27
JUN
2026

"Señor, yo no soy digno… pero basta una palabra tuya" (Mt 8,8)



Sábado 27 de junio de 2026

San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor de la Iglesia

Semana XII del Tiempo Ordinario

"Señor, yo no soy digno… pero basta una palabra tuya" (Mt 8,8)

La liturgia de este sábado nos conduce por un camino que va desde el dolor hasta la esperanza, desde las ruinas hasta la restauración, desde el llanto hasta la confianza absoluta en la fuerza salvadora de Jesucristo.

Las lecturas de hoy parecen describir dos escenarios muy distintos. La primera presenta a Jerusalén destruida y llorando su desgracia. El Evangelio, en cambio, nos muestra a un centurión romano que, en medio de su sufrimiento, descubre que Jesús posee una autoridad capaz de vencer la enfermedad y devolver la vida.

Sin embargo, ambas páginas bíblicas están profundamente unidas por un mismo mensaje: cuando el ser humano vuelve sinceramente su corazón hacia Dios, nunca queda abandonado.

Jerusalén llora… pero Dios no abandona a su pueblo

El Libro de las Lamentaciones nace después de uno de los momentos más dolorosos de la historia de Israel: la destrucción de Jerusalén en el año 587 antes de Cristo.

La ciudad santa ha sido devastada.

El Templo ha quedado reducido a escombros.

Las murallas han caído.

El pueblo ha sido llevado al destierro.

Todo parece perdido.

El autor contempla una ciudad silenciosa donde los ancianos permanecen sentados sobre la tierra y las madres lloran el sufrimiento de sus hijos.

No es solamente una tragedia política.

Es una profunda crisis espiritual.

Israel comprende que el pecado, la infidelidad y el alejamiento de Dios siempre terminan destruyendo aquello que parecía más sólido.

Sin embargo, el libro no termina en la desesperación.

En medio del dolor aparece una invitación que sigue siendo actual:

«Levanta tu corazón hacia el Señor.»

Esta es la verdadera medicina para toda crisis humana.

Cuando el hombre deja de mirar únicamente las ruinas y vuelve sus ojos hacia Dios, comienza ya la reconstrucción.

También nuestro mundo conoce muchas ruinas

No hace falta mirar únicamente la historia antigua.

También nuestro tiempo experimenta muchas formas de destrucción.

Hay familias heridas.

Jóvenes que han perdido el sentido de la vida.

Personas dominadas por la ansiedad.

Ancianos que viven en soledad.

Niños que crecen sin referentes.

Pueblos afectados por la violencia, las guerras y los desastres naturales.

Hace apenas unas horas hemos contemplado con profundo dolor las consecuencias de los fuertes terremotos que sacudieron diversas regiones de Venezuela. Muchas familias han perdido seres queridos, hogares o bienes materiales. Como Iglesia seguimos elevando nuestra oración por quienes sufren, agradeciendo también los innumerables gestos de solidaridad que han surgido desde tantos países, entre ellos Panamá, cuyo pueblo y autoridades han manifestado cercanía fraterna con la nación hermana.

La Palabra de Dios no ignora ese sufrimiento.

Lo ilumina.

Nos recuerda que incluso cuando todo parece derrumbarse, Dios continúa escribiendo la historia de la salvación.

Las ruinas nunca tienen la última palabra.

La extraordinaria fe de un hombre inesperado

El Evangelio nos presenta una escena sorprendente.

Quien da una gran lección de fe no es un discípulo judío.

Es un centurión romano.

Un extranjero.

Un oficial del ejército ocupante.

Un hombre que, humanamente hablando, parecía estar lejos de la fe de Israel.

Sin embargo, reconoce en Jesús una autoridad infinita.

No pide milagros espectaculares.

No exige pruebas.

No reclama privilegios.

Dice simplemente:

«Señor, no soy digno de que entres en mi casa; pero basta una palabra tuya para que mi criado quede sano.»

Esta frase ha quedado grabada para siempre en la liturgia de la Iglesia.

Cada vez que nos acercamos a recibir la Sagrada Comunión repetimos exactamente esas palabras.

