Tercera vía: El ser necesario y el ser contingente
Solo Dios existe por necesidad — Camino hacia el Ser que no puede no existir
Después
de reflexionar sobre el movimiento y la causalidad, Santo Tomás de Aquino nos
invita, en su tercera vía, a mirar la realidad desde una nueva
perspectiva: la del ser. Todo lo que existe, existe, pero podría no
haber existido. Todo lo que nace, muere; todo lo que comienza, termina. Vivimos
rodeados de cosas contingentes, es decir, seres que dependen de otros
para existir. Sin embargo, si todo fuera contingente, en algún momento no
habría existido nada. Y si alguna vez no hubo nada, nada existiría ahora.
Por eso, debe existir un Ser necesario, que no recibe el ser de otro,
que no puede dejar de existir y que da existencia a todo lo demás. Ese Ser es
Dios.
1. El límite del ser contingente
Todo
en el mundo tiene un principio y un fin. Las estrellas mueren, los cuerpos
envejecen, las especies desaparecen, los pensamientos cambian. Ningún ser
creado posee en sí mismo la razón suficiente de su existencia. Somos —diría
Santo Tomás— “participantes del ser”.
Esto significa que no existimos por necesidad, sino por don. Podríamos no haber
existido, y sin embargo existimos. ¿Por qué? Porque hay un Ser que no depende
de otro, un Ser cuya esencia es existir. Él es el “Yo Soy” (cf. Éx 3,14).
2. El Ser necesario: fundamento de todo lo que existe
Santo
Tomás enseña que debe existir algo que tenga en sí mismo la plenitud del ser,
que sea el fundamento último de toda existencia. Si todo dependiera de algo
más, nunca llegaríamos a una causa suficiente. Pero el hecho de que algo exista
ahora demuestra que hay un Ser que no recibió el ser, sino que es el
Ser mismo.
Por eso, el Aquinate concluye:
“Es necesario admitir un ser necesario, que tenga en sí mismo la causa de su necesidad, y que sea causa de la existencia de los demás.” (Suma Teológica, I, q.2, a.3).
Ese Ser no depende de nadie, no tiene principio ni fin, y su esencia es la existencia misma: Dios es el Ser que existe necesariamente.
3. El nombre de Dios revelado: “Yo soy el que soy”
Lo
que la razón descubre, la Revelación lo confirma. En el monte Horeb, Dios se
revela a Moisés con un nombre que resume toda la tercera vía: “Yo soy el que
soy” (Éx 3,14).
Este nombre expresa que Dios no tiene origen ni límite, que no es parte
del mundo, sino su fundamento. Todo lo que existe recibe el ser de Él.
Cada respiración, cada instante, cada partícula del universo existe porque Dios
lo sostiene. Somos, en palabras de San Pablo, “hechura suya” (Ef 2,10),
dependientes del Ser que no depende de nadie.
4. Una mirada existencial: nuestra fragilidad revela la grandeza de Dios
La
vía del ser necesario no es solo una reflexión filosófica: es una experiencia
espiritual. Cada vez que sentimos nuestra fragilidad —una enfermedad, una
pérdida, un límite— comprendemos que no somos autosuficientes. Nuestra
vida está sostenida por Otro.
Lejos de ser una idea deprimente, esta verdad es fuente de consuelo: no tenemos
que sostenernos solos. Dios es el Ser que nos da el ser, el Amor que mantiene
nuestra existencia.
Como decía Santa Teresa de Jesús:
“Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa, Dios no se muda.”
5. La fe en el Ser necesario nos libera del miedo
Creer
en un Dios necesario es creer en la estabilidad del amor. Todo cambia, menos
Él. En un mundo que se mueve, en una vida que pasa, Dios permanece. Su
existencia es el ancla del universo y del alma.
Por eso, quien confía en Dios se apoya en lo más firme que existe. Nuestra
esperanza no está en las cosas que pasan, sino en el Ser que siempre es.
Pensar
Todo lo que existe es contingente, limitado y pasajero. Pero debe existir un Ser que no dependa de nada, que sea eterno y que da el ser a todo: ese Ser es Dios.
Sentir
Reconoce con humildad tu fragilidad y tu dependencia del Amor que te sostiene. Tu existencia no es casual: Dios te pensó, te quiso y te mantiene en el ser.
Actuar
Al comenzar el día, di en tu corazón: “Señor, gracias porque existo en Ti. Eres mi principio y mi sostén. Ayúdame a vivir hoy unido al Ser que no pasa.”
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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