Vivir en la luz de Cristo: Vigilancia y esperanza cristiana
Martes 2 de septiembre de 2025 – Semana XXII del Tiempo Ordinario
Primera Lectura: 1 Tesalonicenses 5,1-6.9-11
San Pablo exhorta a la comunidad a vivir en actitud vigilante, recordando que “el día del Señor llegará como ladrón en la noche”. No se trata de vivir con miedo, sino con la certeza de que somos “hijos de la luz e hijos del día”. Por eso, no dormimos como los demás, sino que permanecemos sobrios y confiados en la salvación que nos da Jesucristo.
Salmo Responsorial: Salmo 26 (27)
“El Señor es mi luz y mi salvación”. El salmista nos enseña a vivir con confianza: aunque se presenten dificultades, el Señor es fortaleza y refugio. Quien se apoya en Él no teme, porque sabe que su luz disipa las tinieblas.
Evangelio: Lucas 4,31-37
Jesús enseña en Cafarnaúm con autoridad. Su palabra no solo transmite conocimiento, sino que libera y transforma. El espíritu inmundo, al ser expulsado, reconoce quién es Él:
“Yo sé quién eres: el Santo de Dios”. Ante esto, todos se maravillan de la fuerza de su palabra, que no solo instruye, sino que sana y da vida.
El mensaje de la Palabra de hoy es profundamente actual.
Los Padres de la Iglesia insistieron en que la vigilancia no es miedo al fin del mundo, sino amor vigilante al Esposo que llega. San Juan Crisóstomo comentaba: “Vigilar no es estar despierto en la noche, sino vivir con un corazón que arde de amor, preparado siempre para el encuentro con Cristo”.
El Magisterio también nos recuerda esta actitud. El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1041) enseña que la memoria del “día del Señor” es un llamado constante a la conversión, para que el Reino de Dios crezca ya en nuestra vida cotidiana.
El testimonio de los santos: San Elpidio, ermitaño
Hoy recordamos a San Elpidio, ermitaño del siglo IV. Retirado en soledad, vivió en vigilancia constante, alimentando su vida con la oración y la penitencia. Su ejemplo nos recuerda que la verdadera fortaleza espiritual no se encuentra en las seguridades humanas, sino en poner toda la confianza en Dios. Él, desde el silencio de la soledad, supo mantenerse despierto a la presencia del Señor.
Un mensaje de esperanza para nuestro tiempo
En medio de la incertidumbre del mundo, donde tantas veces parece que el mal tiene la última palabra, el Evangelio de hoy nos asegura que Cristo es más fuerte. Su autoridad vence al mal y su luz disipa las tinieblas.
Hoy, como comunidad parroquial, estamos llamados a:
Cristo es mi luz y mi salvación; no tengo por qué temer. En Él encuentro confianza y alegría, porque su Palabra me libera y me renueva. Hoy quiero ser portador de esa luz, ofreciendo una palabra de aliento a quien vive en la oscuridad o la tristeza.
Oración Final
Señor
Jesús,
Tú eres nuestra luz y nuestra salvación.
Haznos vivir despiertos en la fe,
libres de toda tiniebla,
confiados en tu victoria sobre el mal.
Que tu Palabra nos transforme
y nos haga testigos de esperanza
en medio de nuestro mundo.
Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
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