No son una fórmula.

Son una profesión de fe.

Reconocemos nuestra pequeñez, pero al mismo tiempo confesamos que una sola palabra de Cristo basta para transformar completamente nuestra vida.

Jesús se deja sorprender por la fe

El Evangelio afirma algo extraordinario:

Jesús quedó admirado.

No muchas veces los Evangelios dicen que Cristo se maraville.

Aquí lo hace porque encuentra una fe sencilla, humilde y totalmente confiada.

El centurión comprende algo fundamental.

La autoridad de Jesús no depende de la cercanía física.

Su poder alcanza cualquier lugar.

Su palabra vence cualquier enfermedad.

Su gracia atraviesa toda distancia.

También hoy sucede lo mismo.

Cristo sigue actuando.

Sigue sanando corazones.

Sigue reconciliando familias.

Sigue levantando a quienes han caído.

Sigue devolviendo esperanza a quienes creen haber llegado al final del camino.

San Cirilo de Alejandría: custodio de la verdadera fe

Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Cirilo de Alejandría, uno de los grandes doctores de la Iglesia.

Vivió durante el siglo V y dedicó toda su vida a defender la verdad sobre Jesucristo frente a las herejías que ponían en peligro la fe cristiana.

En el Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431, defendió con firmeza que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre en una sola Persona, y por ello proclamó con claridad la maternidad divina de la Virgen María como Theotokos, es decir, Madre de Dios.

Gracias a su enseñanza comprendemos mejor que el Niño nacido en Belén no es solamente un hombre extraordinario.

Es el Hijo eterno de Dios hecho carne para salvar al mundo.

La fe del centurión encuentra precisamente aquí su fundamento.

No confía simplemente en un maestro.

Confía en el Señor de la vida.

Una palabra puede cambiarlo todo

Vivimos en una sociedad llena de palabras.

Mensajes.

Opiniones.

Noticias.

Promesas.

Pero pocas palabras tienen fuerza para transformar realmente la existencia.

La Palabra de Cristo sí.

Cuando Él dice:

"Levántate."

La vida vuelve.

Cuando dice:

"No tengas miedo."

Renace la esperanza.

Cuando dice:

"Tus pecados quedan perdonados."

El alma recupera la paz.

Cuando dice:

"Sígueme."

Toda una existencia adquiere un nuevo sentido.

Por eso el cristiano nunca vive sin esperanza.

Porque sabe que Cristo continúa hablando hoy mediante la Sagrada Escritura, los sacramentos, la Iglesia y la acción silenciosa del Espíritu Santo.

Caminemos hacia el futuro con esperanza

La liturgia de este sábado nos invita a mirar el futuro con serenidad.

Quizá existan heridas que todavía duelen.

Errores que lamentamos.

Sueños que parecen derrumbados.

Problemas familiares que parecen no tener solución.

Pero el Señor sigue pronunciando palabras de vida.

Basta una sola palabra suya para comenzar de nuevo.

Basta abrirle el corazón para descubrir que ninguna derrota es definitiva cuando Cristo camina con nosotros.

La esperanza cristiana nunca nace del optimismo humano.

Nace de la certeza de que Jesucristo ha vencido al pecado, al sufrimiento y a la muerte.

Por eso seguimos caminando con confianza.

El Señor no abandona jamás a quienes ponen toda su vida en sus manos.

Propósito para hoy

Antes de participar en la Eucaristía o durante un momento de oración, repetir lentamente tres veces las palabras del centurión:

«Señor, no soy digno de que entres en mi casa; pero basta una palabra tuya para sanarme.»

Luego, entregar al Señor una preocupación concreta —personal, familiar o comunitaria— confiando plenamente en que Él sigue obrando maravillas en la vida de quienes creen.

Que la intercesión de San Cirilo de Alejandría, defensor incansable de la verdadera fe, nos ayude a reconocer en Jesucristo al Hijo de Dios vivo, a escuchar con docilidad su Palabra y a caminar cada día con una esperanza firme, capaz de iluminar nuestro presente y abrirnos con alegría al futuro que Dios prepara para sus hijos.

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies