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ENE
2026

San Juan Bosco: educar el corazón para vencer la tormenta con esperanza



Sábado 31 de enero de 2026
San Juan Bosco
Tercera semana del Tiempo Ordinario

La liturgia de este sábado, en la memoria de San Juan Bosco, nos ofrece una Palabra profundamente realista y, al mismo tiempo, cargada de esperanza. No se trata de textos cómodos ni superficiales, sino de una pedagogía divina que, como la de Don Bosco, corrige con amor, llama a la verdad y conduce siempre hacia un futuro nuevo.

La Iglesia, sabia madre y maestra, nos propone hoy tres ejes inseparables: la conversión sincera del corazón, la misericordia que recrea al hombre desde dentro y la confianza en Cristo que calma las tempestades.

1. Un Dios que no calla ante el pecado, porque ama

El pasaje del segundo libro de Samuel (2 Sm 12, 1-7a.10-17) nos coloca ante uno de los momentos más delicados de la vida del rey David. El profeta Natán no acusa de manera violenta; utiliza una parábola que despierta la conciencia. Así actúa Dios: no humilla, ilumina; no destruye, corrige; no condena, llama a la verdad.

Los Padres de la Iglesia vieron en este episodio una enseñanza permanente: el verdadero pecado no es solo caer, sino cerrar el corazón a la corrección. David peca gravemente, pero no se justifica. Reconoce su culpa y se abre al juicio misericordioso de Dios. En esa apertura comienza ya la salvación.

Aquí se revela una clave esencial de la fe católica: Dios no tolera el mal, pero nunca abandona al pecador arrepentido. La corrección divina no es castigo ciego, sino medicina para sanar el corazón y devolverle su vocación original.

2. “Crea en mí, Señor, un corazón puro”: la esperanza de un corazón nuevo

El Salmo 50 no es solo la respuesta de David; es la oración de toda la Iglesia. “Crea en mí, Señor, un corazón puro” expresa una verdad decisiva: el hombre no se salva por sus propias fuerzas, sino por la acción creadora de Dios en su interior.

La Tradición siempre ha leído este salmo como un anuncio de la gracia bautismal y de la vida nueva en Cristo. No se trata de maquillar el pecado, sino de dejarse recrear desde dentro. El corazón puro no es el corazón sin historia, sino el corazón reconciliado, sanado y vuelto a orientar hacia Dios.

Esta es una palabra especialmente actual: en una cultura que normaliza la culpa o la disfraza, la fe cristiana propone el camino luminoso de la conversión como puerta de esperanza. Quien se deja transformar por Dios no queda prisionero del pasado; camina hacia un futuro distinto.

3. Jesús en la barca: la fe que vence el miedo

El Evangelio según san Marcos (Mc 4, 35-41) nos presenta a los discípulos en medio de la tempestad. Jesús duerme, y el miedo domina el corazón de los suyos. No es solo una escena marítima; es una imagen de la vida creyente.

La exégesis de este pasaje ha subrayado siempre una enseñanza central: Cristo está presente incluso cuando parece silencioso. La barca es figura de la Iglesia y también de cada familia, comunidad y corazón humano. Las tempestades llegan, pero no tienen la última palabra.

Cuando Jesús se levanta y calma el viento, no solo domina la naturaleza: revela su identidad divina y educa la fe de los discípulos. “¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?” No es un reproche duro, sino una invitación a crecer, a confiar más, a mirar el futuro con esperanza.

4. San Juan Bosco: educar desde la esperanza

En este contexto resplandece la figura de San Juan Bosco. Su vida fue una respuesta concreta a esta Palabra. Don Bosco creyó que ningún joven estaba perdido definitivamente, porque confiaba más en la gracia de Dios que en las fragilidades humanas.

Su sistema preventivo —basado en la razón, la religión y el amor— refleja el corazón del Evangelio: corregir sin aplastar, acompañar sin abandonar, educar mirando el futuro. Como Natán, supo corregir; como el salmista, confió en la transformación interior; como los discípulos, aprendió a confiar en Cristo en medio de las tormentas sociales y culturales de su tiempo.

Hoy, la Iglesia sigue necesitando pastores, educadores y familias con este mismo espíritu: hombres y mujeres que no se rindan ante el pecado, el miedo o la crisis, sino que crean en la fuerza renovadora del amor de Dios.

5. Una Palabra que nos envía hacia adelante

Esta liturgia no nos deja anclados en la culpa ni en el miedo. Nos impulsa a caminar. Dios sigue hablando, sigue corrigiendo con amor, sigue creando corazones nuevos y sigue calmando las tempestades.

Celebrar a San Juan Bosco en este día es renovar una convicción firme: el futuro pertenece a Dios y a quienes confían en Él. La conversión es posible, la misericordia es real y la fe, vivida con sencillez y valentía, transforma la historia.

Que esta Palabra nos conceda un corazón nuevo, una fe más madura y una esperanza que no defrauda, para seguir construyendo, como Don Bosco, una Iglesia cercana, educadora y profundamente confiada en la acción de Dios.

 

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.


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