Si Dios existe, ¿por qué hay tantas religiones?
La verdad, la búsqueda humana y la revelación de Cristo
La diversidad religiosa del mundo ha llevado a muchos a pensar que todas las religiones son simplemente intentos humanos por alcanzar lo divino, o que la existencia de tantas creencias demostraría la ausencia de un Dios real. Sin embargo, lejos de ser prueba contra Dios, la pluralidad religiosa es un testimonio de la profunda búsqueda espiritual del ser humano. La fe cristiana mira esta diversidad con respeto, pero también con claridad: todas las religiones expresan la sed de Dios inscrita en el corazón humano, pero Cristo es la respuesta plena y definitiva a esa sed.
1. La pluralidad religiosa revela la sed universal de Dios
En
todos los pueblos, épocas y culturas aparece la experiencia religiosa.
Esto no se explica por presión social o por tradición, sino porque el ser humano,
por naturaleza, busca el sentido último de su existencia.
La diversidad de religiones demuestra que la humanidad entera está en camino
hacia Dios, aunque recorra rutas distintas.
La sed es una: las respuestas son múltiples.
2. La razón humana es limitada: por eso surgen caminos diversos
La
búsqueda de Dios se realiza con una inteligencia marcada por la finitud y por
heridas morales.
No es extraño que distintas culturas, con distintas experiencias y lenguajes,
hayan desarrollado caminos diferentes.
Aun así, en todas se encuentran intuiciones comunes:
– la existencia de un Ser supremo,
– la conciencia moral,
– el sentido del bien y del mal,
– el deseo de eternidad.
Estas coincidencias muestran que la pluralidad no anula la verdad, sino que
expresa la búsqueda de un mismo Misterio.
3. La verdad no es múltiple, pero su búsqueda sí
La
existencia de muchas religiones no significa que todas sean igualmente
verdaderas en su contenido.
La fe cristiana sostiene, con humildad y firmeza, que la verdad es una,
aunque los caminos hacia ella puedan ser diversos.
La pluralidad religiosa revela la búsqueda humana;
la revelación cristiana revela la respuesta divina.
4. Dios ha hablado: la revelación plena en Jesucristo
La
gran diferencia entre las religiones y el cristianismo es esta:
las religiones buscan a Dios;
el cristianismo anuncia que Dios ha buscado al hombre.
En Jesucristo, Dios no solo se insinúa: se revela con rostro humano, con
palabra, con obras, con amor entregado.
“Quien
me ve a mí, ve al Padre” (Jn 14,9).
Cristo no es un maestro más, ni un profeta más: es la revelación definitiva
del Dios vivo.
En Él, la verdad deja de ser una idea y se convierte en persona.
5. La Iglesia reconoce semillas de verdad en las religiones
El
Concilio Vaticano II enseña que en las religiones del mundo existen “semillas
de verdad y de bien” (Nostra Aetate 2).
Estas intuiciones provienen del mismo Espíritu que actúa en el corazón humano.
Sin embargo, solo en Cristo y en la Iglesia se encuentra la plenitud de la
verdad y de la salvación.
El diálogo respetuoso no implica renunciar a esta convicción, sino anunciarla
con humildad y caridad.
6. La misión de la Iglesia: proponer, no imponer
La
Iglesia no impone la fe; la propone.
Su misión no es despreciar las religiones, sino ofrecer a Cristo como el camino
verdadero hacia el Padre.
La evangelización no es intolerancia: es servicio a la verdad y al destino
eterno del ser humano.
Pensar
La existencia de muchas religiones no niega a Dios; revela la búsqueda universal del corazón humano. Cristo es la respuesta plena a esa búsqueda.
Sentir
Agradece que Dios te haya permitido conocer a Cristo, luz de las naciones. Reconoce su presencia en la historia y su obra en quienes sinceramente buscan la verdad.
Actuar
Vive tu fe con firmeza y respeto. Sé testigo de Cristo con caridad y claridad, mostrando con tu vida que Él es el camino hacia el Dios verdadero.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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