Lunes
15 de diciembre de 2025
Semana III de Adviento – Peregrinos de esperanza
Una estrella avanza desde Jacob (Nm 24,17)
El Adviento entra en su tercera semana y la liturgia eleva el tono de la esperanza. No se trata de una espera pasiva ni ingenua, sino de una esperanza probada, lúcida, capaz de sostenerse incluso cuando el mundo parece caminar en dirección contraria a la luz. La Palabra de Dios de hoy —la profecía de Balaam, el Salmo 24 y el Evangelio de san Mateo— nos invita a afinar la mirada espiritual para reconocer cómo Dios sigue guiando la historia.
1. Una profecía inesperada que anuncia al Mesías
(Números 24, 2-7.15-17)
El libro de los Números nos presenta a Balaam, un personaje paradójico: no pertenece al pueblo elegido y, sin embargo, es instrumento de una de las profecías mesiánicas más claras del Antiguo Testamento. “Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca: una estrella avanza desde Jacob”.
La Tradición de la Iglesia ha leído este texto como anuncio directo de Cristo. Los Padres —entre ellos san Ireneo y san Justino— vieron en esta estrella la promesa de un Mesías que no vendría solo para Israel, sino como luz para todas las naciones. El Adviento nos recuerda que Dios puede hablar desde los márgenes, que su luz no depende de nuestras previsiones ni de nuestras fronteras.
Esta estrella no elimina de inmediato la noche, pero la atraviesa y la orienta. Así actúa Dios en la historia: no siempre con estruendo, pero siempre con fidelidad.
2. Aprender a caminar según los caminos de Dios
(Salmo 24: “Descúbrenos, Señor, tus caminos”)
El Salmo responsorial pone en el centro una súplica profundamente humana y profundamente creyente: pedir ser guiados. En Adviento reconocemos que no sabemos todo, que necesitamos ser enseñados. Pedirle a Dios que nos muestre sus caminos es un acto de humildad y de confianza.
San Agustín enseñaba que el hombre se pierde cuando camina solo, pero encuentra la verdad cuando se deja conducir por Dios. El salmo no pide explicaciones detalladas del futuro, sino algo más esencial: caminar en la verdad. Esa es la raíz de la esperanza cristiana.
3. La autoridad que nace de Dios
(Mateo 21, 23-27)
En el Evangelio, Jesús es cuestionado: “¿Con qué autoridad haces esto?”. No es una pregunta abierta, sino defensiva. Las autoridades temen perder su control. Jesús, con una sabiduría serena, revela una verdad incómoda: la autoridad auténtica no se impone, se reconoce cuando viene de Dios.
Este pasaje nos interpela hoy. Muchas veces preferimos mantenernos en una prudente ambigüedad antes que comprometernos con la verdad. El Adviento, sin embargo, nos llama a una fe adulta, capaz de discernir y de tomar postura. No responder, como hacen los interlocutores de Jesús, es una forma de cerrar el corazón.
Cristo no necesita justificarse: su autoridad brota de su comunión con el Padre y de su entrega total por la humanidad.
4. Santa María Crucificada de Rosa: esperanza encarnada
La memoria de Santa María Crucificada de Rosa ilumina de modo concreto el mensaje de este día. Mujer profundamente marcada por la cruz, supo leer los signos de su tiempo y responder con caridad activa. Fundadora de las Hermanas Siervas de la Caridad, entendió que la esperanza cristiana no es evasión, sino servicio fiel, especialmente a los pobres y enfermos.
Su vida demuestra que la verdadera autoridad nace del amor entregado y que la esperanza se vuelve creíble cuando se traduce en obras. En ella, la estrella de Cristo no fue solo contemplada, sino seguida con decisión.
5. Orar y sostener a los cristianos en contextos de conflicto
La intención de oración del Santo Padre para este mes nos coloca ante una realidad dolorosa y urgente: los cristianos que viven en contextos de conflicto. Para ellos, la esperanza no es un discurso, sino una fuerza que sostiene la fe día a día. La estrella anunciada por Balaam sigue brillando hoy en medio de la persecución, la violencia y el exilio.
Como Iglesia, vivir el Adviento implica unir nuestra oración y nuestra solidaridad a la de estos hermanos, recordando que el Niño que esperamos es el Príncipe de la Paz.
Mirando hacia adelante
Este lunes de la tercera semana de Adviento nos enseña que Dios sigue guiando la historia, que sus caminos son seguros y que la autoridad de Cristo permanece firme. La estrella ya está en el cielo; el camino se nos muestra; la esperanza no defrauda.
Que La Santísima Virgen María, mujer de espera confiada, nos ayude a reconocer la luz que se acerca y a vivir este Adviento como testigos serenos de una esperanza que mira siempre hacia el futuro.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial
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