Jueves
1 de enero de 2026
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios – 59.ª Jornada Mundial de la Paz
Año Nuevo Civil 2026
El primer día del año no comienza con prisa ni con ruido. La Iglesia, con sabia pedagogía espiritual, nos invita a empezar el tiempo nuevo bajo el amparo de una Madre y con la súplica humilde de la paz. Celebramos la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y con ella la 59.ª Jornada Mundial de la Paz, instituida por Pablo VI, como un gesto profético: poner el futuro del mundo en manos de Dios, por medio de María.
Para esta edición, el Santo Padre León XIV ha elegido un título de gran densidad evangélica y pastoral: “La paz esté con todos ustedes: hacia una paz desarmada y desarmante”. No es un eslogan. Es una orientación espiritual para la Iglesia y para la humanidad al inicio de un año marcado por tensiones, conflictos y profundas heridas sociales.
1. María, Madre de Dios: fundamento de nuestra esperanza
La liturgia proclama con serenidad una verdad central de la fe: María es Madre de Dios. No por un privilegio aislado, sino porque el Hijo que engendró es verdadero Dios y verdadero hombre. Esta afirmación, custodiada por la Tradición y confirmada en los grandes concilios cristológicos, protege el corazón mismo del Evangelio: Dios ha entrado realmente en nuestra historia.
Al comenzar el año bajo esta solemnidad, la Iglesia nos recuerda que el tiempo no está abandonado al azar. La historia tiene un rostro, y ese rostro es Cristo, nacido de mujer. María no es un adorno piadoso del cristianismo; es la garantía de que Dios se ha comprometido con nuestra carne, con nuestra fragilidad y con nuestro futuro.
2. “El Señor te bendiga y te proteja”: un año bajo la bendición
La primera lectura, tomada del libro de los Números (6, 22-27), nos ofrece la antigua bendición sacerdotal de Israel. No es un deseo vago. Es una palabra eficaz, una promesa pronunciada por Dios mismo:
“El Señor haga brillar su rostro sobre ti”.
Comenzar el año escuchando esta bendición es un acto de fe. Significa creer que el año 2026 no se define solo por cifras económicas, agendas políticas o incertidumbres globales, sino por la mirada benevolente de Dios que acompaña a su pueblo. Donde Dios bendice, la vida se ordena, la esperanza renace y el miedo pierde fuerza.
El salmo responsorial prolonga esta súplica: “Ten piedad de nosotros, Señor, y bendícenos”. La paz auténtica no nace de la imposición ni del equilibrio del miedo, sino de un corazón reconciliado con Dios.
3. “Cuando llegó la plenitud del tiempo”: hijos, no esclavos
San Pablo, en la carta a los Gálatas (4, 4-7), nos ofrece una clave decisiva para entender este día: la filiación. Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, para que recibiéramos la condición de hijos. No comenzamos el año como huérfanos espirituales, ni como esclavos del destino, sino como hijos amados, capaces de llamar a Dios “Abbá”.
Esta verdad tiene consecuencias profundas para la paz. Solo quien se sabe hijo puede vivir como hermano. La violencia, la exclusión y la guerra nacen con frecuencia de identidades heridas, de miedos no sanados y de corazones que se sienten descartados. La paz comienza cuando redescubrimos nuestra dignidad filial y, desde allí, reconocemos la dignidad del otro.
4. “María guardaba todas estas cosas”: la paz que nace del silencio
El Evangelio según san Lucas (2, 16-21) nos presenta a María en actitud contemplativa. Ella guarda, medita, acoge. En un mundo saturado de palabras, reacciones inmediatas y juicios apresurados, María nos enseña que la paz se gesta en el corazón que sabe escuchar.
Los pastores regresan glorificando a Dios, pero María permanece. No huye del ruido del mundo, pero tampoco se deja dominar por él. Esta actitud mariana es profundamente actual. La paz desarmada y desarmante de la que habla el Papa no es ingenuidad: es fuerza interior, dominio de sí, capacidad de no responder al mal con más mal.
5. Una paz desarmada y desarmante: camino para el 2026
El mensaje del Papa León XIV es claro y exigente. La paz que el mundo necesita no se construye solo con tratados ni con armamentos más sofisticados. Se construye desarmando el corazón: renunciando al odio, al resentimiento, a la lógica de la venganza y a la cultura del descarte.
Desarmar el corazón es un acto profundamente cristiano. Cristo resucitado no se impone; saluda diciendo: “La paz esté con ustedes”. Esa paz no humilla, no amenaza, no aplasta. Sana, reconcilia y abre futuro.
6. María, Madre de la Iglesia y Madre de la paz
Al iniciar este año nuevo civil 2026, la Iglesia nos confía a María. Ella, que dio al mundo al Príncipe de la Paz, sigue acompañando a la humanidad en sus dolores y esperanzas. Bajo su mirada materna, aprendemos que la paz no es ausencia de conflictos, sino presencia de Dios en medio de ellos.
Que este primer día del año no pase como una fecha más. Que sea un acto consciente de consagración del tiempo, de nuestras familias, de nuestra parroquia y de nuestra sociedad al Señor, por intercesión de Santa María, Madre de Dios.
Comenzamos el 2026 bendecidos, llamados a la filiación y enviados a ser artesanos de una paz humilde, valiente y fecunda. Donde hay una madre, hay futuro. Donde María está presente, la esperanza no se apaga.
Pbro. Licdo. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario Parroquial.
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