17
MAY
2026

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR  Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales


SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

“Vayan y hagan discípulos: Cristo asciende, pero permanece con nosotros”

Este domingo 17 de mayo de 2026, la Iglesia celebra con profunda alegría la Solemnidad de la Ascensión del Señor. No celebramos una despedida triste, sino la glorificación de Jesucristo resucitado que, después de haber vencido el pecado y la muerte, asciende al Padre para abrirnos el camino del cielo y permanecer para siempre junto a su Iglesia.

En este contexto pascual, seguimos avanzando también hacia Pentecostés, dejándonos preparar por el Espíritu Santo para renovar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra misión evangelizadora. La Ascensión no es el final de la obra de Cristo; es el comienzo de una nueva etapa para la Iglesia: el tiempo del testimonio, de la misión y de la esperanza.

Providencialmente, esta solemnidad coincide además con la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, recordándonos que el Evangelio debe ser anunciado al mundo entero utilizando todos los medios posibles para sembrar verdad, esperanza y comunión.

Cristo asciende, pero no nos abandona

La primera lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 1-11), nos presenta el momento solemne en que Jesús asciende al cielo delante de sus discípulos. Antes de subir al Padre, el Señor deja una promesa y una misión:

“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos.”

La Ascensión no significa ausencia. Jesús no abandona a los suyos. Él permanece vivo en medio de la Iglesia mediante su Palabra, los sacramentos, la Eucaristía y la acción del Espíritu Santo.

Los Padres de la Iglesia enseñaban que Cristo asciende para elevar también nuestra mirada y nuestro corazón hacia las cosas eternas. San León Magno afirmaba que “la Ascensión de Cristo es nuestra elevación”, porque donde ha llegado la Cabeza, espera llegar también el Cuerpo, que es la Iglesia.

El Señor asciende glorioso para recordarnos que la vida humana no termina en la tierra. Nuestro destino definitivo es el cielo. Por eso, en medio de tantas incertidumbres del mundo actual, la Ascensión se convierte en una fiesta de esperanza.

“¿Qué hacen mirando al cielo?”

Los ángeles preguntan a los discípulos:

“Galileos, ¿qué hacen allí mirando al cielo?”

No es un reproche contra la contemplación, sino una llamada a la misión. El cristiano no puede quedarse inmóvil. La experiencia del Resucitado impulsa siempre a salir, anunciar, servir y transformar el mundo desde el Evangelio.

Hoy la Iglesia necesita discípulos que no vivan encerrados en el miedo, el pesimismo o la indiferencia. Cristo nos llama a caminar con valentía hacia el futuro.

En una sociedad herida por la violencia, la soledad, la polarización, las falsas noticias, el relativismo y la pérdida del sentido de Dios, los cristianos estamos llamados a ser testigos creíbles de esperanza.

La Ascensión nos recuerda que nuestra fe no es evasión del mundo. Al contrario: quien tiene los ojos puestos en el cielo aprende a comprometerse mejor con la tierra.

“Vayan y hagan discípulos”

El Evangelio según san Mateo (Mt 28, 16-20) contiene el gran mandato misionero:

“Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos.”

Estas palabras siguen resonando con fuerza en la Iglesia de hoy. Jesús confía a hombres frágiles la misión de evangelizar el mundo entero. No los envía solos. Les promete:

“Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.”

Aquí está el corazón de nuestra esperanza: Cristo permanece con su Iglesia.

En este Año Jubilar de la esperanza y en nuestro camino hacia Pentecostés, el Señor nos invita a renovar el ardor misionero. La evangelización no pertenece solamente a sacerdotes o religiosos; es misión de todo bautizado.

Cada familia cristiana está llamada a evangelizar. Cada joven puede convertirse en testigo de Cristo. Cada abuelo puede transmitir la fe. Cada comunicador puede anunciar la verdad. Cada profesional puede reflejar el Evangelio en su ambiente.

La Ascensión y la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales nos recuerda algo muy actual: la palabra tiene poder para construir o destruir.

En un mundo saturado de mensajes, imágenes y redes digitales, el Papa León XIV ha insistido en la necesidad de una comunicación que humanice, acerque, sane heridas y conduzca hacia la verdad.

La Iglesia no puede permanecer ausente en los espacios digitales. Evangelizar hoy también significa llevar el Evangelio a las redes sociales, la radio, la televisión, las plataformas digitales y todos los medios de comunicación.

Pero no basta comunicar mucho; es necesario comunicar bien.

San Pablo, en la segunda lectura (Ef 1, 17-23), pide que Dios ilumine “los ojos del corazón”. Esa iluminación interior es urgente también para nuestro tiempo, donde muchas veces abundan las palabras, pero falta sabiduría.

Necesitamos comunicadores con alma, capaces de transmitir esperanza y verdad.

La comunicación cristiana no debe alimentar odio, división ni superficialidad. Debe sembrar paz, misericordia y encuentro.

Por eso esta jornada es una oportunidad para agradecer a tantos comunicadores católicos, locutores, periodistas, evangelizadores digitales, productores, camarógrafos, escritores y servidores que utilizan sus talentos para anunciar a Jesucristo.

Caminamos hacia Pentecostés

La Ascensión abre el corazón de la Iglesia hacia Pentecostés.

Los discípulos regresaron a Jerusalén para perseverar unidos en oración junto a la Santísima Virgen María, esperando la venida del Espíritu Santo.

También nosotros estamos llamados a vivir estos días con espíritu de oración, reconciliación y apertura interior.

Pentecostés no es solamente un recuerdo litúrgico. Es una renovación espiritual que Dios quiere realizar en cada corazón.

Necesitamos un nuevo Pentecostés para nuestras familias, nuestras parroquias, nuestros jóvenes, nuestros sacerdotes y nuestro mundo.

Necesitamos el fuego del Espíritu Santo para anunciar a Cristo con alegría y sin miedo.

Tres mensajes de hoy

1. Cristo asciende para abrirnos el camino del cielo

La Ascensión nos recuerda que nuestra meta definitiva es la vida eterna. El cielo existe y Jesús nos espera.

2. La Iglesia tiene una misión permanente

No podemos quedarnos paralizados. Somos enviados a anunciar el Evangelio con palabras, obras y testimonio de vida.

3. La comunicación debe convertirse en instrumento de esperanza

Todo cristiano está llamado a comunicar verdad, bondad y paz en medio de un mundo herido por la desinformación y la división.

Pensar, sentir y actuar

Pensemos hoy si nuestra vida refleja verdaderamente la esperanza del Evangelio; sintamos la alegría de saber que Cristo permanece con nosotros todos los días; y actuemos convirtiéndonos en discípulos misioneros que anuncian con amor, prudencia y valentía la Buena Nueva en la familia, en la comunidad y también en el mundo digital.

Propósito para hoy

Dedicar unos minutos a orar al Espíritu Santo y compartir durante este día un mensaje de fe, esperanza o caridad con alguna persona que necesite ánimo, utilizando nuestras palabras, nuestras redes sociales o nuestro testimonio de vida.

Que la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles, nos acompañe en este camino hacia Pentecostés y nos enseñe a anunciar siempre a Jesucristo con humildad, verdad y esperanza. Porque la fe se custodia, se vive, se comparte y se anuncia.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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