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ENE
2026

Trigésimo tercer día – 2 de enero de 2026 Dios habita el tiempo ordinario



Trigésimo tercer día – 2 de enero de 2026

Dios habita el tiempo ordinario

Después de la intensidad de la Nochebuena, de la solemnidad de la Navidad y del inicio del año nuevo bajo la custodia de La Santísima Virgen María, la liturgia nos conduce a un día aparentemente sencillo. No hay grandes gestos ni acontecimientos extraordinarios. Y precisamente ahí está el mensaje.

El 2 de enero nos recuerda una verdad profunda: Dios no solo se manifiesta en los grandes momentos, sino que habita con fidelidad el tiempo ordinario. El Verbo hecho carne no desaparece después de la fiesta; permanece. Jesús no vino solo para una noche luminosa, sino para caminar con nosotros día tras día, en la continuidad humilde de la vida.

Este día nos invita a reconciliarnos con lo cotidiano. A comprender que la santidad no consiste en vivir siempre experiencias intensas, sino en permanecer fieles cuando todo parece normal. Dios sigue presente en el trabajo que recomienza, en las responsabilidades retomadas, en las rutinas que vuelven a ordenarse. La Encarnación alcanza su plenitud cuando dejamos que Cristo viva con nosotros en lo sencillo.

El Evangelio de estos días nos habla de la Palabra que estaba junto a Dios y que se hizo carne. Esa Palabra no se retira cuando termina la celebración; permanece como luz discreta que acompaña el camino. Dios se queda en la casa, en la mesa, en las decisiones pequeñas, en los silencios largos, en la constancia.

Para la vida familiar, este día es una llamada clara: vivir la fe sin prisa ni nostalgia, sin pensar que lo mejor ya pasó. La Navidad no se apaga; se transforma. Se vuelve paciencia, responsabilidad, trabajo bien hecho, perdón cotidiano, oración sencilla. Así crece el Reino.

Hoy no se nos pide algo extraordinario. Se nos pide fidelidad. Permanecer. Confiar. Caminar. Dejar que Dios habite el tiempo que sigue.

Porque cuando Dios entra en la historia, no abandona el calendario. Se queda. Y en esa permanencia silenciosa, la Navidad continúa dando fruto.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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