costumbres, promovió la paz y la unidad en tiempos de crisis. Su vida muestra que la santidad no se improvisa: es fruto de una entrega diaria, constante, perseverante. San Juan comprendió que el Evangelio no se predica solo con palabras, sino con la coherencia de una vida consagrada al bien común.
El
mensaje de hoy es profundamente esperanzador: nadie está condenado al pecado
para siempre. Cristo rompe las cadenas del egoísmo y nos devuelve la alegría de
servir. En un mundo que muchas veces confunde libertad con capricho, la Palabra
nos enseña que la verdadera libertad nace de la obediencia al amor de Dios. Ser
libres en Cristo es vivir con el corazón despierto, con las manos dispuestas al
servicio y los ojos abiertos a los hermanos.
La libertad cristiana no consiste en hacer lo que queremos, sino en amar como
Dios nos ama; obedecer al Evangelio nos hace verdaderamente libres. Agradece
hoy el don de la salvación que Jesús te ha regalado, deja que su misericordia
sane toda culpa y renueve tu esperanza. Vive con responsabilidad los dones que
Dios te ha confiado, ora el Rosario por los misioneros y haz hoy una obra de
amor por alguien que lo necesite.
Oración final: Señor Jesús, Maestro y Pastor, enséñanos a ser siervos fieles, alegres en el servicio y constantes en la vigilancia. Que tu Espíritu Santo nos mantenga firmes en la fe y ardientes en la caridad, para que cada día seamos testigos de tu Reino. Por intercesión de San Juan de Capistrano y de María, Reina de las Misiones, haznos instrumentos de tu paz y de tu esperanza. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui
Vicario parroquial.
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