El siervo fiel y prudente fue constituido como padre de su familia, para repartirles a su tiempo el alimento. Cf Lc. 12,42
Memoria de San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia, y de Santa Hildegarda de Bingen, virgen y doctora de la Iglesia
Hoy la Iglesia celebra la memoria de dos grandes figuras: San Roberto Belarmino (1542-1621), patrono de los catequistas, defensor de la fe durante la Contrarreforma, y Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), mística, música, científica, y predicadora incansable de la creación de Dios. Ambos santos nos invitan a profundizar en la riqueza de la fe y a vivirla con plenitud, iluminados por la sabiduría que el Espíritu Santo concede a los creyentes.
Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,1-14.27-31
San Pablo, en su carta a los Corintios, nos habla de la diversidad de dones que el Espíritu Santo concede a los miembros del Cuerpo de Cristo. A través de una analogía con el cuerpo humano, Pablo subraya que aunque cada miembro tiene un papel diferente, todos son indispensables para el bien común. Nadie puede considerarse más o menos importante dentro de la comunidad, pues todos estamos llamados a edificar el Cuerpo de Cristo con los dones que hemos recibido. En los versículos finales, Pablo nos insta a desear los dones más excelentes, sugiriendo el amor como el mayor de todos.
La unidad y la diversidad en la Iglesia son obra del Espíritu Santo. Cada cristiano, con sus dones, está llamado a contribuir al bien común, siempre bajo la guía del amor, que es el don más excelente.
Salmo 99 (100)
Este salmo es un canto de alabanza a Dios como el Pastor de su pueblo. Con un llamado a "aclamar al Señor con alegría," se invita a los fieles a reconocer a Dios como Creador y Pastor. Somos su pueblo, el rebaño que Él cuida con amor. La gratitud y la alabanza son las respuestas adecuadas ante la bondad y misericordia de Dios, que dura para siempre.
El Señor es nuestro Pastor y merece ser alabado con gozo. Como pueblo suyo, estamos llamados a reconocer su fidelidad y a agradecerle por su amor incondicional.
Evangelio según San Lucas 7,11-17
En el Evangelio, se narra la resurrección del hijo de la viuda de Naín. Jesús, movido por la compasión, actúa con poder para devolverle la vida al joven, trayendo consuelo y esperanza a su madre. Este milagro nos revela a un Dios cercano, que se conmueve ante el sufrimiento humano y que tiene poder sobre la vida y la muerte.
La compasión de Jesús hacia los que sufren es un reflejo del amor misericordioso de Dios. Él se acerca a nuestro dolor y, con su poder divino, trae vida y esperanza donde antes solo había muerte y desesperación.
A la luz del magisterio de la Iglesia
El Catecismo de la Iglesia Católica subraya que los dones y carismas que el Espíritu Santo otorga a los fieles no son para el beneficio personal, sino para el bien de toda la Iglesia (CIC, 799-800). Estos carismas deben ser vividos en la caridad, que es el vínculo de la perfección (Col 3,14). El Papa Francisco también ha recordado en diversas ocasiones la importancia de la unidad en la diversidad, señalando que la Iglesia es un "pueblo con muchos rostros" pero con un solo corazón, que es Cristo.
"Somos muchos miembros en un solo cuerpo, pero el vínculo que nos une es el amor, el don más excelente."
Siente la alegría de formar parte de una comunidad donde cada uno, con su don particular, contribuye al crecimiento del Cuerpo de Cristo.
Reconoce tus propios dones y carismas, y úsalos al servicio de tu comunidad parroquial. Busca siempre edificar a los demás con amor, recordando que todos, aunque diferentes, formamos un solo Cuerpo en Cristo.
Que, al ejemplo de San Roberto Belarmino y Santa Hildegarda, seamos fieles catequistas de la fe, proclamando con nuestra vida la grandeza de los dones que el Señor ha derramado en nosotros para su gloria y la salvación del mundo.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. Lc 7,16
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